Noche de domingo de carnaval en Río de Janeiro, lo que en sí ya es algo extraordinario. Los que hayamos tenido la oportunidad de estar allí para presenciar el espectáculo popular más importante de la tierra sabemos que los carnavales en el Sambódromo son una cosa extraordinaria, aunque ocurran todos los años de manera ordinaria.

Ahora bien, lo más extraordinario de anoche viene de la mano de la agrupación Paraíso do Tuiuti ―en rigor y en las categorías propias de la cultura de Brasil, una escuela de samba― y de las Organizaciones Globo, un grupo mediático hegemónico y corporativo. Para empezar a relatar lo extraordinario de la situación, es necesario describir primero a los protagonistas.

Y el primer protagonista fue esa escuela de samba, que se atrevió a caracterizar en su presentación la actual situación política y social de Brasil. Lo hizo afrontando mucho riesgo, por supuesto, ya que los desfiles de corsos en Río de Janeiro son “por los porotos”: un jurado evalúa cada corso y le asigna notas del 9 al 10 que van a determinar quién será el campeón del año y qué agrupaciones se irán a descenso. Como en el fútbol.

Trabajadores representados como esclavos para simbolizar la reforma laboral que impulsan el gobierno neoliberal y las corporaciones golpistas en Brasil

¿Qué hizo la agrupación Paraíso do Tuiuti? Pues se jugó la ropa. Politizó su presentación con una crítica al golpe institucional en Brasil y a la manipulación de los medios a una parte de la sociedad. Paraíso do Tuiuti se atrevió a desafiar al poder real. Pero que hayan caracterizado a Michel Miguel, que es de Temer, como un vampiro, vaya y pase. Eso no molesta. Lo que molesta es que hayan hablado de lo segundo, de la manipulación mediática de las conciencias. He ahí lo que realmente molesta al poderoso, porque pone en tela de juicio el poder económico, que es el poder real.

La caracterización del presidente ilegítimo de Brasil, Michel Temer, como un vampiro adornado con dólares

¿Por qué? Porque los carnavales de Río de Janeiro están, en la práctica, privatizados. Tienen un dueño, el Grupo Globo, que detenta los derechos de transmisión de esos carnavales por una millonada. ¿Y qué hicieron los comentaristas en vivo del canal Globo ante la actitud de Paraíso de Tuiuti? Lo de siempre, invisibilizaron todo. Mostraron las imágenes, sí, porque no quedaba otra que mostrarlas; pero se hicieron los boludos ante lo que debieron comentar, como diríamos en el barrio.

Carnaval por televisión

Como es de imaginarse, la inmensa mayoría de los brasileros no puede acceder a los carnavales de Río de Janeiro. Los que viven en esa ciudad, por no poder pagar la entrada al Sambódromo; los que viven en otras partes del enorme país, porque viven lejos. Lo cierto es que esa mayoría lo mira por TV, literalmente. Y lo mira por el canal Globo, que tiene privatizados los derechos de transmisión en exclusividad hace ya varias décadas.

Entonces los desfiles de las agrupaciones se transmiten para el público en general como los partidos de fútbol: mientras se juega abajo, arriba en las cabinas de televisión hay relatores y comentaristas haciendo eso, relatando y comentando lo que el televidente ya está viendo en la pantalla.

Más manifestantes manipulados por el poder. Cacerola en mano y con nariz de payaso, vienen montados en patos amarillos que simbolizan una célebre campaña de la burguesía paulista para desgastar al gobierno de los trabajadores de Dilma Rousseff

Como regla general, el trabajo del comentarista y del relator de carnavales ―trabajo que por lo demás se da una vez al año― consiste en contextualizar las referencias que cada escuela de samba hace en sus representaciones. Así, si una escuela de samba presentara la imagen de un determinado animal, el relator y el comentarista deberían explicar la referencia de ese animal a la cultura, es decir, tendrían que explicar qué demonios hace ese animalito allí, en el contexto de la historia que la escuela de samba pretende contar.

Y no piense el atento lector que la interpretación que deben hacer relator y comentarista está librada a su propio criterio: cada escuela de samba entrega de antemano la sinopsis de cada uno de los elementos en desfile, para que la televisión sepa explicarles bien de qué se trata a los que no están en el Sambódromo que, como decíamos, son casi todos los brasileros.

El obrero y su maltratada libreta de trabajo: víctimas del neoliberalismo empujadas a la miseria

Entonces cuando Paraíso do Tuiuti puso a desfilar las representaciones de caceroleros manipulados por una mano gigante, cual títeres, los comentaristas y relatores del canal Globo sabían que esa era una referencia a la manipulación que el canal Globo hizo de esos caceroleros para llevar a cabo el golpe institucional neoliberal contra el gobierno popular de Dilma Rousseff. Estaba informado así en la sinopsis que entregó Paraíso do Tuiuti, por reglamento, semanas antes de la presentación. Cuando los personajes aparecían caracterizados como esclavos o trabajadores con su maltratada libreta de trabajo (que es la garantía de sus derechos laborales), los comentaristas y relatores del canal Globo sabían ya que allí había una clara referencia a la reforma laboral que el Grupo Globo quiere y es una de las razones por las que el mismo Grupo Globo impulsó el golpe de Estado contra Dilma Rousseff.

¿Qué hacer? Si uno es relator y comentarista del canal Globo, ¿qué hace ante una denuncia contra el canal Globo? Pero no hubo dilema: en posesión de la sinopsis con anterioridad, los directivos del canal dieron la orden de simplemente no relatar ni comentar lo que se veía en pantalla. Así, millones de brasileros vieron el gol por televisión, pero no escucharon el grito de gol. Vieron cómo su realidad era descrita artísticamente por una escuela de samba, pero no había comentarista ni relator que la contara. Solo un patético silencio, cortes de cámara y micrófonos silenciados.

La maltratada y desgastada libreta de trabajo de los brasileros, símbolo de la reforma laboral que destruye sus derechos históricos

Paraíso do Tuiuti corre un enorme riesgo y puede descender a la B del carnaval carioca el miércoles, cuando se abran los sobres con las notas de los jurados y se cuenten los porotos. El poder económico suele ser vengativo y normalmente no acepta que le mojen la oreja. Y nosotros, que también lo hemos mirado por TV, quedamos con la certeza de siempre: el problema no es la realidad, es que nos la quieren contar. Siempre hay relatores y comentaristas mediando entre nosotros y lo que nosotros vemos. Ellos son los dueños de la verdad.