¿Qué pasa en Venezuela?

In Gramsci, Patria Grande

¿Te encuentras presionado por tus contactos de Facebook/Twitter por reivindicar la Revolución Bolivariana, que tiene presos políticos y, según los medios, “está reprimiendo a diestra y siniestra” como una verdadera dictadura estalinista? ¿Te han corrido por izquierda incluso aquellos familiares tuyos más gorilas? ¿No sabés qué contestarles?

Seguramente te ha tocado más de una vez ser atacado en reuniones sociales por gente “apolítica” muy preocupada por la “libertad de expresión” y los “derechos humanos” cuando gobierna la izquierda, pero que de súbito pierde los papeles cuando la derecha gobierna. De Milagro Sala no se acuerdan, pero te hacen un escándalo por Leopoldo López, un asesino.

Todo esto es muy normal y nos suele suceder seguido a los militantes populares. El problema es que no siempre tenemos la respuesta adecuada, ese argumento justo y preciso, tan necesario para rebatir las críticas y defender nuestra posición. ¿Qué hacer entonces?

¡A no desesperarse! Sólo hay que preguntarle a quién sabe del tema y todos tus problemas se resolverán como por arte de magia.

Entonces, ¿quién podrá sacarnos de la aparente contradicción que supone condenar las dictaduras fascistas de los Franco, de los Videla y de los Pinochet, pero no la “dictadura” que nosotros consideramos revolución? Pues nadie menos que el más nacional y popular de los revolucionarios, ¡el compañero compañero Antonio Gramsci!

En tan solo unos párrafos, Gramsci [con los comentarios de La Batalla Cultural en negritas y entre corchetes] te da la letra que necesitas para rebatir las acusaciones de la derecha y quedar como un campeón en todos los asados familiares. ¿No lo crees? Aquí está la prueba:

“Es difícil pensar que un partido político cualquiera (de los grupos dominantes pero también de los grupos subalternos) [es decir, ya sea de la derecha o de la izquierda] no cumpla asimismo una función de policía, vale decir, de tutela de un cierto orden político y legal. [La estabilidad de quien esté gobernando es ese orden] (…) El partido considerado, [cuando tiene la manija en el Estado], ¿ejerce su función de policía para conservar un orden exterior, extrínseco, un orden obstaculizador de las fuerzas vivas de la historia [verbigracia: los gobiernos de la derecha liberal que mantienen a su propio país bajo la opresión imperialista], o la ejerce en el sentido que tiende a conducir al pueblo a un nuevo nivel de civilización del cual el orden político y legal es una expresión programática? [verbigracia: el orden político y legal de Venezuela en la actualidad, que lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional] En efecto, una ley encuentra quienes la infringen:

  • Entre los elementos sociales reaccionarios que la ley ha desposeído [es decir, las viejas oligarquías cipayas que hacían de la venta de su país un negocio]
  • Entre los elementos progresistas que la ley oprime [cuando, por el contrario, se trata de una ley reaccionaria, diseñada y puesta en práctica por el establishment]
  • Entre los elementos que no alcanzaron el nivel de civilización que la ley puede representar [en otras palabras, individuos de las clases medias e incluso de las clases populares que no comprenden de qué viene la cosa y/o se encuentran mentalmente colonizados o dominados por los medios de comunicación del establishment y terminan, por ejemplo, apoyando fuerzas políticas de oligarquía, como hicieron en Argentina los porteños que marcharon con los terratenientes en el 2008].

“La función de policía de un partido puede ser, por consiguiente, progresista o regresiva [reaccionaria o revolucionaria]; es progresista cuando tiende a mantener en la órbita de la legalidad a las fuerzas reaccionarias desposeídas y elevar al nivel de la nueva legalidad a las masas atrasadas [aquí Gramsci prevé la actual situación del PSUV, partido gobernante en Venezuela, que defiende el orden democrático “reprimiendo” a los reaccionarios que pretenden realizar un golpe de Estado con el apoyo de los Estados Unidos, el imperio, mientras eleva la conciencia de las masas para que comprendan la necesidad de sostener el orden democrático]. Es regresiva cuando tiende a oprimir las fuerzas vivas de la historia y a mantener una legalidad superada, antihistórica, transformada en extrínseca [en nuestro caso, las dictaduras promovidas por el imperialismo estadounidense en América Latina en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, como las de Pinochet, de Videla, de Stroessner y de otros, que actuaban en el sentido de evitar la liberación de las naciones latinoamericanas y de preservar, por lo tanto, la dominación foránea sobre sus propios países].”

Antonio Gramsci: Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno. Ediciones Nueva Visión, Madrid (1949), pp. 35-36.

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