Solemos creer, desde el punto de vista del que tiene humanidad y se niega a ser pesimista respecto a los demás, que estos son casos aislados. Deseamos hacernos la idea de que no son muchos los que sostienen estas ideas, quizá un poco para estarnos tranquilos en el mundo. “Son pocos, no les demos bola”, repetimos. Y no hacemos más que subestimar al enemigo.

Esta es Vane Biagioni, ejemplar de soldado violento del enemigo. Nótese que su inmensa hipocresía pseudo cristiana y occidental, se presentan siempre como “trabajadores”, “honestos”, “cultos” e “inteligentes”, características de las que están en las antípodas.

Porque no, no son pocos los que piensan como Vane Biagioni. En realidad, son muchos más de los que podemos imaginar, puesto que la mayoría de ellos aún no se atreve a salir del armario y decir abiertamente lo que piensa. Solo en momentos de fascismo declarado los más tímidos dejan sus madrigueras para descargar sobre el otro todo el odio acumulado en años, décadas. En momentos como el actual, que es de un fascismo mal disimulado en formas democráticas bastante burdas, pero disimulado al fin, no solemos ver muchos casos como este. Y pensamos que son pocos, tan solo para llevarnos la sorpresa desagradable más tarde.

Aquí vemos como la “trabajadora honesta, culta e inteligente” pide la existencia de más violadores asesinos para exterminar al enemigo de a uno por día. ¿En qué momento creímos que debemos lograr consenso con esta gente?

El enemigo, claro, es el poder fáctico de tipo económico que concentra los medios de difusión y, desde allí, corrompe la conciencia de un sector numeroso de la sociedad, en el que se encuentran las Vane Biagioni y símiles. Pero estos últimos, al asimilar el discurso del odio que les bajan desde el poder, al hacerlo suyo y al expresarlo con tanta virulencia, dejan de ser simples víctimas de una colonización pedagógica y pasan a ser soldados del enemigo, que es como decir el mismo enemigo.

“Sí, una menos”, es la pobre edición que difunden. Así piensan, así quieren ser. Esta es su cosmovisión y es nuestro trabajar alejar el sentido común de ese lugar.

Sí, los loros fascistas y fascistoides del enemigo también son el enemigo, mal que nos pese a nosotros, que no queremos ver enemigos en las clases sociales a las que pertenecemos. Son el enemigo porque profesan un odio de prestado con la convicción de lo propio, lo expresan como si ese odio les fuera inherente. Odian a sus pares y eso es auto-odio, se odian a sí mismos de manera apoteótica y así son el enemigo. Son nuestro enemigo, porque son enemigos de sí mismos.

Nuestra acción política no debe orientarse jamás a intentar dialogar o a contemporizar con este núcleo duro de la derecha. No debemos tener miedo a aplicar políticas populares para no hacerles enojar, ni tener en cuenta su opinión. El mundo que ellos quieren es opuesto al que nosotros queremos y nunca nos pondremos de acuerdo. Debemos militar con los sectores sanos de la sociedad, convencerlos y enamorarlos, mostrándoles que del otro lado de la vida están las Vane Biagioni.

Debemos frenarlos ahora, reprimir este tipo de manifestación. Ahora, porque mañana puede ser demasiado tarde.