Kun, Ángel, Lionel:

Ahora ya está. La decisión de jugar un partido donde hace 70 años se persigue, encarcela y asesina a un pueblo que sigue resistiendo esas atrocidades, fue dejada atrás.

Enhorabuena.

Yo entiendo que ustedes viven exigidos por un medio ultra profesional, en donde los aspectos políticos de lo que pasa en el mundo, se suelen dejar de lado; que vivir en una burbuja de cientos de millones de dólares, no debe ser fácil, pero me permito desde este humildísimo lugar, hablarles un poco de las características de esa masacre que ustedes estuvieron a punto de avalar y que, por suerte, por el buen criterio y empatía con el pueblo palestino, evitaron.

Ustedes iban a jugar en Jerusalén, donde hace 100 años se vivía en calma, y sin diferencias étnicas ni nacionales.

Desde 1948, cuando se funda allí el Estado de Israel, las cosas cambiaron.

Hoy, el territorio donde vivía el pueblo palestino, fue partido en dos, y desde entonces, sucesivamente robado a sus habitantes originales.

Las dos zonas en que se dividió son Gaza y Cisjordania.

Para que lo entiendas Lionel, Gaza es Rosario y Santa Fe, Cisjordania. Las dos forman un solo país, pero están separadas por fronteras controladas por soldados armados hasta los dientes. La gente que vive allí es parte de un mismo país, pero no pueden comunicarse entre sí. ¿Se va entendiendo?

De Rosario, que sería Gaza, no se puede salir, y cuando decimos que no se puede salir es que estás encerrado, por eso la prensa internacional llama a Gaza “la cárcel a cielo abierto más grande del mundo”.

Imaginate ahora esto, ya dijimos que Rosario es Gaza. Tenés que jugar allí y vivís en Paraná. Para eso primero tenés que viajar a Chile, luego a Uruguay, y tal vez allí no te dejen pasar la frontera para llegar a Rosario. ¿Te parece una exageración? No lo es. En la película “Yallah! Yallah!”, un documental sobre el fútbol en Palestina, un jugador de fútbol que vive en Cisjordania, que sería la ciudad de Santa Fe, cuenta que para llegar allí tendría que viajar primero a Jordania, después a Egipto, y que una vez en Gaza, tal vez nunca pueda volver a salir. Por eso los padres de este futbolista no conocen a su nieto, porque les resulta imposible atravesar la frontera.

Para imaginar esto, tenés que pensar en que tu viejo vive en Valencia, vos, como ahora, en Barcelona, pero no se puede pasar de un lugar a otro, así que tu papá no conoce ni a Thiago ni a Mateo ni a Ciro, aunque están allí, muy cerca.

¿Cómo es Gaza de grande? A ver, Kun, para darte una idea, imaginate un mapa que va desde El Pato, pasando Berazategui, ¿te ubicás? a Congreso. Como si te tomaras el 129, viajás todo eso y se termina el país. Y de ancho, en algunos lugares Gaza es como ir de Puerto Madero hasta Avenida La Plata, la mitad del recorrido de la línea A de subte.

Así que imaginemos que ese pedazo del Conurbano que vos conocés, es Gaza, que esos son sus límites. Si querés salir por el río, ponele, a la altura de Sarandí, en la Costa, que vos seguro conocés porque viviste ahí nomás, te disparan, no podés cruzar.

De hecho, en al año 2014, solo por jugar a la pelota en esas playas, cuatro pibes fueron asesinados. Si tenés tiempo, antes de ver el último meme que te dedicaron en Instagram, andá a Youtube y mirá las imágenes del crimen.

Esos pibes, todos de entre 10 y 11 años, solo un poco más grandes que tu hijito Benjamín, son Ahed, Zakaria, Ismail Baker y Muhammad. Periodistas que paraban en un hotel cercano vieron todo. Israel cerró el caso sin llegar a ninguna condena un año más tarde.

Vos naciste en el hospital de Piñeyro, así que podés imaginar el Riachuelo como parte de ese mar, a cuatro pibes jugando a la pelota en la orilla, y a un misil explotando justo cuando estos pibes gritan un gol.

