¿Qué es el sentido común?

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El sentido común es el enemigo del buen sentido, de la reflexión y del pensamiento. Y es, por lo tanto, enemigo de la verdad. Si bien a veces ocurre que en el sentido común se expresan algunas partes de la verdad, eso no es lo usual.

El sentido común es autodefinido: no es otra cosa que eso, el sentido para el que va el común, la dirección que la mayoría toma sin pensarlo dos veces. Una mano anónima escribiera en un muro, que es el periódico de los pueblos: “Un millón de moscas no pueden estar equivocadas. Coma mierda”. Claro, ese es el sentido común de las moscas. ¿Pero muy distinto será el sentido común de los humanos en sociedad?

Ya veremos que no. Y para verlo, descubriremos que el sentido común no es natural, no es una fuerza de la naturaleza como la que conduce las moscas a la mierda. Que el sentido común es digitado, aunque también —al igual que con las moscas— invita a comer mierda.

La contradicción permanente

Sí, el sentido común es digitado, es colonizado por alguien. La cuestión de saber por quién o quiénes y para qué se resuelve de la siguiente manera: por el que posee y explota las moscas y para que esas moscas sigan comiendo mierda.

En una palabra, existe un poder con la capacidad de dictar lo que “piensa” la mayoría. Y desde ese lugar de poder dicta nomás, digita la “verdad” que vamos a repetir los más sin mediar ninguna reflexión al respecto. Ese poder hoy es el poder del dinero en las corporaciones multinacionales y su herramienta para digitar el sentido común y generalizar sus ideas son los mal llamados medios de comunicación, que no comunican nada y tan solo difunden la ideología de sus propietarios.

De esa ideología resulta que los subalternos —la mayoría, nosotros mismos— debemos comer mierda. Entonces los medios de difusión nos dan mierda.

¿Cómo vender mierda?

La regla de oro del mercantilismo es que todo lo que existe puede venderse. Para ello, solo se requiere de convencer al comprador de la necesidad de la compra. En otras palabras, si el que tiene que comprar cree necesitar el objeto en venta, entonces el objeto ya está vendido.

El que vende, por lo tanto, debe generar la demanda, debe convencer a los compradores de que necesitan comprar, en este caso, mierda.

Y no hay nadie en el mundo mejor capacitado para vender la necesidad de comprar mierda que la misma mierda. ¿Quién puede venderse a sí mismo mejor que uno mismo?

Aparecen finalmente los operadores en la colonización del sentido común, los encargados de poner la cara y hacer el trabajo que el discreto dominante no quiere hacer, que es precisamente vender(se) la mierda para el consumo de un millón de moscas del sentido común.

Así es como nos quedamos clavados con las Mirtha Legrand, los Cacho Castaña y demás mierdas, y no logramos salir de ahí. Sentimos la necesidad de hablar de ellos, necesitamos decir algo aunque más no sea para putearlos cuando dicen lo que pretenden instalar e instalan en el sentido común de las mayorías. Son nuestros referentes, nos han educado para referenciarnos en la misma mierda.

El sentido común es más fuerte que el consenso y está en la base del concepto de hegemonía. Aunque no lo queramos, vamos a participar una y otra vez del sentido común. Siempre ha sido así y lo que hay que atacar es la raíz del problema: hay que desalojar al poderoso del lugar de poder que permite definir nuestra escala de valores y nuestras necesidades. Las tenemos que empezar a definir nosotros mismos mediante la socialización de los medios de difusión, para que sean de comunicación y nos comuniquen.

Mientras no lo logremos, vamos a seguir escuchando al taxista que festeja un “si la violación es inevitable, hay que relajar y gozar” y al carnicero que afirma con mucha convicción la independencia de los tres poderes formales del Estado para, a renglón seguido, decir que “Cristina no va en cana porque Macri no quiere”.

Eso es sentido común, eso es lo que dice la “gente en la calle” ahora mismo.

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