La tarea de quienes nos ocupamos de analizar e interpretar la realidad, y luego de transmitir o difundir las conclusiones de ese trabajo, no es nada fácil. Muchas veces el principal escollo es la incomprensión de aquellos que consideramos los propios, ya sea tropezando en la incapacidad de estos a la hora de leer los argumentos expuestos o simplemente en la actitud irascible del que ya quedó convencido de una vez y para siempre por una verdad revelada y no admite que a esa verdad se le haga cualquier reparo o crítica, por menor que sea. Cuando el que necesita comunicar se encuentra con esos escollos, se forma una auténtica conversación de sordos en la que todos van a gritar y nadie finalmente va a tener la razón.

Hemos transitado semanas agitadas en La Batalla Cultural. Al haber detectado que el enemigo de los pueblos está aplicando una ingeniería social para manipular ya no solo a los manipulados de siempre, sino además a los militantes del campo nacional-popular para canalizar su fuerza y alejarla de la lucha por el poder político, los que hacemos este espacio pusimos el grito en el cielo para denunciar las maniobras de diversión —en el sentido militar o bélico de la expresión— que el poder fáctico de tipo económico viene llevando a cabo para lograr que la militancia de los pueblos se quede mirando pasivamente este desguace de un país al que asistimos. Y así fue como algunos, por incapacidad de comprensión, irascibilidad o ambas, pisaron la trampa del poder y tomaron las críticas realizadas en La Batalla Cultural al movimiento feminista y al proyecto oscuro de separación de la Iglesia y el Estado como ataques al feminismo en sí, a la causa del aborto legal, seguro y gratuito y al proyecto de “Estado laico” que nadie sabe todavía explicar muy bien cómo será. Algunos vinieron al humo, como se usa decir en el barrio, pero sin ninguna razón, porque en el contenido de todo lo que La Batalla Cultural publica no hay un solo ataque a esas causas, movimientos y sus militantes. No podría haberlas, desde luego, puesto que acordamos con ellos y sería absurdo que los atacáramos.

Lo que sí hacemos es marcar desde un lugar de observadores de la realidad social y política los puntos oscuros del discurso y de la praxis, la actividad de los oportunistas y los infiltrados que el poder coloca en todas partes para que las cosas salgan siempre a su medida. Así, está claro que nunca dijimos ni diremos “aborto no”, pues tenemos conciencia de que la situación es grave y que hay un negocio deshumano de las clínicas clandestinas donde las mujeres van a morir. Y de que el Estado debe tomar cartas en el asunto para que eso no pase, por lo que la ley de interrupción voluntaria del embarazo es una necesidad social que afirmamos desde siempre, aunque marcamos y marcaremos cada una de las contradicciones que vayamos viendo por el camino porque, lejos de ser obsecuentes, esa es precisamente la tarea del analista y del crítico.

Hay contradicciones allí y también las hay y muchas en el actual movimiento feminista, tanto en su composición y discurso como en el rumbo que parece haber tomado. Esas contradicciones deben resolverse si lo que se quiere es avanzar con la justicia en nuestra sociedad, pero no se resolverán si no empezamos ya a argumentarlas y debatirlas sin tirarle por la cabeza un “machirulo” o un “sos varón, no podés opinar” a cualquiera que intente abrir el debate. Una de las condiciones para una democracia verdadera es que las cuestiones que atañen a todos y todas sean debatidas y resueltas por todos y todas, sin excepción. Condicionar la opinión por género —como pretenden hacer algunos— no es una opción, porque dejaría fuera de cualquier construcción a prácticamente la mitad de la población.

Sea como fuere, en La Batalla Cultural no tenemos miedo ni vamos a permitir que nos censuren. Lo curioso de todo esto es que en casi tres años de gobierno neoliberal y neocolonial no ha habido un solo intento de acallarnos por parte de los personeros cipayos de ese gobierno, que son bien fascistas. Eso vino a ocurrir justamente de la mano de quienes nosotros menos esperábamos, de gente militante de estas causas nuestras que no supieron entender las consignas y vieron ataque donde solo había debate.

Por eso la Revista Hegemonía aparece en su quinta edición y va otra vez a la carga, poniendo en tela de juicio aquello que algunos ya dan por sentado y pretenden imponer al conjunto de la sociedad (incluso a los propios) sin mediar ningún análisis o discusión de los contenidos. Así no es como consideramos que debemos hacer las cosas y presentamos esta edición con mucha crítica y mucho análisis, esta vez puestos sobre el proceder propio y a modo de autocrítica. Sí, porque al contrario de lo que suelen pensar algunos, “autocrítica” no es apedrear a Cristina por haber ungido a Scioli como candidato del campo nacional-popular en las elecciones del año 2015. Autocrítica es analizarse uno a uno mismo y encontrar en los resultados de dicho análisis los elementos necesarios para rectificarse y ser cada vez mejor. Porque para que volvamos necesitamos eso, necesitamos ser mejores, ya que con las viejas fórmulas parece que no va a alcanzar.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural