Al hablar de micromilitancia y de empezar desde ya a persuadir gente de cara a las elecciones de octubre —las más importantes de nuestra historia reciente, como solemos decir—, siempre aparece el cuestionamiento que termina inviabilizando la propuesta de salir a micromilitar en el cortísimo plazo, esto es, ya mismo: todavía no están los candidatos definidos.

“Los candidatos no están y no podemos decir nada todavía”, argumenta el que confunde la militancia, la persuasión en un sistema de ideas determinado y la disuasión en el sistema opuesto, con pedir el voto puntualmente para esta o aquella lista que viene encabezada por este o aquel individuo.

Pero la definición de los candidatos no puede ser impedimento para que empecemos desde ya a aportar nuestro granito de arena a la construcción de la nueva mayoría necesaria para la superación del actual modelo de saqueo y muerte por un gobierno de tipo nacional-popular. Por el contrario: la indefinición de los candidatos simplifica por el momento la tarea, porque la convierte en una labor de simple demolición. Esta es la etapa de instalar la idea de que hay una fuerza política a la que no hay que votar de ninguna manera.

Cuando los candidatos estén definidos y sus propuestas ya tengan estado público, entonces sí habrá que construir consenso alrededor de esos candidatos y de esas propuestas ya a la vista de todos. Mientras tanto, se trata solamente de disuadir al “ni-ni” de la pésima idea de volver a votar a Cambiemos, sean los que fueren los candidatos que presente esa fuerza que hoy detenta el poder político y desde allí nos destruye día a día.

Pero ese proceder todavía no está generalizado, aunque ya está terminando el mes de enero y vamos a entrar pronto por febrero del año electoral. No hay una actitud de empezar desde ya a construir consenso en la esquina del barrio, en el café, en la fila de la carnicería o en el lugar de trabajo de cada uno. Lo que se ve son dos actitudes más bien especulativas, muy potenciadas por el uso excesivo de las redes sociales.

La primera es lo que en esta casa llamamos “libro de apuestas”, con todos haciendo el prode de quienes van a ser los candidatos, a ver quién la pega. Y meta especular que Cristina con Massa de vice, Kicillof a la Provincia o quizá no, quizá mejor Magario, eso si Vidal no adelanta las elecciones entonces Cristina podría ir a la Provincia, ganarle a Vidal y luego presentarse otra vez por lo otro… y así con todas las combinaciones que uno pueda imaginar, en las que entran Lavagna, Berni y hasta el bueno de Cuneo, entre tantos otros. ¿Se presenta Moreno? ¿Qué hará Duhalde? Pura especulación, porque ninguno de nosotros conoce realmente lo que pasa en las mesas de negociación ni jamás lo conocerá.

La segunda actitud es la actitud propia del talibán, la de afirmar una posición a lo Randazzo y decir que “es esto o nada”. Todo candidato a precandidato en el amplio abanico nacional-popular tiene sus propios talibanes, pero nadie los tiene en mayor cantidad que Cristina. Entonces esto es un show de declaraciones al grito de “si no es Cristina, no hago campaña ni voto”. Eso tiene que ver con una certeza que existe entre el kirchnerismo, la de que nadie va a garantizar la continuidad del proceso que se detuvo en el 2015 mejor que Cristina, porque justamente ella es el artífice de dicho proyecto junto a Néstor. Y Néstor ya no está. Luego, si no es Cristina, no hago campaña ni voto.

Ambas actitudes son especulativas porque, como decíamos, no tenemos ni idea de cómo se van a armar las listas. Y, además de no saberlo, tenemos otra en contra: no podemos hacer nada al respecto, no tocamos ningún pito en las negociaciones y literalmente nos superan. En una palabra, esta rosca no es nuestra. Es de los que están sentados en la mesa.

No vamos a elegir los candidatos, esa es la verdad. En todo caso, los podríamos elegir en elecciones internas si las hubiera, pero estaríamos siempre en la misma porque no podemos elegir las opciones. Lo único que podemos hacer es elegir entre las opciones que resulten de las negociaciones que se llevan a cabo en otro nivel.

¿Está mal que eso sea así? No, porque ese es el sistema de representación que importamos de Occidente y que con mucha liviandad llamamos “democracia”. Funciona así en todas partes donde dicho sistema existe y, parafraseando a Fernando Niembro, al que llaman Don y es solo un vulgar ladrón, el que quiera democracia directa que se vaya a vivir a Cuba, donde los candidatos se deciden a nivel barrial o distrital y cualquier individuo puede intervenir en la discusión. Acá eso no pasa.

En los países de Occidente y en sus semicolonias, que es la parte que nos toca, la cosa no funciona como en Cuba. Ponernos a especular o, aun peor, tratar de imponer la opinión sobre quien tiene que ser el candidato es absolutamente estéril. Una total pérdida de un tiempo que escasea y que podríamos estar invirtiendo en explicarle al de al lado por qué no conviene volver a votar a Cambiemos.

También es estéril gritar ahora que si el candidato no es el que uno quiere, entonces uno no milita ni vota. Es estéril porque no es así en la práctica: con el correr de los meses uno se acomoda, hace campaña, milita y vota igual, como sucedió con Scioli en 2015. El problema acá es que se pierde tiempo y a veces es imposible recuperarlo. A veces se arranca demasiado tarde y por eso se pierden las elecciones, y el ejemplo de Scioli en 2015 es de nuevo ideal para demostrarlo.

Al igual que en el 2015, la definición de los candidatos es lo menos importante porque el candidato es el proyecto. No existe razón por la que no podemos empezar desde ya a discutir otro modelo de país con nuestros vecinos, familiares, amigos y compañeros de trabajo y de estudio. Lo tenemos que hacer todos los días y mucho más en un año electoral.

La definición de los candidatos no nos corresponde. Lo que sí nos corresponde en convencer a los que tenemos cerca de que no sirve volver a votar como en el 2015, para empezar. Y luego persuadir para que voten a la lista del proyecto nacional-popular cuando las listas ya estén confeccionadas. Si confiamos en la conductora, tenemos que confiar en que esas listas van a estar y van a ser todo lo mejor que puedan ser como resultado de negociaciones en las que los soldados no participamos, porque somos los conducidos.

Eso se llama ser orgánicos y lo opuesto a eso, como ya sabemos, es el trotskismo. No somos trotskistas porque tenemos conducción.