Mucho se ha hablado en los últimos tiempos sobre la libertad, la inclusión y los derechos de los seres humanos, pero en la batería de discursos, proclamas, reclamos y exigencias en torno a estas cuestiones no ha habido nunca una expresión tangible de lo que realmente significa ser libres. ¿Y por qué esta afirmación? Porque quien repite consignas prefabricadas no está siendo libre, ya que ha relegado su capacidad de pensar y discernir en pos de la confirmación y defensa de aquello que cree justo, pero que no sabe o no está preparado para explicar. Porque la libertad está ligada profunda y directamente con la capacidad de comprender el mundo y de decidir, una vez obtenida la herramienta de la comprensión, qué queremos y podemos llevar a cabo como individuos para sumar al conjunto y construir el bien común.

En este sentido, las luchas intestinas que se han llevado adelante a lo largo y ancho del 2018 tienen todas un mismo marco teórico: lo individual como imposición a lo colectivo. Porque cuando hablamos de ampliación de derechos en un contexto de pérdida de los mismos, de desfinanciamiento de los sistemas de salud, de educación, de trabajo y de seguridad social, en realidad lo que estamos haciendo es un foco en sector determinado mientras que el resto queda invisibilizado por causa de aquello. Pero antes de que piensen que en esta descripción (que es objetiva porque habla de minorías y mayorías, sin hacer juicio de valor sobre las causas) hay una negación a una parte en beneficio de la otra, vamos a decir que hay una lógica y una articulación de argumentos que buscan simplificar y hacer accesible esta cuestión para evitar que este año que acaba de comenzar siga siendo marcado por las divisiones morales y personales.

Dentro del esquema antes descrito, tenemos que considerar los objetivos del gobierno de la Segunda Alianza Cambiemos para comprender por qué afirmamos que aquí no hay libertades adquiridas sino esclavitud edulcorada. Para la administración actual, la Argentina es fuente de riquezas innumerables que no sólo provienen de los recursos naturales e industriales que poseemos, sino también de los recursos humanos y del capital que generamos con nuestra fuerza de trabajo todos los argentinos, tanto los que estamos en actividad como los que ya han pasado a la etapa de júbilo pago. En otras palabras, lo que viene a hacer Macri con su equipo es un saqueo sistemático y progresivo de todo cuando produzca riqueza, no sólo para beneficio de los propios sino también y por sobre todas las cosas, para incrementar el poder de los capitales financieros y de las corporaciones que administran y definen los destinos de muchas naciones en el mundo de hoy.

En este contexto, cualquier aparente avance en materia de derechos de las minorías (de cualquiera de ellas) es sólo eso, una apariencia, ya que hoy estamos atravesando el momento más crítico en cuanto a acceso universal a derechos previamente adquiridos. Porque lo que antes era una obviedad, como para un jubilado tener acceso a los medicamentos que le asegurasen una mejor calidad de vida, hoy es un privilegio que unos pocos y cada vez menos tienen la posibilidad de disfrutar. Sin embargo, la creencia de que la habilitación de las discusiones morales y de la vida particular de los individuos es una puerta abierta a la adquisición de mejores condiciones de existencia y a una ampliación de derechos es fuertemente contraproducente, ya que en el afán de ir detrás de aquello que se considera justo y necesario, se deja de lado la contemplación del marco estructural e institucional que haga posible la puesta en práctica de cualquier derecho adquirido durante una administración que ha desguazado al Estado para vendérselo a los capitales foráneos.

Ejemplo claro de ello es la discusión por la ley de interrupción voluntaria del embarazo, ya que luego de estar en debate durante casi todo el año que terminó y de haber fragmentado a la sociedad en torno a la opinión personal de cada uno sobre una cuestión de salud pública, finalmente la ley fue rechazada e inmediatamente luego de eso, el Ministerio de Salud fue degradado a Secretaría y su cartera presupuestal fue fuertemente rebajada, dejando una cáscara vacía incapaz de llevar a cabo ni siquiera lo que ya tiene contemplado en materia de salud al día de hoy. Es decir, aún si hubiera salido la ley de IVE, los hospitales públicos no estarían en condiciones de realizar ningún aborto ya que apenas tienen insumos para las guardias, si es que tienen una en el mejor de los casos.

Y el ejemplo sirve para graficar lo que indicamos al comienzo: la libertad no tiene que ver con la posibilidad de expresarse a favor o en contra de algo en particular, sino con la garantía de hacerlo en un contexto en el que todo pueda ser amparado y resuelto por un Estado que se ocupe de acercar la mayor cantidad de derechos y obligaciones al conjunto de la ciudadanía que representa. Hoy no estamos viviendo en condiciones de libertad, de ninguna manera: cada día que los precios de lo que necesitamos para vivir aumentan, estamos siendo coartados de nuestra libertad de decidir qué hacer con el capital que con nuestro esfuerzo producimos. Cada día en el que nos expresamos sobre cualquier tema y como respuesta recibimos un insulto o un desagravio no estamos siendo libres, estamos siendo reprimidos por nuestros propios compatriotas. Y cada día que pasa en este estado de sumisión involuntaria estamos siendo menos nosotros mismos y más lo que el poder antipueblo quiere y necesita que seamos.

Por ello y para redondear, hay que tener muy en claro de qué hablamos cuando hablamos de libertad, porque en palabras de Juan Domingo Perón, “(…) La libertad debe arrancar desde el punto en que haya sido afianzada definitivamente la seguridad social, la familia y la defensa nacional. Una libertad sin seguridad de vida, de trabajo, de educación y vivienda digna, es una falsa libertad. Poseer la libertad para morirse de hambre, es un sofisma que constituye materia de engaño para quienes trafiquen haciendo cortinas de humo para ocultar intenciones. Recién después de obtener para los hombres de esta tierra la fe en los destinos individuales y colectivos, una porción efectiva de bienestar material y una parte real de justicia, se puede alcanzar la libertad. Esto no es restringir la libertad, sino, justamente, imponerla y asegurarla para todos.”

*Romina Rocha
(para Revista Insomnio)