“Victoria Donda vaya y pase”, nos decía el contacto que nos acerca la imagen. “Vicky Donda estuvo hasta con Prat-Gay, con el panqueque de Tumini, qué le importa que sepan que es neoliberal. ¿Pero Mayra Mendoza? ¿Cómo puede ir del brazo Mayra Mendoza con Daniel Lipovetzky?”, concluía, desolado, el amigo.

Y no es para menos. La derrota del feminismo popular a manos de un “feminismo” —entre muchas comillas— de tipo liberal o neoliberal va quedando patente a medida que vemos cómo los límites de la grieta que nos mantenía vivos y resilientes a los atropellos del poder se fueron borrando en los últimos días. El resultado es que todas las “feministas” liberales salieron envalentonadas a negar la política y la cuestión de clase social, y a acusar a quien se atreva a criticar eso de “privilegiado”, “machirulo” y mucho más.

El “feminismo” liberal se está quedando con la dirección del movimiento feminista basándose en la simple premisa de que el feminismo nada tendría que ver con la política —que es la lucha de clases entre ricos y trabajadores—, sino que sería algo “transversal”, un lugar donde los explotadores y nosotros, los que no podemos prender la estufa porque las facturas nos tienen ahorcados, nos podemos abrazar. Siempre y cuando, claro, cuando todos llevemos puesto nuestro pañuelo verde.

Aquí hay dos peligros que enfrentaremos a mediano plazo: el primero es que traten de cerrar la grieta por arriba, más allá de las necesidades reales de los de abajo; y el segundo es que un “feminismo” bien orientado por los liberales va a garantizar el poder de los ricos por un buen rato, pues será utilizado para atacar, desprestigiar y destruir a los dirigentes y militantes del campo nacional-popular.

El primer peligro es el más presente y está mostrando su cara ahora mismo. Si existen puntos de encuentro y de diálogo entre un Daniel Lipovetzky y una Mayra Mendoza, eso va a significar que la grieta no es tan profunda y que “se puede hablar”. Al fin y al cabo, un Lipovetzky que se pone el pañuelo verde tan mal tipo no debe ser…

Pero Lipovetzky no es un tipo malo ni bueno, es simplemente el vocero del gobierno neoliberal en los medios de difusión para justificar el ajuste por el que miles de pibes hoy en los barrios van a ir a dormir sin comer y mañana tampoco van a tomar la leche. Y el que hace o justifica eso ideológicamente, desde el punto de vista de las clases populares y trabajadoras, es el enemigo.

Y al enemigo no se le da la mano, no se camina del brazo con el enemigo en ninguna circunstancia. Ni en navidad.

La verdad es que los trabajadores no hemos puesto a Mayra Mendoza en el Congreso para que le dé la mano a Daniel Lipovetzky. La hemos hecho diputada a Mayra Mendoza para que le haga la guerra a Daniel Lipovetzky por todos los medios posibles, para que lo denuncie todos los días, para que no le dé tregua. ¿Por qué? Porque Daniel Lipovetzky es el enemigo y su trabajo es hacer que tengamos hambre.

Las bases debemos estar atentas y sublevarnos ante cualquier intento de encontrar puntos de contacto con los hijos de puta, lo que equivaldría a ir cerrando la grieta por arriba. Y la grieta no se va a cerrar nunca: ellos son el antipueblo y la antipatria, mientras que nosotros estamos en las antípodas.

Pero hay otro peligro, un tanto más insidioso en tanto y en cuanto es invisible hasta que se concrete del todo: la derecha liberal quiere y necesita hegemonizar el movimiento feminista para rebanarle su carácter revolucionario —que a esta altura ya es una lágrima—, por un lado, y para utilizarla como arma de despolitización masiva de jóvenes y desprestigio del campo nacional-popular en general.

