En cierta ocasión, durante el gobierno del General Juan Domingo Perón, los ingleses lanzaron una agresión contra una base argentina en la Antártida. La agresión fue repelida y, al parecer, no pasó a mayores.

Dice el General Perón sobre el episodio:

“Inglaterra envió una fragata y destruyó uno de nuestros refugios. La guarnición nuestra era más bien pequeña, pero amenazando con las ametralladoras dieron a los ingleses cinco minutos para que abandonaran aquella tierra. Los ingleses se marcharon, aunque dejaron su bandera izada en el refugio que habían destruido y un cabo nuestro la arrancó y se la arrojó al bote que empleaban los ingleses para huir”.

Las consecuencias serían diplomáticas. Prosigue el General, con su prosa inconfundible:

“Vino a verme el embajador británico y tuve con él una pequeña conversación más bien amistosa, en el curso de la cual me preguntó:

—¿Cómo van a arreglar ustedes ese asunto de la Antártida?
—¿Qué derecho tienen ustedes a la Antártida?, le contesté.
—La Antártida es una prolongación de las islas Malvinas, replicó el embajador.

Y fue entonces cuando yo le dije:

—Sí. Eso me recuerda a un tipo que me robó un perro y al día siguiente vino a buscar el collar.”