Hemos sido testigos en las últimas semanas de la lucha por la educación y las universidades públicas a lo largo y ancho del país. El reclamo, que asumió como medidas de fuerza el no comienzo de las clases luego del receso invernal universitario y preuniversitario y la movilización masiva en diferentes puntos del territorio nacional, apunta a visibilizar el desfinanciamiento salvaje que la administración neoliberal y neocolonial de Cambiemos está realizando sobre el área educativa en general, con especial saña en las universidades que la propia gobernadora María Eugenia Vidal considera innecesarias ya que, como bien sabemos, para ella “los pobres no llegan a la universidad”.

Los docentes reclaman concretamente por paritarias más justas ya que, al igual que a todos los demás gremios, lo que el gobierno les ofrece está muy por debajo de la inflación. Y eso, en términos reales, significa no un aumento salarial sino un descuento, ya que mes a mes se pierde poder adquisitivo ante los aumentos de precios salvajes que las corporaciones en el poder están aplicando sobre la vida de todos los trabajadores. Lo que hay que entender es que esto tiene una relación directa con lo que sucedía en el mismo sector allá por el 2001, semanas antes del estallido social que marcara un antes y un después en la historia reciente de nuestro país.

La “ley de déficit cero” de aquel momento implicaba una rebaja concreta y permanente de los salarios y presupuestos en las áreas del Estado de un 13%, justificada en la paridad monetaria del peso con el dólar y en la baja inflación que suponía este tipo de cambio, impuesta por la supuesta necesidad de reducir gastos en una Argentina que ya estaba casi quebrada por causa de las mismas recetas neoliberales que hoy vuelven a ser aplicadas en detrimento del pueblo. En ese contexto, el reclamo de docentes y universitarios comenzó de la misma manera y en la misma época del año que ahora: ante la falta de respuestas por parte del gobierno de la primera Alianza, los docentes decidieron parar durante varias semanas con una conflictividad creciente en un país que estaba a punto de caer al abismo.

En la actualidad, las paritarias por debajo de la inflación llevan al mismo resultado, ya que aunque en las formas se esté hablando de aumentos progresivos, lo cierto es que cada día el costo de vida es más alto que lo que dichos aumentos le otorgan a los trabajadores y, además, lo que marca fuertemente la relación entre la conflictividad de 2001 y la de 2018 es la clara intención del mismo tipo de gobierno de destruir la educación pública, ya que para las corporaciones y los ricos, la mano de obra debe estar precarizada y mal educada, de modo que se vaya perdiendo a lo largo del tiempo la capacidad del pueblo trabajador de conocer sus derechos para saber defenderlos.


El conflicto docente del año 2001 resultó finalmente en el estallido de diciembre y en la crisis social, institucional, política y económica más profunda y dramática de las últimas décadas de nuestra historia, en la que se perdieron vidas y sueños de un pueblo que chocó de frente con los resultados de políticas económicas regresivas y destructivas que hoy, 17 años después, se repiten no sólo en las formas sino también y para peor, en los ejecutores de dichas políticas que volvieron con su segunda Alianza a terminar lo que habían venido a hacer desde la dictadura cívico-militar-mediática hasta ahora.

En una palabra, hoy ofrecen paritarias del orden del 15% en un país que va a registrar una inflación oficial cercana al 40%. No hay que ser muy ducho para darse cuenta de aquí hay una rebaja salarial que ronda el 25%, o un salario que pierde eso en poder adquisitivo en un año, lo que vendría a ser más o menos lo mismo. Las rebajas del 13% en los salarios de los docentes, los empleados del Estado y los trabajadores jubilados fueron un escándalo en el 2001 porque eran eso, rebajas salariales abiertas, flagrantes. Pero lo fueron porque entonces prácticamente no había inflación y el ajuste tenía que aplicarse mediante esa rebaja brutal, sin tapujos. Ahora también hay rebajas de salarios y jubilaciones, pero vienen disimuladas como aumentos. No hay aumentos. Con una inflación tan alta, proponer las paritarias de vergüenza que el actual gobierno ofrece en las negociaciones con los gremios es exactamente lo mismo que bajar los haberes de los trabajadores. El ajuste es el mismo ahora que en el 2001 y siempre perdemos y lo pagamos los que trabajamos.

La lucha de los docentes de ayer y de hoy es la de todos los argentinos, ya que en ello va el futuro de las generaciones presentes y de las que vendrán a construir un país más justo en el que todos y todas tengamos acceso a una educación de calidad, pública y gratuita como impulsó Perón en tiempos en los que nadie había creído en la utopía, en que los trabajadores pudieran y debieran formarse para hacer realidad el sueño de ese país de hombres felices que nos propuso el General. El saqueo al pueblo trabajador por parte de la oligarquía rancia y revanchista sólo terminará con la unidad de los trabajadores, porque como decía Evita, “No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano”.

*Marco Antonio Leiva
Referente de Identidad Peronista
Mar del Plata