Un ejemplo de lo primero y del poder que tienen las liberales al interior del movimiento feminista es el documento que resultó del último Encuentro Nacional de Mujeres, que tuvo lugar el año pasado en la provincia del Chaco. “Sobre la hora” y en condiciones “misteriosas”, desapareció de dicho documento la exigencia por la liberación de Milagro Sala, una mujer que se encuentra injustamente presa y perseguida por unos machirulos bien cavernícolas en Jujuy. Esa exigencia no constó del documento y eso puede deberse a dos razones:

a) Las compañeras feministas del campo nacional-popular fueron derrotadas ahí por las liberales, que pudieron imponer sus intereses y son, por lo tanto, las que cortan el bacalao en el movimiento, es decir, lo hegemonizan;
b) Las liberales no hegemonizan nada y las compañeras feministas del campo nacional-popular no quisieron quedarse pegadas con la negra coya que fue linchada por los medios de difusión.

Claro que la segunda opción es la más vergonzosa.

Y un ejemplo de lo segundo, que es la despolitización liberal del movimiento feminista, lo podemos ver en el programa presentado para el próximo Encuentro Nacional de Mujeres (que puede verse aquí), a realizarse en los próximos días en Trelew, Chubut. Hay de todo: charlas, “red aborto”, cuentos infantiles, talleres de fieltro, clase de entrenamiento funcional (sea lo que fuere eso), pintura en vivo, peluquería, costureras, masajistas y la invitada Daniela Catena, que leerá sus escritos… de todo hay, menos política.

Claro que no se trata de obligar a que realicen actividades que no les gustan en su propio encuentro, lejos de eso. Está muy bien que hagan lo que quieran y que se disfruten mucho mutuamente. Lo que sí es que puede deducirse la despolitización del feminismo, puede verse claramente la mano liberal —que no es la mano invisible del mercado, pero es parecida— marcando la agenda para que de allí no salga ni una sola propuesta política, no vaya a ser cosa que se les ocurra luchar contra el neoliberalismo…

Finalmente, el objetivo central: sororizar con las mujeres de las clases dominantes por el hecho de ser eso, mujeres, abriendo la posibilidad de voto masivo feminista al neoliberalismo ante la posibilidad de que el candidato del campo nacional-popular no sea Cristina, sino algún “machirulo”. Y aunque el candidato sea Cristina, desprestigiarla por su convicción personal contraria a la práctica del aborto y llevar agua para el molino del poder. Si el neoliberalismo sigue hegemonizando el movimiento feminista, no va a tardar hasta que empiece a canonizar a los “buenos” (que son los Lipovetzky, los Suárez Lastra, los Mario Negri, todos de pañuelo verde) y a señalar a los “malos”, a los que no hay que votar y a los que hay que escrachar.

Enfrentamos el enorme peligro de la hegemonía neoliberal en el movimiento feminista, un movimiento que va en ascenso y tiende a tener cada vez más adeptos, un terreno de batalla cultural en el que el poder fáctico de tipo económico quiere lavarles la cara a sus personeros para que duren aún muchos años más, pese a que están destruyendo un país entero.

Y si vos, compañera feminista del campo nacional-popular, llegaste hasta acá, no pierdas el tiempo insultándonos. No estamos ponderando la lucha por la igualdad de género, no somos contrarios al aborto legal, seguro y gratuito, condenamos la violencia machista en todas sus formas. Tampoco nos estamos dirigiendo a tu género, sino a tu conciencia ciudadana. No pierdas el tiempo insultándonos, porque lo invertís mucho mejor confrontando a las referentes del movimiento y cuestionando el manejo antipolítico que le están imponiendo al mismo.

El movimiento es de las mujeres, de todas las mujeres, y también de todos lo que quieran la igualdad de género, aunque no sean mujeres. Pero si el movimiento va a ser una arma del liberalismo y del neoliberalismo de las corporaciones para hambrear a los pueblos y saquear a la patria, entonces ya no se trata de mujeres, sino de cómplices.

No te pongas en el lugar del cómplice, compañera. Hay enemigo no hay que darle la mano. Al enemigo se le da murra, murra y, cuando esté cansado, más murra todavía hasta que caiga. Hasta en navidad.