El atento lector seguramente recordará —y si no recuerda, refiera al video al final de este texto para recordar— a Daniel Cantieri, ese entrañable compañero que al ser detenido por la policía en una marcha se despachó con una de las más deliciosas y gratas definiciones que el oído de un peronista puede escuchar.

El amigo Cantieri fue abordado por Cynthia García cuando lo llevaban esposado dos agentes de policía tras ser reprimido en una protesta contra el gobierno de los ricos. De su frente brotaba la sangre que daba testimonio de la represión sufrida. En ese momento, preocupada por el destino de aquel militante que era llevado por la fuerza a lugares que se desconocían, Cynthia García tuvo el noble y atinado gesto de no preguntarle nada más que su nombre y pedirle un número de teléfono para comunicarse con sus familiares.

Y allí empezó el show de Cantieri.

“El teléfono me lo sacaron hace un año. Vivo en Ciudad Evita. Mis familiares que se vayan a la puta que los parió, porque son gorilas”.

Y se fue Cantieri, esposado, ensangrentado, el cuerpo cubierto de mugre del campo de batalla. Se fue Cantieri arrastrado por dos agentes de policía más fríos que progre cuando escucha la Marcha Peronista.

El video fue viral en 2017 y durante todo el verano que entró por el 2018, todos gozamos con la expresión ocurrente y justa de Daniel Cantieri. Y eso estuvo muy bien.

Estuvo muy bien en ese momento, porque la era de Cantieri ha tocado su fin. Ahora llegó el momento de ir a buscar a nuestros familiares “gorilas” y hacerlos entrar en razón.

¿Por qué? Porque no son gorilas, un trabajador no puede ser gorila. La categoría de gorila está reservada exclusivamente para las clases dominantes, que naturalmente son antiperonistas porque el peronismo no les conviene. El peronismo es la expresión política de los pueblos y los pueblos no pueden ser antipueblo.

El individuo de clase popular, trabajadora o de los sectores medios de nuestra sociedad —ese familiar, amigo, vecino o compañero de trabajo o estudio— no es gorila, sino que está confundido. Su confusión resulta en la defensa de intereses que no solo no son los suyos, sino que además están en directa contradicción con sus intereses reales.

En una palabra, el “gorila” de los sectores populares y medios está siendo manipulado por los gorilas verdaderos y la finalidad de esa manipulación es su propia destrucción, la del “gorila” entre muchas comillas.

Uno de los principales esfuerzos que vamos a tener que hacer durante este año electoral será el de dejar de iniciar cualquier conversación poniendo en frente de entrada al otro, salvo en el caso de los trotskistas, que son irrecuperables. Cuando se trate de un amigo o familiar, un conocido nuestro que no tiene afiliación política, ese individuo es técnicamente un “ni-ni” y es, por definición, objeto de persuasión.

La imagen icónica de Daniel Cantieri, un símbolo de la resistencia militante que pone el cuerpo y aguanta las consecuencias nefastas de la derrota.

Pero si a la primera expresión desagradable que salga de la boca de ese “ni-ni” confundido le ponemos el sello de “gorila”, lo que vamos a lograr es que se lo crea. Vamos a lograr que un piojo resucitado como cualquiera de nosotros se crea un gorila, crea que pertenece a las clases dominantes cuando, en realidad, está sudando la gota gorda para pagar las facturas de gas y luz.

Y, como sabemos todos, ningún individuo de clase dominante suda para pagar una factura. En realidad, los ricos de verdad, que son los gorilas en serio, no sudan por ningún motivo en absoluto, porque ya tienen toda la vida resuelta de aquí a las próximas quince generaciones que lo sucedan.

La micromilitancia como parte del esfuerzo para construir una nueva mayoría incluye el sacrificio de ir a buscar a esos “gorilas” de nuestro círculo de amistad o familiar, mirarlos bien a los ojos, soportar las barbaridades que dicen con amor y paciencia y convencerlos. No de que no tienen la razón, que eso no tiene objeto. Convencerlos de que pueden, en la privacidad del cuarto oscuro, votar de otra manera para tener una vida diferente.

Cantieri deberá hacer lo propio, buscar a sus “gorilas” y convencerlos. Y para lograrlo podrá utilizar el clásico argumento que tranquiliza la conciencia del “ni-ni” indignado: “Votala, nadie te ve. Después puteala todo lo que quieras y encima te va a ser más cómodo que seguir defendiendo un gobierno que te maltrata y no podés justificar”.

Todos ellos saben que estaban más cómodos con el gobierno nacional-popular en todos los aspectos, económica y moralmente. Saben que llegaban tranquilamente a fin de mes y saben que es mucho más fácil ser piedra que vidriera.

Y con Macri son vidriera, además de pasarla mal.

No importa por el momento lo que piensen. No los vamos a cambiar de acá a octubre. Lo único que importa es que voten mejor que en el 2015.

Gracias, compatriota y amigo Cantieri. Ya tenés un lugar asegurado en nuestro panteón de los justos, pero a partir de ahora necesitamos algo distinto para ganar las elecciones. Ya no los podemos mandar a la puta que los parió: necesitamos que voten bien en esta.