La Aripuca era una trampa de origen guaraní utilizada para capturar animales cuya ingeniería se activaba cuando las presas pisaban el palito y la estructura de madera se les caía, dejándolos atrapados.

De igual manera, vivimos en una sociedad que posee su propia Aripuca, en la que quedamos atrapados cuando el poder real se sale con la suya y nos enfrenta en guerras dicotómicas como esta última, que usó el fanatismo que se manifiesta de manera tan visceral entre los hinchas de River y Boca.

Rara vez el poder real se deja ver y es porque su esencia radica en operar entre las sombras. Sin embargo, lo ocurrido el pasado 24 de noviembre, alrededor de las tres de la tarde, en la esquina de Avenida del Libertador y Monroe quedará en nuestra retina porque pudimos entrever su silueta. Fueron solo unas fracciones de segundo, pero lo vimos. Vimos cómo se liberó una zona, vimos cómo la sinergia arrastró al micro para que impacte contra una marea humana al mejor estilo “Danza con Lobos”, vimos cómo ya estaba programado —incluso, horas antes— al colocar montículos de piedras que tentaban a cualquiera y vimos cómo la fuerza pública esperó a que tiren la última botella para reprimir a la barrabrava. También lo volvimos a ver en Paraguay cuando se negociaba por debajo del escritorio y, con un sello cosmopolita, se entregaba la final de la Copa Libertadores de América a la FIFA para que la remate al mejor postor.

En esos instantes lo vimos. El poder real se personificó como el Agente Smith de Matrix en cada uno de los actores involucrados (barrabravas, funcionarios, dirigentes) que fueron cómplices y actuaron en connivencia con aquel.

Un poder que no entiende de izquierda o derecha, ni tampoco de límites o fronteras. Que aprovecha las debilidades de los actuales Estado-nación de los países tercermundistas derivadas de la globalización y teje una red global supranacional que controla, incluso, a la institución más determinante que posee el Estado, aquella que monopoliza el empleo de la fuerza y la violencia. Porque, así como el Estado es quien dispone de las fuerzas públicas, también es el Estado quien tiene la capacidad de “liberar una zona”. Por ese motivo tuvo que renunciar el exministro de Seguridad y Justicia, Martín Ocampo, ya que fue la cara visible sobre la que recayó toda la culpa de las pedradas al micro que transportaba al plantel de Boca Juniors, aunque también fueron responsables el Estado provincial y el nacional. Sin embargo, no vimos a Cristian Ritondo ni a Patricia Bullrich renunciar a su cargo. De hecho, si lo hicieran, eso no evitaría que el poder real siga operando, ya que ellos solo fueron sus títeres, como también lo fue la dirigencia de ambos clubes que no se plantó y entregó a las elites económicas un espectáculo que pertenecía al pueblo.

Florentino Pérez, el poderoso presidente del Real Madrid y hombre con enormes negociados con los peajes en la Argentina, lo que permite inferir su sociedad de facto con Mauricio Macri y con el poder real de un modo general.

En esta red de complicidad que opera de forma supranacional, no podemos dejar de mencionar un nodo que se conecta entre Mauricio Macri con el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Este último es uno de los accionistas más importantes del Grupo Abertis, el cual posee en la actualidad la concesión (hasta 2030) de las autopistas y peajes de Acceso Norte y Acceso Oeste de la provincia de Buenos Aires y, además, es el principal ejecutivo de la constructora ACS S.A fundada en 1997 y diversificada en distintas empresas con un total de 220.000 empleados y considerada la empresa de infraestructura más importante del mundo, cuya ganancia neta en nuestro país en el año 2016 (según Página/12) fue de U$S 855 millones.

Pero la red de involucrados continúa y, como en un videojuego que a medida que se avanza de nivel los personajes se hacen más poderosos, lo mismo sucede con esta búsqueda por identificar al poder real. No podemos no mencionar al presidente de la CONMEBOL, Alejandro Domínguez y al de la FIFA, Gianni Infantino. Los derechos de la televisación que pagó Fox Sports por este partido ascendieron a unos 800 millones de pesos debido al nuevo atractivo que residía el disputarse en el Santiago Bernabéu, obviamente, cobrado por ambas entidades, pero desconociendo la parte de la torta que le tocó a cada uno.

Pero, ¿quién tiene el poder real? ¿Mauricio Macri, Florentino Pérez, Gianni Infantino o Alejandro Domínguez? Al igual que como asegura Manuel Castells en su libro Comunicación y Poder, si planteamos esta cuestión de forma unidireccional, entraríamos en un “callejón sin salida” al intentar “determinar la fuente de poder como una entidad única”. En realidad, todos operan y son funcionales a un poder en forma de red que se activa cuando se combinan objetivos y se comparten recursos. Todos los personajes nombrados más arriba detentan ese poder cuando al mismo tiempo se conectan y hacen que la red se encienda como un árbol de navidad.

Pero nada de esto podemos ver ya que existe un tipo de zoncera derivada de los colores, la pasión y el fanatismo que nublan nuestra racionalidad y nos llevan a olvidar todo lo ocurrido aquel sábado 24 de noviembre, quedando todo reducido a una chicana de los hinchas de River hacia los de Boca por haber ganado el supuesto partido más importante de la historia.
Evitemos pisar nuevamente el palito que nos pone el poder y que nos hace creer que por culpa del comportamiento de nuestra sociedad no pudimos gozar de la final más atractiva del fútbol mundial.

Lo sucedido en la esquina de Libertador y Monroe debe servirnos como experiencia para entender cómo opera el poder real. Esta es la única manera de combatirlo. Cuando logramos verlo y nos cae la ficha de cómo se maneja, lo sacamos de su escondite y lo dejamos como a presa herida en el desierto a la espera de que el pueblo se la devore y, en ese instante, la pelota se dejará de manchar para que podamos salir de la Aripuca.

*Mauro Brissio