El siguiente artículo no es de opinión. Lo que el atento lector verá en estas líneas es un análisis tan objetivo como puede ser un cálculo matemático, que es evidentemente indiscutible. La conclusión, que adelantamos, es que no existe posibilidad matemática de que la fórmula de la unidad del peronismo, ahora con Alberto Fernández a la cabeza, no gane las elecciones en primera vuelta. O, dicho de otra forma, la demostración de que no existe posibilidad matemática de un ballotage en las elecciones de este año. Todo se va a definir ya en octubre.

El primer supuesto de este cálculo es que la fórmula del peronismo unido Fernández/Fernández tendrá por lo menos el 45% de los votos válidos en octubre. ¿Cómo llegamos a este número? Pues con una estimación muy conservadora y hasta pesimista: sabemos que Cristina sola aporta algo más del 30%, que es su núcleo duro de electores, los que no la dejarían de votar en ninguna circunstancia. Entonces seremos comedidos y ubicaremos el aporte de Cristina en esos 30%, aun sabiendo que aportará más. Esta es la primera parte de la composición de los 45% de nuestro supuesto, al que aún le falta un 15%.

Y es que al ubicar en la cabeza de la fórmula a Alberto Fernández, lo que Cristina incorpora es la capacidad de construcción y seducción del candidato. Esa capacidad la podemos valorar, también con pesimismo, en un 5%. Los 10% restantes deberán aportarlos la unidad de los sectores del peronismo, del movimiento obrero representado en Hugo Moyano, del Partido Justicialista y su estructura como un todo. Todo eso sin considerar el voto “vergonzante” de los llamados “arrepentidos” que votaron a Macri y vieron cómo su nivel de vida descendió dramáticamente en casi cuatro años. Tampoco estamos considerando el “voto útil”, el del elector que siempre vota al ganador para “no perder el voto”. Todo eso existe e influye en el resultado, pero no los tomamos en consideración para hacer un cálculo extremadamente conservador, suponiendo que el peronismo unido solo tendrá el voto del kirchnerismo y el que puedan aportar Alberto Fernández, el movimiento obrero y el Partido Justicialista.

Entonces llegamos al 45% de los votos a la fórmula de la unidad peronista y tomamos ese número como premisa para el cálculo. Ahora bien, como todos sabemos la ley electoral argentina establece que para triunfar en primera vuelta una fórmula necesita obtener el 40% de los votos válidos y 10 puntos de ventaja sobre la segunda fórmula más votada. Por lo tanto, si la dupla Fernández/Fernández obtiene ese 45%, otro candidato deberá necesariamente llegar al 35% de los votos válidos, porque de otra forma perderá en primera vuelta. Si a ese 45% se le suma tan solo un voto, entonces es irrelevante lo haga el segundo mejor votado.

Pero sigamos en el límite legal de los 45%. También sabemos que el total de los votos válidos en cualquier elección es el 100% —una obviedad— y que, por lo general, siempre hay un voto en blanco, que es válido, en el orden promedio del 5%. En consecuencia y prácticamente, hay un 95% de los votos válidos en juego.

Si la fórmula Fernández/Fernández obtiene el 45% y un segundo candidato (Macri o secuaz cambiemita, Lavagna, Massa, Urtubey, Tinelli o mismo satanás) alcanza los 35% y fracción necesarios para que la diferencia sea inferior al 10%, la suma de ambas fórmulas será el 80%. Y lo que quedará para todas las demás fuerzas es tan solo un 15% de los votos válidos… ¡para repartir entre todos! Y aquí empieza la imposibilidad matemática.

De menor a mayor, sabemos que siempre se presentan entre 5 y 7 fórmulas de partidos muy minoritarios (vecinalistas, nazis de cotillón, trotskistas desgarrados del FIT, aventureros y negociantes del fondo partidario para imprimir boletas) que, por cabeza, suelen obtener entre el 0,1% y el 1%. Siendo una vez más muy conservadores, establezcamos que todos esos enanos combinados se llevan entonces el 2% de los votos válidos.

Luego aparece el trotskismo nucleado en el FIT (Partido Obrero, Partido de los Trabajadores Socialistas, Izquierda Socialista y demás inmundicias), que siempre obtiene un 3% de los votos válidos y quizá algo más, sobre todo en época de crisis y hambre, cuando aparecen más individuos dispuestos a prender fuego el país. Pero nos quedamos aquí con el registro histórico y asumimos que el FIT no superará el 3% habitual. Por lo tanto, entre los eunucos del FIT y los enanos antes mencionados, ya tenemos el 5% de los votos válidos.

Si hasta aquí todo ocurre como es habitual, lo que se desprende es que de los 15% de los votos válidos que no van a las dos fórmulas más votadas (el 45-35 supuesto para que haya un ballotage), solo queda un 10% en juego, porque un 5% irá al voto en blanco y otro 5% se repartirá entre enanos y eunucos, como veíamos.

Por lo tanto, y suponiendo que no se presentan más candidatos (Massa, Urtubey, algún radical, nadie), lo que en sí parece improbable a esta altura, debe darse uno de dos escenarios para que haya ballotage:

  • A. Macri u otro secuaz de Cambiemos logra el milagro y llega al 35%, quedando Lavagna con el 10% restante. Y es poco probable que Lavagna se haya despegado de Alternativa Federal sabiendo que tiene solo el 10% de la intención de voto. Lavagna sabe que tiene más que eso y que esos votos vienen justamente de los que votaron a Cambiemos en el 2015, están arrepentidos, aunque no votarían a una fórmula en la que esté Cristina;
  • B. El que obtiene los 35% es Lavagna y estamos frente al delirio histórico de que un gobierno obtiene el 10% de los votos en su intento de renovar el mandato, lo que también parece improbable o, en todo caso, representaría la extinción del PRO como partido político y una paliza más que monumental para Macri.

Como A y B son hipótesis directamente de fantasía, la conclusión es que ningún candidato puede llegar al 35% necesario para forzar un ballotage. Y entonces la elección se define ya en primera vuelta y en favor de la fórmula Fernández/Fernández, del peronismo unido, del movimiento obrero y del Partido Justicialista con toda su estructura puesta a jugar.

Aun siendo muy conservadores en el cálculo, los números son claros. Toda división que se produzca entre los fantasmas de Alternativa Federal, Lavagna, los radicales que se preparan para definir su futuro en su Convención dentro de 4 días y otros que vayan apareciendo, lejos de perjudicarnos, es muy favorable a la fórmula del peronismo unido. Y si se presentan por separado por lo menos Massa, Lavagna y el candidato oficialista (Macri o su relevo), sin cuidado de qué hagan los radicales, el juego estará terminado porque entre los 3 se van a repartir los votos restantes (un 45%) y ninguno estará ni cerca de los 35% que necesitan para forzar un ballotage. Lo más probable es que el segundo más votado no llegue ni al 20%, reeditando el escenario del año 2011 cuando Hermes Binner fue el segundo con más votos y no llegó al 17%.

Ellos necesitan la unidad y no la van a tener: ya la tenemos nosotros. Ahora es solo cuestión de no cometer errores groseros y no espantar al votante promedio con talibanadas. No hay opereta mediática que prive al peronismo unido de obtener al menos el 45% de los votos en octubre. Y, ahora sí, lo más probable es que tengamos mucho más que el 45%.

Calma, pueblo, calma. El problema lo tienen ellos. Los votos los tenemos nosotros. Ya falta menos para que termine la pesadilla.