Atención: esto no es como la gilada “piensa” que es

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Una de las estrategias de comunicación más utilizadas por el duranbarbismo gobernante es lo que en la jerga técnica se suele denominar factoide. ¿De qué se trata? De algo que se parece a un hecho, sin llegar a serlo. El objetivo, como siempre, es meter confusión y evitar el debate abierto sobre la política real, que son los hechos.

El factoide se parece a lo que hoy llamamos posverdad, pero es más específico y brutal, porque la verdad no aparece en el tiempo. El factoide se instala y allí queda, colonizando las conciencias de las grandes mayorías. Sí, el factoide es un arma de manipulación y de destrucción masiva de cerebros que la derecha viene utilizando más o menos desde que vino Hernandarias.

El factoide del momento es comparar a Santiago Maldonado con Julio López. Así de simple y simiesco, es decir, el actual gobierno neoliberal no estaría haciendo nada extraordinario al desaparecer a Santiago Maldonado, puesto que el gobierno popular anterior hizo lo propio con Julio López. He ahí el delirio que esgrimen hoy en las redes sociales los que a cualquier precio quieren justificar el modus operandi fascista que el gobierno de las corporaciones calca del llamado Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura que tuvo lugar entre 1976 y 1983: “chupar” opositores, torturalos, matarlos y finalmente ocultar sus cadáveres. “Si el kirchnerismo también lo hizo con Julio López”, argumenta el gorilaje delirante, “entonces está bien que el macrismo lo haga con Santiago Maldonado. Al fin y al cabo, son todos iguales”.

El razonamiento de los monos

Pero no, no es así. Hay algunas diferencias escandalosas entre los casos de López y Maldonado. En primer lugar, Julio López denunciaba el terrorismo de Estado que el propio gobierno popular estaba llevando a juicio. En otras palabras, López no denunciaba al kirchnerismo, sino a los mismos que el kirchnerismo trataba de juzgar y condenar por delitos de lesa humanidad. Y finalmente fueron ellos mismos —los genocidas que el gobierno popular perseguía— los que hicieron desaparecer a Julio López.

En el caso de Santiago Maldonado la cosa es al revés. Lo que Maldonado hacía iba en contra de los intereses del poder político de turno, y ese poder fue el que lo hizo desaparecer. No que el actual gobierno neoliberal haya estado tratando de cuidar a Santiago Maldonado, sino todo lo opuesto: lo quería desaparecido y así fue. En síntesis, es todo al revés de lo que los medios de difusión del poder quieren hacer creer y repiten los monos y loros de esos medios entre nosotros.

La verdad es que Santiago Maldonado y Julio López tienen algo en común, y es que son desaparecidos por las mismas manos. Los que en su momento “chuparon” a López para que no siguiera dando testimonio contra los genocidas de la dictadura de los años 1970 y 1980 son lo que hoy hacen desaparecer a Maldonado. La diferencia es que en el 2006 eran oposición y actuaban con grupos paramilitares; ahora gobiernan y tienen a su disposición las fuerzas armadas y del orden del Estado para borrar del mapa a los que no les convengan.

Eso se llama terrorismo de Estado. Y estamos todos en peligro. ¿Dónde están Julio López y Santiago Maldonado? Solo la derecha argentina lo sabe, porque en este país son siempre los mismos al comienzo y al final del cuento.

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