La posmodernidad mediática, decimos siempre, se caracteriza entre otros aspectos por ser la era de la sobreinformación. Todos los días las “noticias” embisten minuto a minuto al hombre promedio con la intensidad de una avalancha y así, bajo el alud que va quedando, no solemos ser capaces de distinguir entre lo que es humo y lo que es información realmente útil.

Claro que el 99% de lo que consumimos como información a diario de los medios tradicionales, del bombardeo publicitario y de las redes sociales es puro humo en el sentido de que no aporta conocimiento útil para comprender la realidad. Casi toda esa información es irrelevante para el propósito de entender qué es lo que realmente está pasando, solo tiene la finalidad de “divertir” —en el sentido militar del término— esto es, distraer la atención para que el restante 1% de la información pase inadvertido.

Entonces la cuestión para los que deseamos liberarnos de esa sujeción por manipulación es saber determinar qué es lo que importa o cuáles son las noticias que entran en ese 1% con real relevancia para comprender la realidad. ¿Pero cómo?

Debido a la enorme concentración de los medios en manos de las corporaciones, en Argentina existe un método para determinar la importancia de una noticia o, en una palabra, para saber si la información recibida es humo o si aporta a la comprensión de la realidad. Ese método es la observación del comportamiento de los que dan las “noticias”, pero de una manera objetiva.

El método es objetivo: no se trata de evaluar el tratamiento dado por los medios a la información, lo que requiere una buena cantidad de análisis, comparación e historización, además de no resultar del todo claro a veces. Se trata de ver lo que los medios muestran y lo que los medios ocultan, aplicar un criterio de proporción inversa y leer los silencios.

La llamada “causa de los cuadernos de Centeno” ha tenido miles de horas de exposición mediática en los últimos meses, ha ocupado la gran mayoría de los zócalos de los canales, los informativos de las radios y los titulares de los diarios. Hicieron correr ríos de tinta con lo supuestamente anotado por el “chofer” en unos cuadernos que se habrían quemado en una parrilla y de los que solo existen las fotocopias de las fotocopias. ¿Y entonces? Entonces que si lo tienen que gritar tanto, es porque allí no hay nada en absoluto y eso es humo, está en el 99% de la información irrelevante que con la que el hombre promedio es bombardeado todos los días.

Al no haber nada concreto en esas fotocopias de cuadernos que además se escribieron en modelos de cuaderno que solo vendrían a ser fabricados después de los hechos que el autor pretende haber relatado (una imposibilidad manifiesta que no parece escandalizar a nadie), tienen que darle a eso una exposición exagerada, que es para crear un relato sobre lo que no pasó. Como el que presume de lo que en realidad carece, la importancia que los medios dominantes le dan al asunto es inversamente proporcional a la importancia que realmente tiene.

La exposición del método para definir el nivel de importancia de la información que hacíamos hoy en Twitter, ante la muy sospechosa caída de Facebook.

Por el contrario, lo expuesto hoy por el juez federal de Dolores Alejo Ramos Padilla en el Congreso de la Nación es lo que realmente importa para comprender la realidad de nuestro país en la actualidad y en las últimas décadas. ¿Por qué? ¿En qué nos basamos para afirmar eso? En que el poder fáctico ha invertido hoy todo lo que tiene para que la exposición de Ramos Padilla tuviera ninguna visibilidad y entonces, utilizando el mismo método de la proporción inversa, eso tiene que tener mucha más importancia de lo que podemos imaginar.

El blindaje mediático no es censura, no es una cuestión de ocultar absolutamente todo lo que sea inconveniente para los intereses de los dueños de los medios, que son los dueños del mundo entero. El blindaje mediático es la analogía maquiavélica de la economía de la censura, es poner el esfuerzo de blindaje sobre lo que realmente molesta y dejar pasar lo que no hace tanto daño en un momento dado.

A tres años del inicio del gobierno neocolonial, los datos de la economía ya no se ocultan en los medios de difusión. Si la inflación sube, los medios ya dicen que sube; si cierran fábricas, los medios ya lo dicen. ¿Por qué? Porque no quieren gastar el blindaje en lo que ya no tiene importancia porque no se puede ocultar y porque el gobierno neocolonial ya se termina. Entonces los medios no van a quemar lo poco que les queda de credibilidad diciendo que no llueve cuando sí llueve. Los medios utilizan ese blindaje con sabiduría para tapar lo que realmente importa.

Hoy el juez Ramos Padilla implicó a colegas suyos del Poder Judicial, a dirigentes políticos del poder real, a “periodistas” (operadores a secas) de los medios que controlan el blindaje, a todo el mundo. Eso es muy grave y puede destapar una olla enorme. Si se visibiliza lo que el juez Ramos Padilla está investigando y descubriendo, el resultado puede ser un terremoto del que las estructuras del propio poder no se van a salvar.

He ahí que en el día de hoy el poderoso puso toda la carne en el asador y aplicó la totalidad del blindaje para ocultar la exposición del juez Ramos Padilla: silencio en todos los canales, en todas las radios y hasta una muy sospecha caída de la red social más popular entre las mayorías, que es Facebook. Todo lo que el poder tiene para ocultar un hecho importante se utilizó hoy, todos los recursos fueron invertidos. Quemaron las naves y ahí, en lo inversamente proporcional, está la verdad: si para el poder fáctico la exposición del juez Ramos Padilla debe ignorarse por tener cero importancia, es porque en realidad tiene máxima importancia. No hay nada más importante para el futuro de la Argentina que el contenido de la exposición de hoy en Congreso.

El periodismo entendido como la visibilización de la realidad por los medios de difusión para que el pueblo sepa de qué se trata es una entelequia en este siglo XXI. Los medios no existen para informar, sino para manipular y garantizar el control de las mayorías. Si los medios alguna vez existieron con la finalidad de informar, de permitir el conocimiento de la realidad por parte del hombre promedio, eso ya no existe. Los medios existen precisamente para que nadie sepa de qué se trata fuera de un círculo muy cerrado de dirigentes. Los medios de comunicación existen para que no haya comunicación.

Es posible que lo expuesto por Ramos Padilla no tenga todas las consecuencias que debe tener por la gravedad de su contenido. Si eso pasa y no caen los que tendrían que caer, entonces como sociedad habremos perdido la oportunidad de lograr un cambio verdadero, que es un avance sobre las estructuras de los que se dedican al saqueo. Y si eso pasa, buena parte de la responsabilidad la tendrán los medios y los “periodistas”, que a esta altura ya son soldados de un ejército de ocupación y están impidiendo el progreso de su propio país. En lo que resulte de la exposición de hoy en el Congreso de la Nación estará la diferencia entre colonia y patria y por eso mismo el diario lo quiere tapar y no hacer tapa.