(Por Carlos Balmaceda)

Señora Elisa Carrió
Su despacho
Presente.

He leído sus declaraciones dichas en el canal Todo Noticias, y de inmediato, al estupor por la irresponsabilidad de sus dichos, le siguió la indignación por la mentira.

Usted afirmó, en referencia a los que convocaron a la movilización del 25 de mayo contra el FMI que “a la Patria la quisieron matar ustedes, con la complicidad de actores, intelectuales y artistas”.

Como partícipe de la marcha, como dramaturgo y periodista, la ofensa me incluye, como humorista alguna vez contratado por el Ministerio de Cultura, afirmar “cobraban mucho dinero del gobierno, y permitieron que saquearan el país De Vido y todos los ladrones”, es una injuria que me afrenta.

Usted no solo ofende y miente descaradamente, sino que además trata de golpistas a quienes convocaron y participaron de una movilización ciudadana en defensa de sus derechos, de su trabajo y de su profesión.

Usted nos llama golpistas, tan luego usted, que en el año 2009 envió cartas a embajadas extranjeras para evitar una “manipulación institucional” en su propio país, convocando a que agentes foráneos interviniesen en asuntos nacionales; usted, que encabezó las movilizaciones que paralizaron al país durante tres meses durante la llamada crisis del campo, que interrumpieron el tránsito en todas las rutas del país, desabastecieron y vaciaron las góndolas y las mesas de los argentinos, nos acusa de golpistas, usted, que se solazó con la muerte de Santiago Maldonado, muerte que hoy sigue caratulada como “desaparición forzada”, y que fue perpetrada por un abogado defensor de genocidas, amparada técnicamente por un acusado de secuestros extorsivos y decidida por una emisaria de organizaciones golpistas yanquis como la NED y UnoAmérica, nos acusa de golpistas; usted, cómplice del desmoronamiento del orden institucional, que propició que genocidas quedaran en libertad bajo una ley de 2×1, y que argumentalmente fue defendida por usted poniéndose del lado de esos “pobres viejitos” que cumplen condena, manifestación que jamás haría un representante político de un país asolado por un genocidio, nos acusa de golpistas; usted, que sostiene a un gobierno compuesto por CEOs que se benefician de sus negocios privados ocupando lugares en la administración pública, que nada dice de la monumental estafa que el presidente y su familia están haciendo ahora mismo con la deuda adquirida cuando se apoderaron del Correo Argentino, que sigue la tesis oficial de que las cuentas offshore son algo perfectamente normal, contra la evidencia y la opinión no solo de especialistas económicos sino contra las sanciones impuestas a funcionarios que fugan su dinero a través de ellas, y que han sido echados de sus cargos en distintos lugares del planeta, nos acusa de golpistas; usted que apoya con énfasis al estado de Israel, concurriendo no solo a ese territorio usurpado, sin mapas fronteras ni constitución, sino también a Miami, a departir con sonados sionistas que infligen y avalan la tortura y la represión al pueblo palestino, que encarcelan menores para juzgarlos en tribunales militares, usted que garantiza ese orden, nos acusa de golpistas. Usted que, desdiciéndose de sus propias afirmaciones del pasado, nos asegura que el acuerdo con el Fondo Monetario se ha firmado para que “no nos volteen”, cuando la experiencia histórica y mundial con esa entidad ha sido el hambre impuesto a los pueblos, la descomposición social, la ruptura de todo lazo de humanidad entre los habitantes de cada uno de los lugares donde se cumplieron sus recetas financieras, y que aquí, en nuestro país, dio la estocada final a un gobierno vacilante como el de Fernando de la Rúa, nos acusa de golpistas.
¿A quién queremos voltear, doctora Carrió, los ciudadanos argentinos, y específicamente, los actores a los que usted insulta, si las exigencias del Fondo Monetario para achicar el déficit fiscal traerán una reducción en las jubilaciones, en la matrícula escolar, en la mesa de cada uno de los argentinos, lo que en breve volteará toda esperanza, todo futuro, toda posibilidad de crecimiento? ¿Quiénes son los golpistas, doctora Carrió, los que fugan millones de dólares en una bicicleta improductiva como la de los setenta, o los que día a día aportan trabajo para sus compatriotas, dentro del país, a través de productoras televisivas, cooperativas teatrales, proyectos cinematográficos, publicaciones de investigación y difusión?

Durante la dictadura cívico militar, y usted lo sabe mejor que nadie, quienes se enriquecieron fueron los fraudulentos, los cómplices, los beneficiarios de un estado criminal, los que pasaron de siete empresas a más de cuarenta, los que celebraron contratos con la cáfila de milicos que asesinaron y destruyeron el país, y allí, en esa primera línea, se encontraba la familia Macri, el actual presidente, a quien usted respalda y apoya, y que en una línea histórica nos devuelve a la bicicleta financiera, a la improductividad, a la mentira y a la violencia de los setenta. ¿No es acaso su escandaloso fraude con la deuda del Correo Argentino una repetición, ahora desde el mostrador del estado, de los 170 millones de dólares que la estatización de la deuda externa privada le endosó al pueblo argentino y que los Macri consiguieron en connivencia con ese poder dictatorial? ¿Y nosotros somos los golpistas?

Usted nos acusa de querer matar a la Patria, con la “complicidad de actores, intelectuales y artistas”, y la afirmación, cobarde, irresponsable, hecha en su habitual lenguaje que trae bajo el manto de un falso republicanismo, ecos de la violencia de otros tiempos, esos con los que usted sintoniza en su entente con Cambiemos a la perfección, es una elegía de la persecución, de la estigmatización, y da paso a un macartismo que en la debilidad de este gobierno que representa cada vez a menos argentinos, se torna peligroso.

“Actores, intelectuales y artistas” nos señala, y su dedo, en una época en la que una dirigente sindical en Quilmes es golpeada brutalmente por matones en su domicilio o un economista y candidato a intendente de San Martín sufre en su propia casa y en compañía de su hijo, la violencia de una gavilla criminal que nos recuerda la metodología de la Triple A, se vuelve un cañón dirigido a los referentes populares, a los que piensan distinto, o incluso, —en este país de jardín de infantes que ha creado Cambiemos con su anuencia, para aplastar todo sentido crítico, todo criterio política y artísticamente elaborado—, a los que simplemente piensan.

Usted ha sido clara en su monólogo habitual emitido por el canal Todo Noticias, perteneciente al grupo económico que se hizo de Papel Prensa a través de la tortura y la desaparición, tribuna afín, sin duda, para alguien que deriva en su autoritarismo cada día un poco más, usted dijo “actores, intelectuales, artistas”, uniformó en un colectivo de creadores, de personas que pensamos con el cuerpo, el sonido, la imagen y la palabra, a un enemigo, lo estigmatizó, lo acusó de “querer matar la Patria”. ¿Quisimos matar la Patria, señora Carrió? ¿Lo quisimos hacer cuando fundamos instancias de protección a la actividad artística surgidas de nuestro seno y acogidas por un Estado que vio en ellas no solo el beneficio de una parcialidad, sino también el aliento de una industria cultural pujante? ¿Quisimos matar la Patria cuando redactamos leyes centrales para nuestra actividad, cuando SAGAI defendió los derechos al trabajo de los actores, cuando se elaboró una ley fundamental para los músicos, que derivó en la creación de un instituto nacional, o cuando hicimos la Ley del Día Nacional del Humorista? ¿Quisimos matar a la Patria cuando hicimos de la industria audiovisual una de las más pujantes del planeta? ¿Quisimos matarla cuando difundimos arte y cultura en cada rincón de la Patria a veces bajo el amparo del estado y a veces con iniciativas privadas? ¿Quisimos matarla cuando actuamos en cada una de las Casas del Bicentenario, templos de la cultura que un estado atento a los bienes simbólicos creó?

Usted afirma, doctora Carrió, que los artistas cobramos “mucho dinero” del gobierno, lo que no solo es una canallada, sino también una irresponsabilidad y un burdo trazo grueso digno de una vecina indignada y mal informada por el propio canal de noticias donde usted funge como estrella, pero jamás de una representante del pueblo. Nadie cobra de un gobierno, ni siquiera los artistas que hoy mismo actúan bajo la órbita pública; “cobrar de un gobierno”, frase infeliz que usted dedica a una tribuna de fanáticos, remite al cobro de mercenarios, echa un manto de sospecha sobre toda una actividad y demuestra el grado de desprecio que usted tiene, no solo por un pensamiento distinto al suyo, sino por un pensamiento libre.

