Haymarket vive

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Conmemoramos en el día de hoy otro Día Internacional de los Trabajadores, sin que la importancia de esta fecha sea aún comprendida en toda su profundidad por la clase trabajadora ni por las clases populares en general.

En un contexto de absoluta polarización entre capital y trabajo, en el inicio de la industrialización masiva de los Estados Unidos, los obreros se organizaban para la lucha en Chicago por la implementación efectiva del régimen de 8 horas diarias de trabajo, algo que ya se había acordado y que pocos meses antes se había convertido en ley. La huelga —y su respectiva represión— no se hicieron esperar. Tres días más tarde, en la Plaza Haymarket, un policía resultaría muerto y otros tantos heridos. Por esto habrían de pagar los más notorios líderes obreros: Parsons, Engel, Fischer, Spies (ahorcados), Lingg (se suicidó para eludir la ejecución), Schwab, Neebe y Fielden (encarcelados). Sus nombres quedaron grabados a fuego en la memoria de todo el pueblo.

José Martí, quién fue testigo de la ejecución de estos héroes como periodista corresponsal en Chicago, nos dejó el siguiente relato:

“(…) Salen de sus celdas. Se dan la mano y sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas, les ciñen los brazos al cuerpo con una cinta de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en una hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro. Hay plegaria en el rostro de Spies, firmeza en el de Fischer, orgullo en el del Parsons; Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: ‘la voz que quieren sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora’. Los encapuchan, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos cuelgan y se balancean en una danza espantosa”.

Por su parte, décadas más tarde, Rodolfo Walsh diría que:

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

La lucha continúa y es continuación de las luchas del pasado, los Mártires de Chicago son nuestros, su lucha es nuestra lucha. Son nuestros héroes y no vamos a olvidarlos. No habrá olvido para los Mártires de Chicago.

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