El presidente peronista electo Alberto Fernández golpeó la mesa y dio en esta jornada las definiciones más fuertes de cómo será su gobierno a partir del 10 de diciembre. Y contrario a lo que podía pensar cierto sector progresista del Frente de Todos, no las dio en una mesa de intelectuales, sino en la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), acompañado por la cúpula dirigente de esa central sindical y por Hugo Moyano. Allí, sentado entre Héctor Daer y Carlos Acuña, Alberto Fernández dio un discurso inesperado para muchos de los que seguían apostando a la “grieta”.

Para empezar, Fernández hizo mención de los que pusieron sus esfuerzos en la unidad del peronismo para lograr el triunfo electoral del 27 de octubre pasado. Y la primera definición es que, además de destacar lógicamente a Cristina Fernández como baluarte de esa unidad, invocó a los sindicalistas, a los gobernadores —que es una forma de reivindicar al Partido Justicialista (PJ)— y también a Sergio Massa.

“El secreto de este triunfo no es otro que la unidad. Es esfuerzo de los compañeros que trabajan, de sus delegados, de unirse para colaborar en un proyecto político que llamaba a la unidad. El esfuerzo de los gobernadores, el esfuerzo de Sergio [Massa] y el esfuerzo particularmente de Cristina”.

Hubo aplausos a la mención de los nombres que para los flancos extremos están prohibidos por “traidores”: PJ, sindicalistas de la CGT y Sergio Massa. Primer baldazo de agua fría sobre las ilusiones del sector progresista.

Alberto Fernández insistió en la importancia de Cristina en la unidad para el triunfo y lo hizo de esta manera:

“Yo sé que no fue un esfuerzo, fue un enorme gesto de Cristina que yo siempre quiero destacar. Porque como dije alguna vez, con Cristina (sola) no alcanzaba y sin Cristina no se podía. Y quien más entendió eso fue Cristina (…) ella es la esencia de este triunfo que tenemos”.

Más aplausos. Acto seguido, al recordar al mártir peronista Felipe Vallese, Fernández explicitó una vez más su alegría de estar en la CGT:

“Este es un edificio muy emblemático para el peronismo. En este edificio estuvo Evita después de muerta (…) En este edificio vivieron grandes hombres del sindicalismo: Saúl Ubaldini tenía, dicen, un lugar donde vivir aquí mismo. Y otro enorme dirigente que tuvo la CGT, que se llamó José Ignacio Rucci. Gran motor de la vuelta de Perón a la Argentina y de la llegada de Perón al gobierno nuevamente”.

Entonces los aplausos fueron a rabiar. La reivindicación a José Ignacio Rucci era la frontera simbólica última que la llamada “izquierda peronista” o “kirchnerismo” tenía por infranqueable. Y Alberto Fernández la cruzó sin ceremonias, reivindicando a Rucci en su propia casa y frente a sus continuadores.

Pero no hubo solo definiciones de carácter ideológico. Alberto Fernández también habló del famoso pacto social que se está gestando, haciendo la conexión histórica con el pacto original al que Perón convocó desde la misma CGT:

“En este lugar también Perón un día llamó a un pacto social, en tiempos que la Argentina estaba en crisis y necesitaba del acuerdo de todos los argentinos. No es menor aquel mandato que dejó Perón, cuando dejó aquella idea de las 20 verdades de que ‘para un peronista no hay nada mejor que otro peronista’ y empezó a decirnos que ‘para un argentino no hay nada mejor que otro argentino’. Y ese mandato está más presente que nunca hoy, en tiempos que la Argentina necesita volver a ponernos de pie porque nos han dejado muy lastimados”.

La referencia a la modificación de la verdad peronista Nº. 6, hecha por el propio Perón, fue una clara alusión a la necesidad de salir de la burbuja sectaria y cerrar la grieta. Ahora no se trata de una u otra parcialidad, sino de todos los argentinos. Entonces “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino” y el presidente electo no omitió eso, insistiendo en la necesidad de aceptar y respetar la opinión disidente:

“La Argentina que viene es la Argentina del respeto. No de la tolerancia: del respeto. De respetar al que piensa distinto y pedirle que nos ayude. Desde la diferencia, pero que nos ayude. Porque estoy seguro de que muchos de los que piensa distinto a nosotros quieren la misma Argentina que nosotros queremos. Piensan que hay otros caminos para alcanzar esa Argentina. Eso no es lo importante, lo importante es que quieran encontrar el destino que nosotros estamos buscando”.

Por otra parte, Alberto Fernández dio la definición de que en la orientación de su gobierno el movimiento obrero organizado va ser la columna vertebral:

“Y en eso el movimiento obrero tiene mucho que ver. A mí, cuando me hablan de mi cercanía al movimiento obrero y sus dirigentes, me llama la atención. ¿Se puede ser peronista y no estar cerca de los que trabajan y sus dirigentes? ¡El movimiento obrero organizado es parte del gobierno que se va a instalar en la Argentina a partir del 10 de diciembre de este año!”.

La asistencia respondió con una ovación. Y luego vinieron más cruces de fronteras simbólicas: citas a Alberdi, a Sarmiento, más reivindicaciones a Perón y todo aquello que no gusta entre los sectores más radicalizados del mal llamado “campo popular”. También hubo más reivindicaciones a Ubaldini y a Rucci, además de la insistencia en afirmar que la piedra fundamental de su gobierno va a estar en la CGT.

Finalmente, Alberto Fernández dio testimonio de está atento al tema más importante del momento: el avance de la robótica, la inteligencia artificial o la tecnología de un modo general sobre el mundo del trabajo. Y este aspecto fue muy claro:

“No tiene sentido luchar contra lo imparable y la tecnología ha llegado solo para desarrollarse cada día más. Y lo que debemos hacer es preparar a nuestra gente para que viva en ese mundo.”

No podemos evitar que la tecnología desfase al hombre en lo que se refiere al trabajo y, por lo tanto, debemos prepararnos para vivir en un mundo en el que el propio concepto de trabajo va a redefinirse. Así es como Alberto Fernández propuso instalar en la CGT el bunker de la formación del trabajador argentino para que pueda prepararse de cara a ese futuro.

Finalmente, Alberto Fernández confirmó lo que ya venía diciendo Cristina con las referencias a José Ber Gelbard y algunos eligieron no escuchar: se reivindica al Perón del pacto social y ese es el horizonte:

“Vamos a honrar la memoria de Perón y vamos a volver a llamar a los que producen y a los que trabajan. Y se van a sentar junto con el Estado a diseñar las políticas del futuro. No solamente a hacer un acuerdo de precios y de salarios: ¡A diseñar el futuro que la Argentina necesita!”.

Ya no hay lugar para ambigüedades ni malentendidos. El gobierno que se inicia el próximo 10 de diciembre será un gobierno peronista fundado sobre el movimiento obrero organizado, el poder territorial de los gobernadores de las provincias y el Partido Justicialista como instrumento para la lucha política. No lo ve el que no lo quiere ver: el que está sobreideologizado.