Al cumplirse el quinto aniversario del paso a la historia de Hugo Chávez, es hora de entender un poco más del hombre más allá del mito, del dirigente político que con genialidad y coherencia transformó su país y lo puso en el mapa de la geopolítica sin perder el norte, que es el sur, ni dejar caer la bandera de los condenados de la tierra.

Porque para entender a Chávez es necesario hacer un repaso de los amigos de Chávez, es decir, de todos aquellos que marcharon junto a él y en qué medida las causas particulares de cada uno de los pueblos cuyos intereses se representan en esas causas confluyen finalmente en esta enorme síntesis de lo humano que es Hugo Chávez.

Ya habrá ocasión para hablar también de los enemigos de Chávez, por supuesto, entre los que podremos poner al mismo diablo, que deja olor a azufre por donde pasa. También en la lista de enemigos están un rey cazador de elefantes y encubridor de fascistas y un sinnúmero de neoliberales, asesinos y genocidas que no pretendemos enumerar en detalle aquí.

Estamos para hablar de los amigos de Chávez y allá vamos, a ver de qué estaba hecho el titán de América.

Palestina

Pocos dirigentes latinoamericanos, aun los más progresistas, tienen el coraje de abrazar la causa del pueblo palestino. Y es que, al hacerlo, automáticamente se consigue un enemigo muy pesado: el sionismo de Israel, que tiene en sus manos nada menos que el aparato militar de los Estados Unidos. No es secreto para nadie que en Washington el lobby sionista es muy influyente y que el propio Estado de Israel puede seguir existiendo y llevando a cabo un genocidio en Medio Oriente con absoluta impunidad porque cuenta con el respaldo de la primera potencia económica y militar del planeta.

Chávez con Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Nacional Palestina: el permanente desafío a Israel y a Estados Unidos, con el coraje de siempre.

Pero Chávez no temía al imperialismo, sino todo lo contrario. Denunció en la misma ONU a George Bush por ser el diablo, como veíamos; cruzó en innumerables ocasiones a Barack Obama —en una de ellas, “sugiriéndole” que lea Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano— y llegó hasta los límites de la tensión diplomática y militar con los Estados Unidos varias veces, como cuando expulsó al embajador yanqui en Caracas a modo de protesta por la expulsión del embajador de Bolivia por parte de Washington.

Al no temer al imperialismo yanqui, Chávez tampoco temía al sionismo israelí. Y en consecuencia apoyaba abiertamente la causa palestina y no solo con palabras. La ayuda económica de Venezuela al pueblo palestino fue reiterada, desafiando los embargos que Israel impone sobre Palestina al ocupar ilegalmente esos territorios. Hugo Chávez se convirtió en un verdadero héroe en Palestina y es allí donde mejor lo recuerdan a cada aniversario de su siembra.

Irán

Acá sí que las papas queman. Si bien algunos se animan a decir que no es justo lo que hace Israel en Gaza y hasta ensayan un apoyo medio encubierto a Palestina, no hay en América Latina un solo dirigente relevante que se atreva a decir una palabra en favor de Irán. Y Chávez no solo lo hizo, sino que además entabló una enorme amistad con Mahmud Ahmadinejad, formando una alianza de paz y hermandad entre Venezuela e Irán mucho más allá de las relaciones comerciales entre las dos naciones.

Mahmud Ahmadinejad se expuso a una situación incómoda en su país al dejarse fotografiar haciendo dos cosas que el varón iraní tiene culturalmente prohibidas: llorar y abrazarse con una mujer en público. Aquí, consolando y siendo consolado por la madre de Hugo Chávez, Elena Frías, tamaña era la congoja de ambos.

Chávez denunció duramente y en varias ocasiones a los Estados Unidos por sus intentos de intervenir y desestabilizar a Irán, recibió y fue a visitar a Ahmadinejad muchas veces y siempre con demostraciones públicas de afecto inusuales entre jefes de Estado. En las exequias de Chávez, Ahmadinejad hizo la guardia de honor del féretro junto a Aleksandr Lukashenko (otro paria, del que hablaremos más adelante) y fue fotografiado haciendo dos cosas que el varón iraní jamás debe hacer en público: llorar y abrazarse con una mujer: la imagen de Ahmadinejad con Elena Frías, la madre de Chávez, dio vuelta al mundo y no fue bien recibida por el socialmente conservador Irán. Pero a Ahmadinejad eso no le importó, tamaña era su amistad con Hugo Chávez.

