Pasaron Alberto y Cristina Fernández por Merlo y llevaron a cabo allí el primer acto de campaña luego de la definición de la fórmula que presentará el peronismo unido de cara a las elecciones generales de este año. Pasaron y confirmaron todas las hipótesis que sostenemos en este espacio respecto al perfil que los candidatos van a presentar públicamente de aquí hasta octubre. Lo que se vio hoy en Merlo es la confirmación de que la campaña va a tener un perfil de conciliación, de cierre de grieta y de dirigir el mensaje al nivel de comprensión de las mayorías no militantes. Lo que se vio, en una palabra, es que efectivamente se trata de bajar la espuma y abandonar el perfil jacobino que caracterizó al kirchnerismo en los últimos años. Toda la semántica del acto de hoy es una semántica de unidad para la victoria y es un claro mensaje —uno más, que se suma al expresado ya en la Feria del Libro— a los que siguen pensando que estas elecciones las vamos a ganar haciendo la guerra discursiva.

Lo primero y más evidente es que encontramos en este acto a los dirigentes sentados. Haga el atento lector memoria: ¿Cuándo ha visto eso en un acto del kirchnerismo? Al tomar la palabra, Cristina se paró, aunque apoyándose en el respaldo del sillón logró una postura intermedia para equilibrar un poco. En todo caso, la disposición del escenario habla a las claras de la bajada de tono que se quiere lograr para no ahuyentar a los argentinos no militantes, cuyos votos son la mayoría y necesitamos para ganar. La imagen que se transmite así es la de civilidad, óptima para el consumo de las mayorías que solemos poner en la categoría de “no politizadas”.

De igual manera, en las primeras filas del público la asistencia se sentó y presenció todo el acto sentada y ya no trepada del alambrado cual barrabrava en un estadio. Sino muy atrás, allá después de las vallas, había gente parada, pero no se la veía salvo en planos muy abiertos. Durante el 90% del tiempo de la transmisión del acto por televisión —que es la que ve la mayoría de los electores, que no concurre a actos políticos— lo que se vio fue la imagen “civilizada” de un diálogo político bajando el tono y con todos los presentes sentados y ubicados, escuchando sin alentar a los jugadores.

El discurso de Cristina, que aparece en la fórmula como candidata a vicepresidenta, siguió la línea de la presentación de su libro en el predio ilegalmente apropiado por la Sociedad Rural. Se la vio muy medida, dejando de lado la grandilocuencia, con un bajísimo tono de voz, evitando la provocación y con una novedad: habló durante muy pocos minutos, lo que en Cristina y en cualquier líder de masas sería muy raro si no fuera por el hecho de que Cristina aquí no es la candidata titular. Y, al no serlo, no quiso quitarle el protagonismo al candidato titular que ella misma eligió.

Alberto Fernández también habló brevemente. Y aunque por momentos levantó el tono de voz, no lo hizo para desafiar a nadie, sino para decir con energía la verdad a gritos de que la actual situación del país es calamitosa. No hubo más acusaciones que para Macri y para el gobierno, quedando exentos de la crítica todos los sectores que todavía pueden venir a formar en el gobierno de unidad nacional que proponen Alberto y Cristina Fernández. El mensaje es claro: es todo el país contra Macri y su banda de saqueadores.

Otros símbolos muy simbólicos

El que haya escuchado el discurso de despedida de Cristina el 9 de diciembre de 2015 en Plaza de Mayo lo recordará. Ese día, en determinado momento de su larga alocución, Cristina le pidió a la asistencia militante que se enrollaran las banderas para que en el fondo los demás asistentes pudieran ver el escenario. Ese detalle pasó entonces un poco inadvertido, pero radicaba en la conciencia de Cristina de que a aquel acto había concurrido una enorme cantidad de no militantes, como expresa ella misma en las páginas de Sinceramente. Allí, Cristina cuenta que en su último acto como presidenta de la Nación se percató de que mucha gente que la seguía y la sigue es “civil”, esto es, no milita y jamás va a militar en ninguna agrupación o partido.

Han pasado casi 3 años y medio desde ese día en Plaza de Mayo y hoy la idea de enrollar las banderas para que los “civiles” vean el escenario del acto finalmente se materializó. Todas las banderas de las agrupaciones fueron enviadas al fondo, donde la asistencia estaba compuesta por los “soldados” militantes parados como en cualquier acto. Solo había en las primeras filas banderas argentinas, que además únicamente se agitaron durante la ejecución del himno nacional y al aplaudir a los candidatos.

Los símbolos secundarios o parciales también fueron puestos en un segundo y en un tercer plano. Todo aquello que divide opiniones estuvo ausente del acto, empezando por los pañuelos de colores. Si bien el acto tuvo como mediador y jugando de local al intendente de Merlo, Gustavo Menéndez —un notorio militante provida, del pañuelo de color celeste—, ni él ni nadie de los suyos se presentó exhibiendo esos colores divisionistas. Tampoco se lo vio al color opuesto, el verde, salvo por alguna militante trepada de las vallas que fue enfocada brevemente por las cámaras de televisión. La idea también es clarísima y es el no dividir por opiniones parciales a la sociedad, colocando como única premisa la necesidad de unidad para terminar con el ciclo de saqueo de los ricos representados en Macri. Y eso se está logrando, con alguna resistencia por parte de uno de los bandos en la grieta paralela, pero se está logrando al fin.

Foto final del acto en Merlo, en la que se ve muy al fondo toda la espuma y en primer plano la imagen de la conciliación y la concordia. Va cerrándose la grieta en la forma del mensaje.

En un determinado momento, desde la asistencia le hicieron llegar a Cristina un cartel escrito a la moda de uno de los bandos en esa grieta, cambiando la letra O por la letra X. Cristina lo recibió, lo miró, pero eligió no mostrarlo. Lo dobló de inmediato y se lo entregó a un asesor para que lo guardara. Ni un solo detalle pudo habérsele escapado a la cabeza pensante de esta estrategia, quien saben que no debe “quedarse pegada” con ninguna corriente de opinión para no espantar a los demás.

Como de costumbre y finalmente, como es usual en los actos del peronismo, principalmente en fechas patrias, la función fue inaugurada con la ejecución del himno nacional. Y dicha ejecución tampoco desentonó del aspecto general del acto: fue un himno en tono muy bajo y que, además, no alentaba al famoso “Oh-oh-oh” de la hinchada barrabrava. Fue un acto patrio mucho más parecido a los de antes, que se remitió a las épocas de espuma baja e inexistencia de la grieta.

Alberto Fernández en su alocución instó a salir a convencer a los que están siendo perjudicados por el gobierno de Macri y ahí está la clave: convencerlos de que la fórmula de la unidad del peronismo es la única salida. Y los dirigentes aportan a esa tarea de convencer a los “civiles” eliminando de la escena todo lo que supo espantar a esos “civiles” y arrojarlos en las fauces de la bestia oligárquica. Ahora se trata de recuperarlos y, en ese sentido, la preparación semántica del mensaje, hasta aquí, es impecable. No hay nada que le guste más más a un “civil” cuya conciencia ha sido colonizada por la antipolítica que el perfil bajo y la espuma aun más baja. Eso es lo que estamos logrando para ganar en octubre y lo que algunos sectores deben ir comprendiendo en los próximos días para no desentonar y no meter el gol en contra sosteniendo una grieta que, en este momento, solo les sirve a Macri y sus 40 ladrones.

Aquí el video del acto de esta tarde: