Decir solo “día de la mujer” es una acotación que oculta el carácter de lucha y reflexión de la fecha que celebramos cada 8 de marzo. ¿Por qué?

No celebramos el día de la mujer, a secas, este 8 de marzo. Cada 8 de marzo celebramos el Día internacional de la mujer trabajadora, un día de reflexión sobre la desigualdad de género que aun en nuestros tiempos está vigente y es una amenaza a la integridad de mujeres en todo el mundo.

Las mujeres no pueden querer flores este 8 de marzo: no se trata de otra fecha comercial, como tantas; no es cuestión aquí de regalar nada, sino de restituir el respeto y la igualdad que jamás debieron haberse perdido. No es el día de la muñeca, es el día de la mujer trabajadora.

¿Y por qué es de la mujer trabajadora y no de la burguesa o de la mujer oligarca? Porque surge a partir de la lucha de mujeres de clase popular que peleaban por la igualdad de género en sus lugares de trabajo y termina de consolidarse tras el incendio en una fábrica de confección de camisas en EE.UU., desastre en el que perdieron la vida 123 trabajadoras.

El Día internacional de la mujer trabajadora no es un festivo. No fue creado para festejar la sumisión, la belleza física, la amabilidad ni lo sexy. Se establece este día para recordar a las compañeras caídas en la lucha y para homenajear a la más bonita de las mujeres: la que lucha.

La que lucha no puede querer flores ni chocolates una vez al año; solo puede querer la igualdad y el respeto permanentes, hoy y siempre.

Y aquí un videito de cuando todavía teníamos un país: