La praxis de la política entendida como lucha por el poder en el Estado indica que dicha lucha es una cuestión de tiempo. O, mejor dicho, de tiempismo y de saber aprovechar el momento.

En el caso de los que están en oposición, al lograr poner en evidencia su causa y sus consignas, lo fundamental es aprovechar el momento y arrebatar el poder mientras dure ese momento. Para el que tiene el poder político en el Estado, por el contrario, se trata de capear la tormenta y aguantar el asedio sin sucumbir. En Venezuela Juan Guaidó está en oposición y no supo aprovechar el momento. Maduro tiene el control del Estado, viene aguantando las embestidas sin trastabillar y ahora ese aguante empieza a dar sus resultados.

El diario estadounidense The New York Times anuncia en el día de hoy —dos semanas después de aquel intento de invasión al territorio venezolano bajo el disfraz de “ayuda humanitaria”— que el incendio a los camiones que nunca lograron cruzar la frontera hacia Venezuela fue obra de la misma oposición y no de los “hombres de Maduro”, eliminando de paso la expresión “régimen” de su semántica y tirando abajo todo el relato construido en dos semanas.

Nota del New York Times en el día de hoy, en la que el reportaje la da un durísimo palo a la narrativa del gobierno de los Estados Unidos y afirma que la cosa es al revés de lo que venían tratando de instalar.

Como era de esperarse, otros medios por todo el mundo como O Globo de Brasil y La Sexta de España, entre muchos otros, levantan la noticia del Times de Nueva York y ahora dicen lo opuesto a lo que venían afirmando desde el 23 de febrero. Es decir, empiezan a desmentirse porque el neoyorkino Times los está desmintiendo.

¿Por qué? Porque Maduro aguantó, el momento de Guaidó pasó y ahora empieza a caerse toda la operación de la CIA que tenía por objetivo derrocar al gobierno legítimo de Venezuela para instalar a un “presidente encargado” y autoproclamado en su lugar.

La cuestión es aguantar. En septiembre de 2002, el gobierno de Gran Bretaña —el mejor títere de Washington en Europa— difundió un informe en el que afirmaba que Saddam Husein tenía armas de destrucción masiva. Los medios occidentales ya habían instalado en la opinión pública internacional que Saddam Husein era un “dictador” (sí, al igual que Maduro, Chávez, Allende, Gadafi, Al-Assad, Perón, Rosas, Solano López y un largo etcétera) y lo de las armas de destrucción masiva fue la excusa que les faltaba a los Estados Unidos para invadir Irak, reducir el país a polvo y capturar a Saddam Husein.

El “dictador” Saddam Husein fue ahorcado en 2006 después de un juicio amañado en el que apenas le permitieron hablar e Irak ahora transita una etapa intermedia de la Edad de la Piedra, que es lo que quedó de los bombardeos de los yanquis.

Nota de O Globo de Brasil, como siempre, repitiendo la letra de los medios del imperialismo. Pese a que este diario brasileño es uno de los más feroces detractores de la Revolución Bolivariana en América Latina, fue obligado por el Times a decir claramente que las “imágenes contradicen la versión de la oposición, de los EEUU y de Colombia”.

Saddam Husein no pudo aguantar hasta que pase el momento y fue derrocado. Años más tarde, la BBC de Londres reconoció que era todo mentira, que no había armas de destrucción masiva en Irak y que, al fin al cabo, Saddam Husein no era el demonio que habían hecho de él.

Saddam Husein no fue ningún demonio, fue el líder del Partido Baaz Árabe Socialista, el mismo que gobierna hoy en Siria con Bashar Al-Assad, otro “dictador”, como ya sabemos. El Partido Baaz Árabe Socialista sostiene el nacionalismo árabe, la justicia social y la integración regional. Sí, el Baaz es una forma de decir peronismo en los países árabes.

Hay una línea que conecta a todos los “dictadores” del mundo y los pone bajo la mira del imperialismo de todos los tiempos. En esencia, no hay diferencia entre Maduro, Saddam Husein, Fidel, Allende y Bashar Al-Assad. Todos ellos tienen el común el rechazo al imperialismo y la firme resolución de lograr la liberación nacional en sus países y regiones. Y por eso el imperialismo construye sobre ellos un relato orientado a instalar en la opinión de las mayorías la idea de que son dictadores, tiranos, genocidas, portadores de armas de destrucción masiva o el propio demonio. Ese relato va creciendo hasta culminar en la invasión del territorio y la derrocada del “dictador” que lo venía defendiendo.

Saddam Husein, pintado como “dictador” por los yanquis en el relato previo a la invasión y destrucción de Irak.

Los medios dominantes son medios de las corporaciones y son, por lo tanto, empresas privadas a las que nada de lo que esos “dictadores” sostienen les es funcional. Por lo tanto, todo el relato de esos medios es una mentira y la mentira, como sabemos, tiene patas cortas: el que sepa aguantar en el tiempo triunfa, porque la verdad termina apareciendo en las páginas y pantallas de esos mismos medios.

Bashar Al-Assad viene aguantando hace casi una década y está haciendo la soberanía nacional de Siria en el proceso. Maduro debe hacer lo mismo, debe resistir y esperar a que pase el momento de los golpistas y del imperialismo. Dice el buen sentido popular que siempre que llovió, paró. La cuestión es no dejarse mojar mientras llueva: es solo una cuestión de tiempo hasta que salga el sol en el horizonte de los pueblos.