Carta a Mordisquito

In Discépolo, LAPA

Mordisquito:

Hoy te queremos hablar con todo el cariño, a ver si logramos hacer que comprendas algunas cosas que te habíamos tratado de explicar en el pasado y nunca quisiste entender.

Durante toda la campaña electoral y hasta bien entrado este 2016 (hasta hace pocos días, en realidad, puesto que estamos apenas empezando el mes de abril) estuvimos tratando de concienciarte respecto a los efectos de un gobierno neoliberal. Intentamos de todo con vos: apelamos a tu memoria de los años 1990 hasta el 2001, te mostramos los antecedentes de los tipos a los que votaste y hasta te dijimos que eran los mismos personajes, que estabas votando a la Alianza de Fernando De la Rúa. Lo único que faltó fue que te lo dibujáramos en acuarela, pero casi lo hicimos.

¿Y todo para qué? Solo para que nos contestaras despectivamente, llamándonos “kukas”, “choriplaneros” y otros nombres por el estilo, mientras nos acusabas de ser ñoquis y nos mandabas a agarrar una pala. Es decir, no solo no escuchaste el mensaje, sino que además mataste al mensajero. ¡Al mensajero, Mordisquito! Mataste con odio al que realmente le interesaba que vos supieras qué estaba pasando. Actuaste como el marido cornudo, que al sorprender a su pareja engañándolo con el amante en la cama va, saca la cama a la vereda y la prende fuego para dar por resuelto el problema. Y luego les ceba unos mates a la pareja y a su amante.

Te habíamos avisado reiteradas veces: aumentos brutales de precios y tarifas, despidos masivos en el sector público y también en el privado, endeudamiento feroz, destrucción de la industria nacional y del trabajo argentino, ninguneo de las paritarias, devaluación de la moneda y, en consecuencia, de los salarios, represión… te dijimos que todo esto iba a pasar y está pasando ahora mismo, a menos de cuatro meses de la asunción del candidato al que defendías de aquello que los medios llamaron “campaña del miedo” y vos compraste.

Lo que te queremos explicar no son los efectos del gobierno neoliberal, porque ya los ves y los sentís en carne propia. Desde enero estabas con dificultades para llegar a fin de mes y ahora, con el tarifazo quizá más brutal de la historia de nuestro país, no sabés si llegas a la quincena. Sí, Mordisqui, eso se traduce en comer día por medio, cosa que vos y yo conocimos muy bien no hace mucho.

No, no queremos más hablar de los efectos, ya son realidad. Queremos, eso sí, explicarte esto: fuiste un borrego. Sí, un manso cordero manipulado por los medios de comunicación. Te obnubilaste con los canales, radios y diarios de los que sacabas la “información” para hacerte el poronga en las discusiones. Te sentiste el avivado que se la sabe toda por haberlo escuchado en TN o en Radio Mitre, o por haberlo leído en algún titular de Clarín o La Nación mientras pasabas frente al puesto del canillita. Y con esa viveza que creías haber adquirido fuiste y votaste convencido al “cambio”. Esto fue lo que pasó.

Pero no estabas convencido, Mordisqui: te convencieron. No pensaste, sino que te pensaron, te manipularon como a un títere. Claro, no fue por falta de aviso, porque ahí estuvimos nosotros tratando de avisarte que te estaban conduciendo al matadero. ¿Y qué nos dijiste? “¡Kuka, vago! ¡Agarrá una pala! ¡Se terminó el curro!”. Y algo de esto es cierto, porque sí se terminó el curro, el tuyo. El curro de vivir con dignidad sin ser digno, el curro de tener sin merecer. El enorme y solemne curro de escupir y morder la mano que te daba de comer. Ese curro se te acabó, Mordisquito, pero no fue por falta de aviso.

Durante años te aconsejamos a creer en tus propios ojos antes de creer en los medios de comunicación. “Mirá la realidad”, te decíamos. “Mirala bien: paritarias, crecimiento, empleo, dignidad, comida sobre la mesa todos días, chicos estudiando…” y esa realidad no tenía nada que ver con el relato que te vendían los medios, pero vos elegiste esto último. Y acá está tu indignidad: la de renunciar a pensar y delegar tu pensamiento a otros de manera voluntaria. Siendo indigno vivías en un país digno, y eso era un curro. Un curro que se te acabó, porque ahora sos tan indigno como el país en el que vivís y que en cuatro meses se ha convertido en un puticlub de la mano de los canallas a los que votaste.

¿Qué queremos diciéndote todo esto? Que aprendas. No queremos que nos creas, ni que pienses o votes igual que nosotros. Solo queremos que pienses. Y que apagues un poco el televisor. Queremos que empieces a desconfiar de los medios de comunicación. ¿Y sabés por qué? Porque esos medios no son otra cosa que empresas privadas, algunas de ellas enormes, verdaderas corporaciones. Y, como te dijimos durante años y años sin que nos dieras bolilla, ninguna empresa informa sobre aquello que no le conviene al dueño de la empresa. ¿Alguna vez viste un supermercado que les avisara a sus clientes que en su depósito hay ratas? ¿O a un vendedor de autos usados difundir la noticia de que debajo del capó hay un montón de problemitas que no podés ver? No, Mordisqui, la empresa hace negocios y los medios son empresas. Los medios no dan información: reproducen ideología, que es la ideología de sus dueños. Y ocultan todo aquello que sea contradictorio con esa ideología.

Los medios son empresas y como tal quieren hacer negocio. Nada más claro y fácil de entender que esto. Pero vos los escuchas como quien escucha la verdad revelada. Es noticia, tiene que ser verdad. Verdad absoluta de la que ni siquiera sospechas.

Para finalizar, te vamos a pedir un favor: mañana, cuando caigas por fin en cuenta de que no das más y salgas a cacerolear, no vayas a Plaza de Mayo. No rodees la Casa Rosada porque allí no está el que te estafó. En todo caso, allí está el instrumento de la estafa. Andá a la puerta de los canales de televisión, de las radios y de los diarios. Andá a preguntarles a los “periodistas” (que en realidad son operadores a sueldo del dueño de la empresa) por qué resultó todo muy distinto a los que ellos te vendieron como la panacea universal. El único problema es que quizá no encuentres a ninguno de esos muchachos, porque viven en lujosos countries, viajan en autos blindados y con custodia. Y todo eso se lo pagaste vos, Mordisquito, porque consumiste el humo que ellos vendían.

La culpa de tu desgracia también es tuya, hacete cargo. El “yo no lo voté” no va más, porque hoy están las redes sociales y sabemos que lo votaste y que repetiste como un loro la letra de los medios de comunicación privados y dominantes. Hasta ahora fuiste víctima de una estafa, es cierto, pero algo de complicidad tuviste.

¿Vas a querer seguir siendo cómplice o me vas dar un poco de bola?

Espero que optes por lo segundo, para que estemos mejor.

Con mucho cariño me despido,

Tu Conciencia Nacional

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