Las siguientes son las palabras textuales del alegato final del General César Milani, un compendio de la filosofía de lo nacional-popular:

“Señores miembros del Tribunal, voy a tratar de ser lo más conciso posible, no quiero ser sobreabundante con cuestiones relativas a los hechos que se me imputaron en este proceso, producto de una campaña política, mediática y judicial inédita contra un jefe del Ejército.

“Mis explicaciones sobre las mismas han sido exhaustivamente detalladas durante mis tres extensas intervenciones, así como también se ha explayado en forma acabada mi abogado defensor, para con quien no tengo más que palabras de gratitud por su excelente labor profesional llevada a cabo en este juicio, demostrando mi absoluta inocencia.

“Simplemente voy a utilizar éstas últimas palabras para expresar mi firme convicción que tanto aquí como en el juicio llevado adelante en La Rioja, ambos basados en acusaciones falsas, más que hacerme un daño a mí se le ha infligido un castigo al Ejército Argentino, privándolo de la posibilidad de una reconciliación definitiva con el pueblo del cual se nutre y de una definitiva recuperación de capacidades, que se había comenzado en el año 2013 con mi gestión, la más importante de los últimos 40 años.

“Eso es lo que más lamento, ya que así, como estuve junto a mis soldados, estuve junto al pueblo, cumpliendo el objetivo que siempre soñé, un ejército grande en una patria grande.

“No creo, como lo dije en mis intervenciones anteriores en un ejército al servicio de intereses extranjeros, que únicamente sirven a grupos concentrados de poder, alejados de los grandes intereses nacionales.

“Siento que con las acusaciones, calumnias e injurias vertidas en mí contra y las convicciones nacionales latinoamericanas que represento, seguido de mi privación de la libertad y el sometimiento a este proceso, se ha pretendido ahogar, quizás, el último intento de lograr un Ejército que defienda los grandes proyectos nacionales y populares, como lo soñaron nuestros verdaderos héroes, nuestros caudillos federales y nuestros grandes líderes populares como el General Perón.

“Vemos hoy, otra vez un ejército de rodillas, desarticulado, desmembrado, sin equipamiento, con la recuperación de capacidades paralizada, lejos del pueblo y cumpliendo roles y objetivos secundarios, respondiendo al mandato de potencias extranjeras, que nada tiene que ver con los grandes intereses nacionales y la soberanía de la patria.

“Quizás hace algunos años cuando toda la campaña en mi contra recién comenzaba, el panorama era más difuso y muchos sectores ni siquiera vislumbraban lo que vendría. Hoy vemos una región plagada de protestas y conflictos sociales, vemos pueblos de pie y Fuerzas Armadas dándoles la espalda. Educadas, adoctrinadas y cooptadas por intereses antinacionales y antipopulares.

“Es imperante reconstruir la relación histórica de los movimientos nacionales con nuestro Ejército, que nació con la patria liberando a nuestro pueblo. Relación que afianzó el general Perón a través del movimiento nacional justicialista y que luego se abandonó por completo durante mucho tiempo, subestimando su rol y su importancia en la construcción de un proyecto de nación.

“Jamás me llamó la atención que al igual que lo hizo la derecha más rancia y reaccionaria de este país, también me ataquen sin tregua los fundamentalistas de izquierda, a fin de cuentas sabemos que siempre han servido al mismo objetivo, que es el de dividir el campo popular.

“Creo firmemente en Dios y que algún día juzgará nuestros actos, por eso estoy tranquilo, seguro de que me asiste la verdad y la razón. Espero que a partir de hoy también la Justicia con un veredicto de absolución, que reivindique mi buen nombre y honor, así como el de mi familia que ha sido siempre mi sostén.

“A pesar de todas las difamaciones, calumnias e injurias, y de la injusta detención que sufrí durante dos años y medio, producto del ataque sistemático de los poderes fácticos, estoy de pie, no me van a quebrar, sigo creyendo en una patria grande, justa, libre y soberana, donde también existan jueces justos y honorables.

“Gracias, señores jueces.”