El General Perón solía decir que al no ser economista, tenía la ventaja de saber explicar las cuestiones económicas de modo que podían ser entendidas por cualquier consciencia. Perón vivió en la época dorada de aquello que en Brasil se llama “economés”, es decir, el idioma que los economistas dichos ortodoxos usan para hablar horas y horas sin que nadie entienda un comino de lo que dicen. Por eso Perón sentía que era una ventaja el no ser economista para poder explicar las cosas tal y como son nomás.

Al igual que Perón, nosotros tampoco somos economistas y podemos ver más allá de las cortinas de humo discursivas para comprender y para saber explicar la economía. Perón denunció desde su origen al Fondo Monetario Internacional porque entendió todo. ¿Y qué hay para entender? En realidad, muy poco. Es muy poquito lo que se necesita para comprender que el actual acuerdo con el FMI es simplemente una estafa.

Lo único que los economistas y los medios del poder no dicen acerca del préstamo del FMI a la Argentina es lo obvio y es que se está tomando deuda para pagar ni siquiera otras deudas, sino tan solo los intereses de estas. Es decir, nos estamos endeudando y no es para cambiar de acreedor, lo que en sí ya sería cuestionable. Nos estamos endeudando para no dejar de “cumplir obligaciones de deuda”, que es el eufemismo utilizado por los monetaristas para decir “intereses”.

El acuerdo con el FMI tiene por objetivo declarado el prevenir que Argentina caiga en default. Y, contrario a lo que cree el sentido común, el default no ocurre cuando se deja de pagar las deudas: ocurre cuando lo que se suspende es el pago de los intereses. Esto suele confundir al ciudadano de a pie, cuya economía familiar entra en “default” y va a parar al Veraz cuando no llega a pagar las cuotas de un auto, de una compra de bienes de consumo o la factura de la tarjeta de crédito. Las “obligaciones de deuda” que el individuo debe afrontar son las deudas enteras, capital e intereses, y así considera que hacen las naciones.

Pero no, las naciones no suelen pagar el capital de sus deudas, normalmente porque los acreedores no lo quieren cobrar. Y no es que no lo quieran hacer por buenos o por caridad, sino porque el lugar del acreedor es un lugar dominante. Los que prestan dinero en el mundo lo hacen para tener injerencia en el manejo de la economía de los países deudores. En una palabra, no se trata de préstamos, sino más bien de compra de soberanía.

La bicicleta financiera

Entonces Argentina recurre a un préstamo del FMI para asegurarse de que pueda seguir pagando los intereses de deudas que ya tiene y no caer en default. Claro, hay que evitar el default y eso lo sabe cualquiera. Lo que cualquiera no sabe es que el costo de evitarlo es pasar de tener una deuda a tener dos y más deudas.

Al obtener del FMI una suma que asciende a los miles de millones de dólares, Argentina hace entrar al propio FMI a la nómina de acreedores. El problema es que esos miles de millones no serán aplicados en la obra pública para mejorar la infraestructura, no irán a la inversión productiva y difícilmente los argentinos veremos un solo peso de ese dinero. El préstamo va al pago de intereses de otras deudas que ya tiene el país.

No caeremos en default, por cierto, pero seguiremos con las deudas que ya tenemos y tendremos otra más, la deuda con el FMI, de la que también habrá que pagar los intereses para seguir cumpliendo las llamadas obligaciones. Podría decirse que estamos tomando deuda para pagar otras deudas, pero también eso sería incorrecto, puesto que no las pagamos al quedar intacto el capital. Estamos tomando deuda para estar cada vez más endeudados: el dinero del FMI va a ingresar a la bicicleta financiera y va a terminar en el bolsillo de los mismos a los que ya les debíamos, porque son ellos los que aportan a Fondo Monetario Internacional. ¿Qué nos prestaron? Nada, solo hicieron un pase de manos para que les sigamos pagando los intereses y para seguir controlando la economía del país.

No es nada complicado y solo hace falta explicarlo, cosa que los medios de difusión no hacen y nadie, por consiguiente, entiende. Si las mayorías comprendieran la estafa, entonces la estafa no sería viable.

Los países se dominan por las armas o por la deuda, decía John Quincy Adams, presidente de Estados Unidos en el siglo XIX. Claro como el agua, como un Scalabrini Ortiz, quien hace ya varias décadas advertía que “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Sólo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”. Es solo saber restar y sumar, y tener un poco de interés por la patria.

¿Los argentinos no sabemos restar y sumar? ¿O aceptamos la dominación con la deuda por poco interés en la defensa del destino común? Y si fuera lo segundo, ¿hasta cuándo?