En la trilogía de El Padrino, Lee Strasberg interpreta a Hyman Roth, un judío encumbrado en los niveles más altos de la mafia siciliana de los Estados Unidos. Roth aparece un poco ex nihilo en la segunda parte de esa trilogía, sin que haya ninguna mención a él en la primera parte. En realidad, el director de El Padrino pretendía introducir a Hyman Roth y explicar su repentina aparición en una escena que finalmente fue eliminada de la edición final de la parte II. En dicha escena —que casi nadie vio, porque justamente fue eliminada—, Hyman Roth es un mecánico de automóviles en el distrito neoyorkino de Little Italy a principios de los años 1920 y todavía se llama Hyman Suchowsky. El gordo Peter Clemenza entonces entabla con él una amistad y se lo presenta al joven capo Vito Corleone, quien le sugiere al mecánico que venga a hacer “negocios” con la “familia” y que de paso cambie de nombre. Como Suchowsky dice admirar a Arnold Rothstein, el famoso amañador de resultados deportivos para el mercado de las apuestas en los Estados Unidos de esa época, Corleone le sugiere que empiece a llamarse Hyman Roth de allí en más, en un homenaje a Rothstein.

La escena, como decíamos, fue borrada y Hyman Roth aparece de la nada, aunque como la cosa más natural del mundo, en la parte II de El Padrino. Y aparece ya haciendo negocios con Michael Corleone en Miami y en La Habana. Es en esta ciudad que está a escasas horas de ser asaltada por Fidel Castro en vísperas del año nuevo en 1958 donde Roth tiene una reunión con Michael Corleone y apela a la amistad que tenía con el padre de este para convencerlo. Roth quiere que un renuente Corleone invierta en los negocios que él, Roth, hace en la isla con el beneplácito de un “gobierno amigo”, la dictadura de Fulgencio Batista que estaba entonces a punto de ser derrotada por la Revolución. En esta reunión, Roth le dice a Michael Corleone:

“Just one small step, looking for a man who wants to be president of the United States, and having the cash to make it possible. Michael, we’re bigger than U.S. Steel”. (“Es solo un pequeño paso, buscando a un hombre que quiera ser el presidente de los Estados Unidos y teniendo el suficiente dinero para lograrlo. Michael, somos más grandes que la industria siderúrgica nacional”.)

La referencia es a un personaje real: Meyer Lansky, un mafioso judío estadounidense nacido en Rusia que operaba hoteles, casinos y toda suerte de vicios en Cuba cuando Cuba todavía era un putero de los Estados Unidos, es decir, antes de que llegara Fidel y mandara a parar. Lansky decía que la mafia era más grande que la industria siderúrgica de un país que por entonces era el Nº. 1 del mundo en fabricación de acero. Y que la mafia, por lo tanto, tenía la capacidad y dinero suficientes para imponer un presidente en ese país.

Más allá de lo que entonces fue una atrevida novedad y hoy es una obviedad, el que las campañas electorales se ganan con mucho dinero y triunfan los que tienen más, la afirmación de que la mafia es más grande que cualquier industria era cierta entonces y sigue siendo rigurosamente cierta hoy: no existe actividad productiva que mueva más dinero que el delito organizado en todas sus formas, cosa que los hampones de principios del siglo XX ya sabían y el cine de Hollywood algunas décadas más tarde también.

Escena clásica de la reunión entre Hyman Roth y Michael Corleone en El Padrino II: “Michael, we’re bigger than U.S. Steel”. El cine describe la realidad.

Eso es lo que venimos a “descubrir” ahora, ya promediando el primer cuarto del siglo XXI y a cien años de los Rothstein, los Lansky y demás delincuentes de la vida real. La mafia que opera en Argentina tiene ramificaciones internacionales por todas partes y probablemente sea más grande que el mismo país en términos económicos.

Pero como la mafia no es lo que aparece en el relato de El Padrino, tampoco es la ficción del relato de Cambiemos. Se sabe que una de las principales banderas de esta coalición gobernante es el “combate a las mafias”, allí donde hablan del “crimen organizado” y no hacen más que perseguir a algunos peces chicos que insisten en hacer narcomenudeo en los barrios sin participar del negocio grande, que es de ellos mismos. La mafia está justamente en los círculos en los que los dirigentes de Cambiemos se mueven. Los “justicieros” son los verdaderos delincuentes y eso es lo que está quedando en evidencia a partir de la investigación del juez federal de Dolores, Dr. Alejo Ramos Padilla.

Se desprende de la exposición de Ramos Padilla ayer en el Congreso de Nación que la mafia verdadera se vale de servicios de espionaje e inteligencia para sus operaciones, las que se llevan a cabo en el país y el exterior y en las que —acá empieza a complicarse todo a punto de hacerse más grande que la industria siderúrgica mundial— están involucrados los Estados Unidos, Israel, Venezuela e Irán. La mafia es lo más grande que hay porque la mafia es un sector del establishment político a nivel mundial.

Lo que Ramos Padilla expuso ayer no es más que la punta del ovillo de algo enorme. Solo se ha peritado uno de los cuatro discos rígidos secuestrados en los allanamientos, que en sí ya son una infinitésima parte del todo, de lo que ni sospechamos aún y quizá nunca sepamos. La mafia investigada por Ramos Padilla es más grande que cualquier actividad productiva existente y solo puede ser inferior a otras actividades delictivas como el narcotráfico internacional, las compañías de seguros y el “mercado”, que es la timba financiera.

Por lo tanto, la causa que hoy se radica en esta modesta ciudad de Dolores es más grande que WikiLeaks, puesto que en esos cables revelados por Julian Assange se exponen los chanchullos en un nivel gubernamental y hay mucho de la injerencia del imperialismo yanqui mediante su actividad diplomática. En la causa de Dolores también hay de eso, pero hay mucho más: están la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), todos los Estados Unidos; está el Mossad y el gobierno de Israel; está el bloqueo a los intereses comerciales de Irán, lo que ya reflota el asunto de Alberto Nisman y todo lo que ya se sabe; está la petrolera PDVSA de Venezuela y está, por lo tanto, lo que hoy es el centro de la geopolítica mundial. En las investigaciones del Dr. Ramos Padilla van a aparecer relaciones con la guerra que los Estados Unidos y Occidente quieren hacer en Venezuela y Rusia y China quieren evitar, por lo que también están esos gigantes del Este en la cuestión.

Aún no sabemos nada de lo que puede venir en el desarrollo de la investigación y la mayoría sigue pensando que esto tiene que ver exclusivamente con los mal llamados “cuadernos” de Centeno. Pero esa causa ficticia basada en cuadernos que no existen es tan solo un pequeño engranaje de toda la máquina y no sabemos qué magnitud tiene. No lo sabemos, pero al conocer las relaciones a nivel mundial de la mafia que pone y saca presidentes aquí y en todas partes, podemos proyectar lo que puede pasar si el establishment no hace algún acuerdo para evitar que se caiga todo. Ellos son más grandes que la industria siderúrgica y quieren imponerse aquí, en Venezuela, en Irán y en todas partes, hasta que cae un agente de ellos con varios celulares y computadoras. Entonces los grandes somos nosotros, más grandes que WikiLeaks.