Ese año no fueron los únicos chicos asesinados. Israel bombardeó Gaza y mató a 500 chicos más y a 2000 adultos. Te cuento, les cuento a todos cómo es el sistema: a veces se llama por teléfono a las casas que serán atacadas, otras, se arrojan proyectiles sobre los techos, con los que se supone, la gente se dará por enterada y escapará.

Esto, como entenderán, no es una guerra. Es una masacre en la que un país que tiene fuerza aérea, ejército y marina asesina civiles.

Supongo que ustedes, Kun, Lionel, Ángel, saben lo que significa sufrir una lesión en la rodilla, así que imagínense lo que habrá sido para Mohammed Khalil, jugador del Al-Salah FC, que un soldado israelí le pegue un tiro. Ahora Mohammed necesita una prótesis para volver a caminar, aunque ya nunca más volverá a jugar. Pueden ver el momento del disparo en Internet, con el mismo celular del que ahora mandan un “tuit”, porque Mohammed lo único que estaba haciendo era grabar una marcha pacífica y registró lo que podría haber sido su propia muerte.

Ángel, supongo que vos, que atravesaste el dolor de que te dijeran que ibas a perder a tu nena recién nacida, a la que le dieron 30% de posibilidades de sobrevivir, entenderás lo que te voy a contar: hace unas semanas, Leila, una beba de nueve meses murió asfixiada por gases lacrimógenos en la misma marcha en la que terminó la carrera de Mohammed.

Esto pasó cuando los palestinos que viven en Gaza se acercaron a la frontera para protestar, porque se decidió que Jerusalén, allí donde iban a jugar ustedes, será capital de Israel. En el estadio donde jugarán su partido, de hecho, había una aldea palestina, que fue arrasada, y ahora ustedes iban a ir por ahí, a ponerle un manto de olvido a todos esos muertos.

Sé, Ángel, que tenés un tatuaje que dice “Nacer en la calle Perdriel fue y será lo mejor que me pasó en la vida”, es decir, sabés lo que es el orgullo de pertenecer a un lugar, de reconocerte en cada uno de tus amigos, de sentir que ese es el centro del mundo. Ahora intentá imaginar que, durante 70 años, los palestinos han sido echados de sus casas, de todas sus calles Perdriel, y algunos ya muy viejitos siguen con las llaves en el bolsillo, como un signo de pertenencia y de resistencia, porque igual que vos, saben que haber nacido en una calle de Gaza, Cisjordania o Jerusalén es lo mejor que les pasó en la vida.

Kun, Lionel, Angelito, ustedes atravesaron muchas dificultades para llegar donde están. Vos, Ángel, con las manos tiznadas de carbón, ayudando a tu viejo, Kun, pasando momentos difíciles en una familia con tantos hermanos en la que no sobraba nada, y vos Lionel, sobreponiéndote a tu problema de crecimiento, que en un país en una crisis —producida por los mismos dirigentes que hoy los convocaron a jugar en Israel—, no podía solventar ese tratamiento.

Imaginen que una vez que han llegado a la Selección, se disponen a jugar las eliminatorias para un Mundial. Pero no se los deja. No es que tienen que atravesar una clasificación difícil como la que pasaron, sino que no se los deja jugar. Bueno, eso es lo que le pasó a la Selección Palestina en el año 2011, cuando por primera vez jugó contra Afganistán una eliminatoria, ganó 1 a 0, y pasó a la siguiente ronda, pero en los días previos al partido que seguía, varios jugadores fueron retenidos por orden de Israel en las fronteras con Cisjordania y Gaza.

Perdieron contra Tailandia días después, sin la mitad del equipo.

¿Ese fue el único inconveniente que tuvieron? No, eso es lo normal para los palestinos. Eso y la muerte, Ahed Zaqout, una de las figuras de la Selección, murió asesinado por un misil en 2014 y, de hecho, treinta y dos atletas fueron asesinados por entonces, más de 30 instalaciones fueron destruidas y la pérdida económica se calculó en torno a los 3 millones de dólares.

La decisión que tomaron hoy, por todo esto, no es un modo de salir de una situación complicada, de evitar una polémica, sino, ojalá, un modo de comenzar a tomar conciencia del lugar que ustedes ocupan, de cuán felices o infelices pueden hacer a la gente, y cuánto representan para millones de palestinos que llevan con orgullo la camiseta nacional o la que ustedes mismos calzan en sus clubes.

Bienvenidos a la lucha.

Carlos Balmaceda