Un viejo refrán árabe reza: “Mi vecino y yo contra el ajeno, mi hermano y yo contra el vecino”. Vecinos y hermanos peronistas y del campo nacional-popular, en este momento histórico, no podemos darnos el lujo de enfrentarnos. Por más problemas que haya con la medianera o con la sucesión del tío no podemos enfrentarnos.

Vecinos: hay un ladrón en el barrio, está robando. Muchas casas quedaron desvalijadas para ya no levantarse en años. Hermanos: está la vieja internada y muy jodida de salud, no nos prestó atención cuando le recomendamos que se cuide.

Ese ladrón es el ajeno del refrán. Se llama Mauricio Macri y se está robando los bienes materiales y espirituales de la Nación para rematarlos en el mercado negro del capitalismo internacional. Nuestros chicos abarrotan los comedores infantiles para tener un plato de comida que muchas veces viene del Ministerio de Desarrollo Social y es intragable, por más amor que le ponga la cocinera. Nuestros abuelos están peor que nunca y el que no tiene un hijo con un ingreso que le permita colaborar tiene que elegir entre pagar los servicios, los medicamentos o tener un plato de comida. Nuestra industria se desangra, los comercios están desolados mientras la especulación financiera compra nuestro futuro, que este ladrón le vende a precio vil.

La unidad de los dirigentes del peronismo, que ya se viene ensayando e insinuando en los últimos meses, debe servir de inspiración para que los militantes dejemos de lado nuestras diferencias puntuales y trabajemos juntos por el triunfo del peronismo que ponga la Argentina otra vez en el camino de un gobierno nacional-popular para recuperar la patria y la felicidad del pueblo, que es su consecuencia lógica.

Hermanos y hermanas de esta hermosa tierra, nuestra madre patria ha tenido un muy brusco rebrote del mal contra el que viene luchando hace ya 208 años. El parásito de la colonialidad infecta todas las funciones vitales. La situación es crítica, el parásito se alimenta con comida de nuestra patria y ya no puede nutrirse adecuadamente. El parásito afecta la cabeza de las más insospechadas formas haciéndola desconocerse como si sufriera alzhéimer, la irrigación llega cada vez más dificultosamente y todo su cuerpo está resecándose, incluso el corazón de la patria late cada vez más tenue frente a la agresividad del agente parasitario. El tiempo apremia. En menos de un año sabremos si nos espera un convaleciente pero alegre camino hacia la vida o un doloroso e inexorable tobogán a la muerte.

Por eso, hermanos y hermanas, vecinos y vecinas, la hora histórica nos pide a gritos la unidad. Se terminó aquel momento en el que podíamos elegir contra quien unirnos. La oligarquía en sus más variadas formas ha elegido unirse contra el peor de sus enemigos: el pueblo argentino. Ellos han logrado dividir sobre lo que ya estaba dividido, están saqueando nuestro oro mientras nos dejan espejitos de colores. Y frente a la misma artimaña con la que nos empobrecieron durante siglos nos uniremos sin el menor resabio de resentimiento y con el más elevado sentido patriótico. Los peronistas tenemos que saber que nuestros problemas no se hallan en el pasado sino en el presente y en el futuro que augura ser negro si no enterramos nuestras diferencias y, como alguna vez dijo la Jefa Espiritual de la Nación, oponemos la fuerza del pueblo organizado a la fuerza brutal de la antipatria.

Reflexiono y no logro encontrar un individuo que encarne mejor la abyección del gorilismo que el ingeniero Mauricio Macri. Un individuo que jamás ha trabajado a lo largo de su vida, cuyo único oficio ha sido el de robar bajo el manto de impunidad construido por su padre, quien —a pesar de despreciarlo en el fondo— lo ha mantenido. Un dirigente que por miedo y por asco por la población argentina se mueve entre vallados y coches blindados, con los aires de una buchonería que irónicamente nos han instalado en el seno de esa misma sociedad. Un presidente con una insólita ignorancia discursiva que nos deja sumidos en la más profunda humillación cada vez que nos representa frente a otros líderes. Un adulto con la conducta de un niño rico incapaz de hacer frente a los problemas que le presenta y se esconde atrás de su escudo mediático y su séquito de neoliberales. Un delincuente en el más cabal e inmoral de los sentidos, que viene de una familia cuya deuda ha recaído sobre nuestro pueblo, que ha contrabandeado autopartes, que ha quemado colchones de la gente de la calle en la Ciudad de Buenos Aires con la fuerza parapolicial UCEP, que ha incurrido en escuchas ilegales dentro de su familia y que nos ha hecho bochornosamente célebres por integrar la lista de presidentes offshore, por mencionar solo cuatro hechos.

La haraganería, la más grosera opulencia, la ineptitud, el desdén por lo popular, la cobardía y la corrupción nos gobiernan. A los peronistas de todos los estamentos políticos que aún no han resuelto integrar la unidad les pregunto: ¿No son éstos los vicios que se contraponen a nuestros valores? ¿No representa Mauricio Macri ese país del que nos queremos liberar? ¿puede un peronista hacer la vista gorda frente al hambre de los niños de su pueblo?

El peso de la historia se posa otra vez sobre nuestros hombros. Cargamos con la más honorable responsabilidad: el destino del país depende una vez más de nosotros y el destino del país nos
llama a unirnos, pesará para siempre sobre nuestras conciencias no atender al llamado. Unidos o dominados. Patria o colonia. No hay una tercera opción. La patria nos implora que nos unamos como pueblo para expulsar al colonizador. ¿No lo veis devorando cual fieras todo pueblo que logran rendir? A vosotros se atreve, argentinos, el orgullo del vil invasor.

Ellos han logrado colonizar el país nuevamente ya es momento de que lo independicemos una vez más. Recuperemos nuestra patria, para luego reconstruir nuestro movimiento y que finalmente emerjan de allí, nuestros mejores hombres y mujeres, que una vez más florezcan mil flores para enfrentar al mundo con más vigor y más integridad que nunca. Sabemos bien que el deber corresponde otra vez a los argentinos y las argentinas que residen en las entrañas populares de la patria, ya que en nuestra Argentina existe una sola clase de hombres y es la clase de los que trabajan, porque —como nos contó el General José de San Martín— a los ricos y los terratenientes no les importa seguir siendo colonia, porque sus hijos se quedarán cómodos y gordos en sus mansiones.

El pueblo argentino y el peronismo están dispuestos a unirse para reconstruir el sueño que alguna vez nos propusieron, porque la patria es el otro, tenga el pañuelo que tenga nos cobija una sola bandera.

Por eso, unidad, compañeros y compañeras. La soberanía nacional del pueblo por la que alguna vez hubo que pagar con sangre hoy está a un precio módico. Sólo nos cuesta dejar
nuestros egos al costado y hermanarnos por una causa superior. Estamos una vez más, resueltos a ser pujantes e independientes, nuestra patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas.

Seamos libres, lo demás no importa nada. ¡Viva la patria!

*Juan Goncebat