Usted afirma que fueron “artistas, intelectuales y actores” quienes permitimos que saquearan el país “De Vido y todos los ladrones”, en una declaración que nada tiene que envidiarle a Goebbels y su tristemente famoso “cuando escucho la palabra cultura, llevo mi mano al revólver”, y lo hace cuando el saqueo de su república arrecia, cuando se fugan del país cientos de millones de dólares, cuando ni siquiera cinco generaciones lograrán pagar un endeudamiento creado por su gobierno, que se hizo cargo de un país con un 13% de su PBI representativo de su deuda externa, y al que ustedes han llevado a un porcentaje superior a más del 40%.

¿De qué saqueo habla usted si por estos mismos días supimos del vaciamiento del frigorífico Machir, práctica habitual con que la clase parasitaria que Mauricio Macri y su grupo representan, acumuló su fortuna y que hoy continúa desde el poder?

Otra vez ausente del Congreso, en esta ocasión durante el tratamiento del proyecto de ley para limitar la tarifas de los servicios, Elisa Carrió fue “homenajeada” por sus pares, quienes sentaron en su lugar una gigantografía suya a escala real.

Muy suelta de cuerpo, usted apostrofa sobre “De Vido y todos los ladrones” en el estudio cómodo y familiar de TN, que es como el living de su casa, pero como profesional del derecho no podría siquiera sostener la causa de esa prisión. Y esto es así, doctora Carrió, porque usted se acostumbró al eco de su voz en el set, se apoltronó al blindaje mediático, a la ortopedia de comunicadores que este gobierno adorna con pautas millonarias y que son los que la reciben con alfombra roja y zócalos impactantes. Se le hizo habitual el guiño a la cámara, a la frase que usted supone calma las tormentas financieras, porque como un alienado que solo recibe sus propios signos, protegida por una gruesa red mediática, puede decir ayer que el dólar no pasará de 23 pesos, para que hoy se acerque a los 26.

Usted es la usufructuaria de todo un enfermizo marco de mentiras y manipulaciones, que inauguró llevando a un delincuente a su casa para que sostuviera una retahíla de calumnias, usted inventó una trama criminal en torno a un funcionario nacional, porque usted vive en los medios hegemónicos, respira, como en un hábitat natural, en ese pantano donde solo criaturas parásitas y depredadoras sobreviven, pero fuera de ellos, en la realidad, su palabra deja de ser el escudo mágico que detiene al dólar en la barrera de los 23 pesos, se astilla contra el peso de la “única verdad” y las “morsas” pasan a ser unos cuantos puntos de rating y una campaña de desprestigio político, pero que nunca se convertirán, con su cuerpo puesto en un juzgado, en una acusación real.

Usted nos ha mentido, nos ha difamado, se ha burlado como cuando una sonrisa imbécil y cruel se le escapó hablando de Santiago Maldonado, usted ha sido protegida por el poder, por las corporaciones, por los lobbys, usted tiene un botón antipánico conectado a las embajadas de Israel y Estados Unidos, territorios a los que recurrirá para guarecerse el día que su mentira acabe; mientras tanto, sepa que al final de este viaje macabro que nos propuso Cambiemos y del que usted es boletera central, no habrá para usted más castigo que el olvido, que sus modelos miméticos De la Torre y Alem, hombres grandes y reales y no payasos de un circo mediático, terminaron en calle y monumento, pero usted no tiene más destino que la vanidad pasajera, que la autocelebración enfermiza, que la vanidad hecha Twitter, que una selfie que esconde los escombros de su alma.

Cuando eso llegue, solo le pido que recuerde su responsabilidad en este desfalco, que no olvide jamás que un 25 de mayo un puñado de actores convocó a la ciudadanía y cientos de miles llenaron la plaza de la República, esa con la que usted se llena la boca, mientras un presidente en decadencia no podía siquiera completar una señal de la cruz, signo que también usted llevó prendido como un pin, porque al fin y al cabo, usted no es más que una “it girl” que impone tendencias, hoy un crucifijo, mañana un bebé de plástico, una chica Cambiemos que encontró, llegando a la madurez, el negocio de ser una estrella pop.

Cuando eso se acerque, lo único que le pido, eso sí, es que devuelva los dos agentes de la Metropolitana que a todos lados la siguen, que libere esa fuerza de trabajo necesaria para la seguridad de los ciudadanos, que se pague sus propios custodios, y que mirando el horizonte en alguna playa llena de exiliados resentidos, sobre esa arena de plástico, piense que el silencio será la mejor cárcel para una alborotadora profesional, para una buscapleitos al servicio del imperio, para una pobre mujer que creía arrastrar tras de sí a toda una República, y solo llevaba de la mano y a la rastra a una muñeca de plástico con ojitos de botones.