Bielorrusia

Este desconocido país de Europa oriental es en sí un capítulo aparte en la historia. Al derrumbarse la Unión Soviética, Bielorrusia fue el único Estado que mantuvo el sistema socialista y siguió llamándose soviético, contrario a la tendencia liberal que barrió toda la región según la voluntad de Estados Unidos y las corporaciones multinacionales. Y el artífice de dicha hazaña es Aleksandr Lukashenko, un militante socialista que supo mantener el rumbo y atravesó toda la década neoliberal de los años 1990 y buena parte de los 2000 sin inmutarse. La estrella roja del socialismo soviético sigue predominando en el emblema nacional del Bielorrusia a casi tres décadas de la disolución del campo socialista, y eso no es moco de pavo.

Como es de suponerse, Lukashenko no es un tipo muy querido en Europa y por Occidente en general. Al plantarse y al no aceptar el retroceso neoliberal impuesto por la OTAN, fue puesto en la condición de paria y sufrió toda suerte de sabotajes e intentos de desestabilización en una época en que nadie, ni siquiera Rusia, que estaba en manos del neoliberal Boris Yeltsin, lo bancaba. Y se la bancó solo, hasta que llegó Chávez.

Mahmud Ahmadinejad y Aleksandr Lukashenko, junto a su hijo, realizando la guardia de honor al féretro de Chávez: todos los parias del mundo unidos por el amor.

A poco de andar la Revolución bolivariana, Chávez fue a brindarle apoyo a Lukashenko y a decirle claramente que ya no estaba solo. Lukashenko había aguantado los trapos y ahora Chávez venía con la buena noticia: el socialismo en el mundo volvía a ser una realidad. La tradición socialista de las exequias al líder incluye la guardia de honor prolongada junto al féretro y allí estuvo Lukashenko para despedir a Hugo Chávez, parado junto a su hijo y dando muestra de su lealtad al amigo que desafió la voluntad de todo Occidente en un momento muy difícil para Bielorrusia.

Cuba

Esto es llover sobre mojado: después de la Unión Soviética, no hubo en la historia mejor amigo de la Revolución cubana que Venezuela con Hugo Chávez. Y las razones son obvias: en la opinión de Chávez (y en la nuestra), las revoluciones de Cuba y Venezuela son una continuidad histórica en la revolución general de los pueblos de América Latina.

Fidel vio en Chávez, ya en 1994, la continuidad de la Revolución. Y no se equivocó, por eso de que Fidel no se equivocaba en el análisis de la realidad.

Fidel tuvo la desgracia personal de sobrevivir al amigo Hugo Chávez. La relación entre ambos fue de amor y empezó mucho antes de que Chávez llegara a triunfar con la revolución en Venezuela: Fidel lo recibió en La Habana en 1994 como si se tratara de un jefe de Estado y el encuentro fue organizado por Nicolás Maduro, quien entonces era un líder sindical y el enlace del Movimiento Revolucionario Bolivariano con Cuba. De allí en más Chávez se pondría al hombro la tarea de continuar la gesta de Fidel, tarea que finalmente cumplió con creces.

Rusia

Cuando todavía no estaba de moda abrazarse con Vladimir Putin, Chávez ya tenía esa costumbre. Las relaciones de Rusia y Venezuela, en tanto ambos países son opositores a la dictadura universal del imperialismo occidental, fueron siempre sólidas y teñidas por la amistad.

Durante el incidente de expulsión de embajadores del que habíamos hablado anteriormente y ante una amenaza de invasión militar a Venezuela por parte del gobierno de Estados Unidos, Putin envió rápidamente aviones de caza a custodiar el espacio aéreo venezolano. Ese hecho fue públicamente conocido gracias a que el propio Hugo Chávez, en el célebre discurso de Carabobo en el que manda “al carajo a los yanquis de mierda”, porque allí había “un pueblo digno”, dice que “ya llegaron dos avioncitos rusos, pero otros vienen por ahí; estos son un adelanto nada más, y cuando llegue la flota rusa, que viene para acá, se van a volver locos”.

Putin y Chávez, dos fantásticos del antimperialismo y de la política en general, que se reconocieron de entrada y aunaron esfuerzos para derrotar a la bestia yanqui.

Hasta el día de hoy Rusia sigue custodiando la soberanía de Venezuela e impidiendo una invasión yanqui, que siempre parece ser inminente. Vladimir Putin fue agasajado por Nicolás Maduro con el Premio Hugo Chávez a la Paz, también por su rol protagónico en la guerra de Siria y por ser un líder mundial de la paz. Y además un gran amigo de Hugo Chávez.

