Los argentinos y los latinoamericanos en general llevamos décadas de colonización pedagógica liberal para pensar en los términos del colonizador y actuar según mejor le convenga a este. Décadas de adoctrinamiento para ser funcionales a los intereses del imperialismo occidental, siempre, aun cuando pensamos que no lo somos o que estamos luchando contra ese imperialismo.

Aun cuando pensamos que estamos defendiendo una causa justa o estamos opinando de manera autónoma, allí está el peso de la colonización pedagógica que los cipayos de aquí nos impusieron por cuenta y orden de sus patrones foráneos. No hay manera de salir del todo de esa colonización y justo cuando creemos que llegamos a entender el mecanismo de dominación, llega el poder y vuelve poner otra curva en el camino para que nos la comamos con toda la furia.

El ejemplo de hoy viene de una nota de ayer publicada en La Izquierda Diario [ver nota aquí], el medio de difusión en el que el trotskismo (la mal llamada “izquierda”) hace su parte en el esfuerzo diario de mantenimiento de la colonización occidental sobre las conciencias de los argentinos. En dicha nota, titulada Irán: 38 años de prisión y 148 latigazos, la condena a una abogada de derechos humanos, nuestro trotskismo se horroriza por la condena a una abogada iraní que, según la justicia de Irán, violó la ley de seguridad nacional de aquel país. Una aberrante violación a los derechos humanos, dicen nuestros troscos, y encima contra una mujer, lo que en los días de hoy multiplica por cien cualquier condena.

Claro que el trotskismo es como decía Fidel Castro en el célebre discurso de la Tricontinental en 1966, es el vulgar instrumento del imperialismo y de la reacción. Y, por lo tanto, al ser dicho instrumento, se orienta a meter confusión entre los pueblos para evitar que los subalternos se organicen. El trotskismo es eso y es financiado por el imperialismo para hacer eso, no hay ninguna novedad desde Fidel en la Tricontinental hasta esta parte. No hay novedad: si el imperialismo hace una operación contra Irán en el marco de un nuevo aniversario del atentado a la embajada de Israel en Buenos Aires, allí va el trotskismo a reforzar esa operación por “izquierda”. Son de manual.

Pero el problema no es lo que haga o deje de hacer el trotskismo en el trabajo para el que se le paga. El problema, en realidad, está en la conciencia de muchos de nosotros. Ya sabemos que el trotskismo es eso y ya entendimos que todos los medios de difusión del poder están operando contra Irán esta semana. Está clarísimo, es de manual, lo sabemos y aun así mordemos el anzuelo. ¿Por qué? Porque escuchamos la expresión “derechos humanos”, automáticamente dejamos de pensar y vamos al humo. Ahí está la parte del adoctrinamiento que no vemos: las expresiones “derechos humanos”, “libertad”, “democracia” y otras por sí solas nos mueven a la indignación y a romper incluso con los principios más sólidos de nuestra ideología nacional-popular, aunque la expresión nos llegue de parte de los mayores violadores de los derechos humanos en el mundo, que son los Estados Unidos, Europa occidental e Israel.

Basta que ellos digan que en alguna parte se están violando los derechos humanos de alguien y allí vamos nosotros a marchar alegremente al lado de los países que han hecho todas las guerras hasta aquí y violado más que nadie los derechos humanos. Y en el proceso rompemos, como decíamos antes, con nuestros propios principios ideológicos, que son pétreos. Uno de esos principios y quizá el más importante es el de autodeterminación y soberanía de los pueblos, por el que son los pueblos-nación los que deben resolver sus asuntos nacionales sin intervención de los de afuera, que somos de palo.

“No se puede ser peronista o nacional-popular sin defender los derechos humanos”, nos decían por allí y con mucha razón. Pero “defender los derechos humanos” no es hacerle el caldo gordo a la “noticia” (operación mediática) de una supuesta violación a los derechos humanos que aparece promocionada por el imperialismo occidental. Eso no es defender los derechos humanos, sino ser funcionales a los que los violan todos los días.

