Dirigida por Terry George y protagonizada por Don Cheadle y Nick Nolte, Hotel Rwanda (Reino Unido, Italia y Sudáfrica, 1994. 122 min.) relata la masacre de Ruanda del año 1994 desde la perspectiva del gerente de un hotel en aquel país que nos permite observar y entender en profundidad de qué manera la manipulación y el odio operan en los seres humanos para ponerlos los unos contra los otros en pugna por la vida y la libertad.

Lo destacable de este film es que no sólo reproduce una historia real, de modo que lo que transcurre durante los 122 minutos que dura el relato nos traslada a un momento concreto de la historia de la humanidad, sino que, además, logra borrar los límites entre lo que acontece y el espectador, de manera que uno no puede (si es que tiene corazón) evadirse de la conmoción y la empatía que generan los acontecimientos, haciendo que las dos horas frente a la pantalla sean tan terribles como imposibles de abandonar.

Todo ocurre en torno al protagonista, Paul Rusesabagina (Don Cheadle), gerente del Hotel Des Mille Collines en Kigali, donde tiene lugar la historia que el director rescata para inmortalizarla. En aquel país, los belgas durante años fueron instalando la idea de que entre ruandeses había dos castas, los hutu y los tutsi, opuestos y enemigos entre sí por determinación de los colonizadores que quisieron instalar un odio racial entre los negros para así hacerse de las riquezas de sus suelos mientras se fogoneaba un enfrentamiento entre conciudadanos a lo largo del tiempo. La diferenciación entre hutus y tutsis tenía que ver con la altura y algunos rasgos faciales, principalmente la anchura y forma de la nariz y quedaba registrada en sus documentos, de modo que nadie pudiera escaparse de la fractura social desde el nacimiento hasta la muerte.
Para el año 1994, el gobierno de Ruanda era encabezado por un tutsi, pero en todo el país los hutus hacía tiempo se habían hecho del poder en las calles y lo ejercían con violencia armada para amedrentar a los tutsis e imponerse como la casta superior. Este clima de hostilidad era moneda corriente ya que se fue instalando paulatinamente mediante el adoctrinamiento foráneo, con la utilización de los medios de comunicación como fuente de arenga del odio y la preparación del estallido social. Hasta allí, Paul vivía su vida con normalidad, era un gerente exitoso, con contactos importantes dentro y fuera de Ruanda dada su posición en un hotel que hospedaba turistas franceses y belgas principalmente, además de diplomáticos y jerarcas a nivel mundial. Estaba casado con una mujer tutsi y sus hijos también eran tutsis, pero él no tenía impregnado el odio racial y no se guiaba por las diferenciaciones en su vida cotidiana. Paul creía en los valores de los colonizadores, que lo llenaban de obsequios y le mostraban un mundo de ostentación y lujo al que él no podía acceder, pero al que aspiraba dada su capacidad laboral y su trato amable y siempre servicial. Creía en el mundo de los ricos y los blancos, aunque estaba lejos de ser uno de ellos.

Pero cuando se difunde la noticia del asesinato del presidente, la tragedia empieza a golpear la puerta de todos. Los hutus, armados con machetes, comienzan a matar a todos los tutsis que encuentran, dando comienzo a la masacre dantesca que tuvo lugar en aquel país. Aquí es donde Paul se hace protagonista, ya que luego de que la ONU se llevara a todos los ciudadanos extranjeros que estaban en Ruanda en esos días, la ayuda humanitaria que el coronel Oliver (Nick Nolte) le había prometido a Paul mientras evacuaba a los blancos nunca llegaría, porque el fin del estallido era que los ruandeses, literalmente, se maten entre ellos, para luego poder instalar un gobierno extranjero en nombre de la paz. Entonces el hotel que regenteaba nuestro protagonista se transformará en el refugio de cientos de ciudadanos, la mayoría tutsis, que huyendo del horror encontraron allí su salvación.

La Batalla Cultural y la Revista Hegemonía recomiendan esta película con 5 estrellas sobre 5, invitando a todos los lectores a emocionarse para que el odio nunca nos gane el corazón.

*De la redacción