Siria

Otra amistad en la que las papas suelen quemar. Víctima de una sistemática campaña de Occidente para desestabilizarlo, Bashar Al-Assad sigue bancando la parada en Siria, pese a que los yanquis no comprenden cómo puede soportar tantas bombas y tanto terrorista disfrazado de “rebelde”. Y por allí también pasó Chávez a ofrecer su amistad y su apoyo a Al-Assad y a todo el valiente pueblo sirio.

Hugo Chávez con Bashar Al-Assad: el encuentro simbólico y frecuente de los condenados de la tierra que piden liberación.

No es extraño, sin embargo, que esa amistad exista. Entre las coyunturas de Siria y Venezuela no hay muchas diferencias significativas: ambos países luchan por su liberación y por derrotar al imperialismo occidental, por lograr su soberanía efectiva. Estados Unidos sigue intentando crear en Venezuela un escenario similar al de Siria con “rebeldes” armados que desconozcan al gobierno y empiecen una farsa de guerra civil. En Siria lo están logrando y el gobierno socialista del partido Baath aún no pudo derrotar a los títeres yanquis en su territorio; sobre el gobierno socialista del PSUV pesa la amenaza y el ejemplo sirio del proyecto que Estados Unidos tiene para Venezuela. La amistad entre Chávez y Al -Assad, por lo tanto, es lógica. Así somos los condenados de la tierra, como diría Frantz Fanon.

El pueblo de Estados Unidos

Venezuela ha dado apoyo económico a muchos países del mundo, incluso a algunos insospechados. Entre los beneficiados está también la primera potencia económica del mundo. Sí, también a los Estados Unidos llegó la solidaridad socialista de Hugo Chávez, aunque usted no lo crea.

En el año 2005 Hugo Chávez viajó a Nueva York a participar de la mítica asamblea de las Naciones Unidas en la que rebautizó a George Bush como el diablo. Una mañana, Chávez abandonó el hotel donde se hospedaba la comitiva venezolana y encaró hacia el Bronx, el condado más marginal de la ciudad de Nueva York, donde vive una mayoría de negros y latinos y el 38% de la población está por debajo de la línea de pobreza. En una palabra, un montón de gente que en sentido figurado se muere de hambre dentro de una panadería.

Chávez estuvo todo el día con esos negros y esos latinos olvidados por Estados Unidos. Cantó y bailó con ellos, los empoderó con su palabra. Conversando con la gente, Chávez se enteró de que allí se morían de frío en invierno porque los costos de calefacción eran demasiado altos y no podían pagarlos. Solo en el año 2012, hubo 24.000 muertos de frío que no tenían para pagar la factura de gas.

En agradecimiento a Hugo Chávez, el pueblo del Bronx pinta este mural en las calles de Nueva York. No hay fronteras para la solidaridad socialista y el gobierno de Estados Unidos tuvo que aprender la lección de la peor manera, con Chávez aclamado y reconocido en su ciudad más importante.

Al terminar el día, Chávez se fue del Bronx, pero no sin antes dejar el testimonio de su solidaridad socialista con los pueblos: a partir de allí, Venezuela enviaría 100 galones de gasoil por familia para calefaccionar los hogares de bajos recursos. Y no fue solo una promesa, porque desde entonces empezó a llegar ese combustible y actualmente la ayuda llega no solo al Bronx, sino a 25 estados de la federación yanqui, a 252 comunidades originarias y 245 refugios para los llamados homeless que el capitalismo occidental vomita sin asco.

En Washington lo deben odiar a Chávez y efectivamente lo odian, quieren hacer humo de la Revolución bolivariana. Pero, como se ve, la opinión del gobierno estadounidense no es compartida por el pueblo estadounidense, precisamente porque ese gobierno de las corporaciones jamás representó al pueblo como sí ocurre con el socialismo venezolano, que es amigo del pueblo venezolano y de todos los pueblos del mundo. Hugo Chávez tuvo muchos amigos y dejó un legado indeleble en la historia de la humanidad. Llevó la solidaridad y el amor allí donde solo había muerte y destrucción. Hugo Chávez es el socialismo representado en un hombre, un hombre enorme, con talla de titán. Hugo Chávez es el hombre nuevo del que hablaba el Che. Y el hombre nuevo, como ya sabemos, nunca muere. Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos. Y a partir de este momento, diría Ali Primera, es prohibido llorarlos. Solo hay que militarlos.

Hasta la victoria siempre, Comandante. Aquí estamos tus amigos.