Y es mucho más: es entrar a opinar sobre un asunto del que no estamos consustanciados, del que apenas sabemos algún detalle y, de nuevo, mediado por el relato del imperialismo. Por encima de todo, es tomar toda esa bazofia precaria disimulada en “información” y ponerse a opinar públicamente sobre un país cuya cultura, organización y leyes desconocemos totalmente. En una palabra, es romper el principio de soberanía nacional de otros porque desde alguna redacción occidental dicen algo que los trotskistas repiten con liviandad, dando por cierto lo que nos dicen y condenando, en este caso, a los iraníes.

Sí, a los iraníes, los que hoy son los enemigos Nº. 1 no solo de los Estados Unidos y sus corporaciones, sino además de Israel y de Europa occidental, esto es, de todo el imperialismo junto y en bloque. Entonces ese imperialismo viene y nos dice, a través de sus cipayos por “izquierda” y por derecha: “Miren, están violando los derechos humanos en Irán. ¡Es indignante!”. ¿Y qué pasa? Pues nos indignamos.

¿Pero qué pasa cuando nos indignamos y empezamos a vomitar nuestra opinión poco informada y poco educada en las redes sociales, por ejemplo? Pasa que estamos funcionando como ellos quieren que funcionemos, estamos repitiendo una operación mediática y la estamos reforzando. Ese es el preludio de todas las intervenciones militares que Occidente llevó a cabo históricamente contra los países subalternos, contra los “condenados de la tierra”, como diría Frantz Fanon. Previo a la violación de la soberanía nacional de un país, nos invitan a nosotros a validar esa violación precisamente violando esa soberanía en el nivel de la cultura con nuestras opiniones poco informadas y muy teledirigidas.

El truco es perverso porque se va a utilizar alternativamente contra todos los que son funcionales al truco. Cuando validamos que está bien opinar sobre un asunto interno de la organización política de un país, estamos olvidando que el día mañana a la gente de ese país le va a parecer normal hacer lo mismo con los asuntos internos de nuestra soberanía. Y así, de a uno nos van rotando en el centro del ataque, para que los demás se pongan en fila para pegarle al desgraciado al que le tocó el turno, hasta que nos toque el turno a nosotros y hagan cola para apalearnos los demás desgraciados. Todo eso mientras el imperialismo se ríe, porque ya ni tiene que hacer el trabajo sucio: lo hacemos nosotros mismos, porque “hay que defender los derechos humanos”, la “democracia” , la “libertad” y todas las entelequias de la cosmovisión occidental, que nos es ajena.

Hay que defender los derechos humanos, sin lugar a dudas, pero hay un principio que es anterior: la soberanía de los pueblos-nación. “Pero si hay violación a los derechos humanos, entonces tenemos la obligación de meternos”, nos gritan algunos “compañeros” flojos de doctrina. Y no, porque no es no. La soberanía nacional-popular no se viola en ningún caso, no hay condiciones. Lo que los iraníes hagan en Irán es asunto exclusivo del pueblo-nación iraní y lo mismo vale en Venezuela, en Irak, en México, en Corea del Norte y en todas partes. No hay ningún “pero”. No se puede ser peronista o nacional-popular violando la soberanía de otro pueblo-nación. No es no.

Cuesta, es verdad. No estamos todavía preparados para salirnos de la hegemonía liberal del poder y tendemos a comernos la curva, pero hay que hacer el ejercicio. Hay que pensar. ¿Tengo alguna posibilidad de saber qué pasa realmente en Irán? ¿Hay alguna información que me llegue desde Irán y no esté contaminada por los medios de difusión de los enemigos de Irán? ¿Los que llevan el relato son imparciales, neutrales y objetivos? De ninguna manera y por eso el principio de soberanía nacional es tan importante. Si los iraníes no son capaces de resolver sus problemas, ¿seremos nosotros capaces de hacerlo?

La respuesta es no. Y si creemos que sí, le estamos errando y le estamos dando al imperialismo lo que el imperialismo necesita para entrar mañana a ese país o cualquier país a “resolver” los “problemas” que el pueblo-nación de ese país parece ser incapaz de resolver.

Eso es directamente mentira, el imperialismo nunca va a ninguna parte a resolver ningún problema. No nos corresponde a nosotros legitimar sus agresiones en el campo de la cultura. La soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos-nación no se violan. No, en ningún caso. No, bajo ninguna excusa. No, en ninguna circunstancia. No es no, aprendamos de una vez.