Como el que no quiere la cosa, la Revista Hegemonía llega hoy a su sexta edición. Fueron seis meses contra viento y marea en un proyecto que muchos decían no podía prosperar debido a la actual coyuntura social y política del país, en la que hay mucho río revuelto y ganancia para muy pocos pescadores. Pero aquí estamos, presentando el sexto número de una revista digital que está en vías de consolidarse y de hacerse un lugar entre los medios alternativos de la comunicación nacional-popular en tiempos de resistencia al neoliberalismo neocolonial. Allá vamos, hacia esa consolidación y hacia ser una opción editorial para los que pensamos por fuera de las cortinas de humo en un mundo de justicia social y en un contexto de soberanía política e independencia económica del pueblo-nación.

No fue fácil, pero lo hemos logrado y lo seguiremos logrando. Y para marcar este hito, presentamos esta edición —al igual que en la primera, dedicada al pensamiento de Antonio Gramsci— con una portada y una temática repleta de épica nacional-popular. Y el referente de la vez es nadie menos que el Gramsci argentino, el intelectual que mejor expresa las ideas de lo nacional-popular en estas latitudes: Arturo Jauretche.

No obstante, es fundamental comprender que nuestra épica no tiene nada que ver con la “épica” impuesta por el poder sobre la progresía talibán de todas las causas justas del universo, menos las del país (como solía decir justamente Jauretche) y sobre los fundamentalistas troscos del pan relleno. Nuestra épica es una épica de héroes concretos que expresan la doctrina necesaria para el triunfo de las clases subalternas sobre el sistema de dominación impuesto por las clases dominantes. En una palabra, cuando La Batalla Cultural y la Revista Hegemonía hablan de épica, eso tiene el sentido de llevar como bandera a la victoria a los que antes de nosotros marcaron el camino, pero no solo vistiéndonos con su ropaje simbólico, sino además haciendo la comprensión y la socialización de sus ideas para que puedan generalizarse en la conciencia colectiva.

La épica nacional-popular no sabe de modas ni de coyunturas, es una épica inamovible e inalterable en el tiempo y que se orienta a la conquista del poder político en el Estado por un determinado proyecto cuyos contenidos incluyan las ya mentadas soberanía política, independencia económica y justicia social. Por lo tanto, esa épica se desprende de una doctrina que necesariamente debemos difundir y asegurarnos de que se instale en la mayor cantidad posible de individuos. La épica está en adoctrinar y en adoctrinarnos para no perder el rumbo, para saber organizarnos en la lucha alrededor de una idea central que debe estar siempre muy clara para todos. Y es ahí donde entran a jugar los Arturo Jauretche.

Cuando se habla de doctrina, lo primero que debe identificarse es dónde está dicha doctrina, esto es, identificar a quienes la expresan más o menos sistemáticamente y en sus categorías. La doctrina del cristianismo, por ejemplo, se expresa en la letra de los apóstoles registrada en la Biblia. Como ningún cristiano duda de eso y siempre recurre al libro para saber cómo debe proceder en cada ocasión, el cristianismo sigue de pie hace casi dos milenios sin la necesidad de un liderazgo unipersonal, que por otra parte sería imposible, porque nadie vive tanto tiempo. Y lo mismo ocurre con todas las “religiones del libro”, que son, en realidad, cosmovisiones o proyectos políticos basados en una escritura canónica. Además del cristianismo, el judaísmo y el islam han existido por siglos sin depender de una conducción unipersonal humanamente inviable, solo montados sobre sus doctrinas que se expresan en los libros.

Ahora bien, ¿cuáles son los libros sagrados que expresan la doctrina de la cosmovisión nacional-popular? Son justamente los de los intelectuales orgánicos de las clases subalternas, los pensadores desde el pueblo como Antonio Gramsci —desde el punto de vista de Occidente— y como, justamente, Don Arturo Jauretche, que es quien mejor y más claramente expresa dicha cosmovisión en la Argentina. Por eso la épica que proponemos no es la épica de un símbolo coyuntural ni la de una causa puntual, que puede considerarse justa o no según la opinión del que observa, sino una épica doctrinaria cuya finalidad es el triunfo de la causa histórica de toda la humanidad que es la paz fundada en la igualdad social. No es una épica sectaria ni parcial, es una épica de todos y todas hacia el triunfo del grupo sobre la individualidad egoísta del poderoso. Y es una épica doctrinaria porque tiene doctrina: la doctrina de los pueblos que Arturo Jauretche sistematiza en su obra. Allí es donde debemos abrevar los que creemos en un mundo más justo, que es posible, y por eso esta edición de la Revista Hegemonía viene dedicada a Don Arturo. Sabemos que al atento lector le gustará el resultado, como le gustaría a él si aún estuviera, con inverosímiles 117 años de edad, entre nosotros para verlo.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural