Después de varios días de novela mediática potenciada por los frenéticos que resisten con aguante en las redes sociales y están desesperados para ver quién tiene “la posta” sobre lo que está pasando, es posible hoy hacer un balance de todo lo dicho por los opinólogos en general en los medios acerca del viaje de Cristina Fernández a Cuba, país al que llegó para acompañar a su hija en un delicado trance. Y la conclusión es que nadie sabe absolutamente nada.

Desde los mal llamados “periodistas”, vulgares operadores de los intereses particulares aquí y allí, hasta el último comentarista de Facebook o Twitter, todos han arriesgado alguna hipótesis. Por lo que podemos ver ahora al hacer el debido recuento de todas las que surgieron, dichas hipótesis varían entre un exilio de Florencia Kirchner en Cuba por un asunto de ausencia de fueros, una estrategia de Cristina de cara al famoso “operativo clamor” y hasta un renunciamiento de la propia Cristina a lo que algunos consideran es su deber de presentarse, ganar las elecciones y sacarnos del pozo a todos. La variedad de hipótesis presentadas, como se ve, es la prueba de que solo Cristina y nadie más sabe qué está pasando.

¿Y entonces? ¿Cuál sería la finalidad práctica de hacer hipótesis sobre un hecho del que no tenemos toda la información? ¿Qué pretenden los unos y los otros cuando dicen que Cristina ya sabe que Bonadío va a avanzar sobre ella y sobre su hija, y entonces va a refugiarse con su familia en La Habana para evitar la cárcel?

Consideramos que en primer lugar es preciso comprender esto: si ese fuera el propósito real y Cristina estuviera tratando de evitar el destino de Lula, a saberlo, verse encarcelada sin pruebas de que haya cometido ningún delito por un juez absolutamente desquiciado por el lawfare de la embajada de los Estados Unidos, entonces para empezar ninguno de nosotros estaría en condiciones de reprochar o exigirle nada a Cristina. ¿Por qué? Simplemente porque Cristina no nos debe nada, sino más bien todo lo contrario.

Los hechos aquí nos demuestran que Lula es en Brasil un mártir, al igual que Mandela en Sudáfrica en su momento. Lula está preso para que sea posible un proceso político de desposesión de las mayorías, porque de haber estado en libertad ese proceso no tendría lugar o se complicaría muchísimo a punto quizá de no ser viable en absoluto. Lula se sometió a la decisión del juez Moro pensando que así se ajustaba a derecho. Lo que Lula no entendía entonces es que el juez no estaba a derecho y Lula no hizo más que entregarse al enemigo, no a un juez imparcial con el objetivo de hacer justicia.

Los jueces Moro en Brasil y los Bonadío en Argentina no son en esencia distintos a los jueces blancos del Apartheid sudafricano que juzgaron y condenaron a Mandela. Todos son agentes de un régimen determinado y están muy lejos de ser imparciales. Eso es lo que Cristina sabe hoy, teniendo a la vista no solo en caso de Lula en Brasil, sino el de Rafael Correa y Jorge Glas en Ecuador. Cristina ya sabe que el enemigo viene por todo y va a venir degollando, utilizando el poder judicial en el proceso.

Entonces Cristina sabe que Bonadío puede ordenar su detención y hasta la detención de Florencia si eso llega a ser conveniente para el poder fáctico que gobierna hoy en casi todo el mundo de forma absoluta. Si al saberlo Cristina fuera a refugiarse en uno de los pocos países libres de la dictadura del imperialismo, a nosotros no nos correspondería más que desearle mucha suerte y felicidad en ese exilio forzado, agradecerle eternamente por los servicios brindados a la patria y avergonzarnos de nuestra propia inoperancia, porque si esa dictadura existe no es por inacción de Cristina, que hizo todo lo posible para derrotarla. Es porque no hemos sido capaces de evitarla como pueblo-nación.

Todos los argentinos le debemos mucho a Cristina Fernández y esta afirmación es tan precisa que incluye literalmente a todos. Incluye a los que han sido enajenados por los medios de difusión para odiar Cristina y, no obstante, fueron beneficiados por las políticas de Cristina como lo habían sido por las de Perón. Y también incluye a los propios gorilas, específicamente los que hoy gobiernan en el Estado: si el gobierno de Macri fue posible y se sostiene hasta el día de hoy a pesar de toda la destrucción que ha realizado, es gracias a Cristina. El gobierno de Macri solo existe porque hay una parte importante de nuestra sociedad que no quiere a Cristina y está dispuesta a tolerar cualquier mal para que no vuelva. Esa es la verdad.

Por lo tanto, más allá de cualquier hipótesis que podamos hacer sobre cuánto va a durar la permanencia de Cristina en Cuba y sobre si eso va a ser un exilio, la verdad es que el lawfare de los Bonadío financiado por la CIA, el Departamento de Estado y la embajada ha encontrado un límite: Cristina no es Lula y ya tiene el ejemplo de Lula para no serlo. Si la presionan demasiado, Cristina puede bajarse de la candidatura y destruir al gobierno de Macri, porque no existirá la polarización que lo sostiene.

Lo más probable es que la mafia judicial que lleva a cabo este lawfare lo sepa y haya barajado la hipótesis de encarcelar a Florencia para obligar a Cristina a presentarse a elecciones, como en una suerte de secuestro extorsivo en el que Cristina se vería obligada a ganar para liberar a su hija del cautiverio. Pero Cristina desde luego ya les ganó de mano y Florencia está a resguardo en Cuba, por lo que Bonadío está quedándose sin opciones.

Lo mejor que podemos hacer es esperar y no especular. Lo que decida Cristina será en base a lo necesario para evitar el golpe del poderoso. Y si Cristina realmente decide dar un paso al costado, es porque comprende que así debilita más al enemigo. En todo caso, a la militancia le corresponde apoyar la decisión de Cristina —sea la que fuere— y hacer lo mejor posible a partir de allí. No conviene olvidar la talla de una mujer que se enfrentó prácticamente sola a los poderes concentrados y se hizo relevante en la política internacional a base de puro talento, inteligencia y carisma. Ella tiene todo el mapa en la cabeza, nosotros conocemos apenas un par de calles del barrio. No hay ninguna finalidad en hacer hipótesis sobre lo que solo ella sabe.