Alberto Fernández no la puede chocar. Desde el punto de vista del peronismo, es cuestión de vida o muerte evitar a cualquier costo un eventual fracaso del Frente de Todos, que ya viene siendo agitado por los medios de difusión. Cueste lo que cueste, que quede claro, el peronismo debe trabajar para que el gobierno electo en octubre del año pasado con aproximadamente el 50% de la voluntad popular expresada en las urnas tenga éxito.

¿Por qué? Porque en la conciencia de las mayorías existe una fuerte asociación entre el peronismo y el gobierno del Frente de Todos, aunque el peronismo es un movimiento y el Frente de Todos es eso, un frente en el que forman otras fuerzas políticas no peronistas. Para las mayorías populares que son el sentido común mayoritario del pueblo argentino, el actual gobierno de Alberto Fernández es un gobierno peronista y es por eso que el peronismo se juega la ropa en esta coyuntura, como el radicalismo se jugó la propia en el gobierno de la Alianza con Fernando de la Rúa.

El radicalismo terminó de morir y de ser fagocitado por el gorila en aquella ocasión. Tras el fracaso del gobierno de la Alianza —una coalición de los radicales junto a otros gorilas dichos “progresistas” de muy variados pelajes, todos ellos antiperonistas hasta el caracú—, el radicalismo quedó signado en el sentido común de las mayorías como símbolo del fracaso y eso porque los radicales no supieron sostener a De la Rúa y conducirlo en seguridad hasta el final de su mandato. De la Rúa cayó y con él cayó el radicalismo, que luego fue un cascarón vacío a la espera del entrismo macrista y su posterior disolución.

Hoy el radicalismo es un expartido político en actividad, es como esos jugadores en edad avanzada que siguen en el fútbol para “robar” un año más, pero ya están técnicamente retirados. Y ese es el riesgo que tiene el peronismo hoy, el de correr la misma suerte del radicalismo en caso de que Alberto Fernández fracase. Si eso pasa, el sentido común va a entender que fracasó el peronismo. Nadie va a ponderar la ausencia de peronismo en el gabinete, nadie va a querer saber que el propio Alberto Fernández se define a sí mismo como un socialdemócrata y un alfonsinista, esto es, un radical en sentido amplio. Nadie va a considerar que en el Ministerio de Economía hay un militante de la Franja Morada, un radical en el Banco Central y un socialista en el Banco Nación. Para el no politizado lo que hay en el gobierno es peronismo y, si el gobierno fracasa, fracasa el propio peronismo y termina como el radicalismo: como un cascarón vacío representativo de nada y de nadie.

Entonces el peronismo debe sostener a Alberto Fernández, rodearlo, cuidarlo, contenerlo. Ayudarlo en todo lo posible para que llegue a buen puerto. No es una opción el no hacerlo, puesto que el peronismo ya está jugado en esta. Formó en el Frente, hizo campaña e hizo promesas peronistas con la chequera de Alberto Fernández. El peronismo debe necesariamente obligar a Fernández a emitir esos cheques y luego a cubrirlos a como dé lugar. Si eso no pasa y Fernández fracasa, los cheques rebotados van a caer en la cuenta del peronismo, que quedará insolvente y quebrará.

Ahora bien, frente a la responsabilidad algunos peronistas se equivocan y piensan que cuidar a Alberto Fernández se logra blindándolo a la crítica. Hay gente creyendo que negándonos los problemas entre nosotros, en el microclima, haremos desaparecer esos problemas. Si no hablamos del mal, el mal dejará de existir. Y no es así: si el peronismo no empieza ya a criticar fuertemente al gobierno del Frente de Todos y no empieza a exigir un lugar de centralidad en dicho gobierno, Alberto Fernández seguirá gobernando como un socialdemócrata y un radical. Fernández no hará peronismo por sí solo si no está rodeado por peronistas que lo lleven a ese lugar. Mientras Fernández esté rodeado por radicales, progresistas y otros gorilas de distinto color, lo único que hará es radicalismo, progresismo y gorilismo. Y eso solo puede terminar en fracaso.

Desde 1946 a la fecha, todos los gobiernos no peronistas fracasaron de una manera o de otra, no hay excepciones. Tanto los gobiernos no peronistas electos por el voto popular como los gobiernos no peronistas de facto —las dictaduras— terminaron todos en catástrofe social. Más o menos, todos los gorilas desde el advenimiento del peronismo la han chocado. ¿Por qué? Porque su ideología no es apta para gobernar y organizar al pueblo-nación argentino. Solo el peronismo lo es y la conclusión es tan sencilla como esa, la de que solo con peronismo un gobierno triunfa.

Callando y otorgando los peronistas no vamos a lograr cuidarlo a Alberto Fernández. Lo único que haremos con nuestro silencio es permitir que Fernández siga por el camino del fracaso junto a los que hoy forman en su equipo y no hacen peronismo simplemente porque no son peronistas. En la actual situación el silencio es cómplice, la ausencia de crítica y la no exigencia son la condena al fracaso. Si nos engañamos y seguimos repitiendo que “la casa está en orden” y que “esto es todo lo que se puede hacer frente a las circunstancias” lo estaremos dejando solo a Alberto Fernández para que vuelque.

Somos la minoría más numerosa, pero no somos ni de cerca la mayoría. Nadie lo es, no hay una fuerza que sea mayoritaria en nuestra política. Allá afuera hay un montón de gente que no comulga ideológicamente con nosotros y que ya no acepta las excusas del coronavirus, de la “pesada herencia” y afines. Esa mayoría solo entiende las cosas de un modo muy práctico: si ganaron las elecciones tienen que ser capaces de arreglar el país y si no lo son, pues que se corran.

Nadie nos obligó a punta de pistola a formar en el Frente de Todos ni mucho menos a ganar las elecciones. Formamos en el Frente y ganamos por voluntad propia, sabíamos lo que iba a dejar Macri como herencia, lo sabíamos todo. Ahora nos tenemos que hacer cargo y triunfar, tenemos que exigir la centralidad del peronismo en el gabinete y la aplicación de políticas en sintonía con la doctrina peronista. Y si aun así, aun corriendo a los radicales y demás gorilas del gobierno igual fracasamos, entonces sí podrá decirse que el peronismo fracasó. Pero eso no pasa, el peronismo no fracasa porque es la representación de los intereses generales del pueblo-nación argentino y siempre va a triunfar.

Alberto Fernández necesita nuestra ayuda, necesita que le hagamos la crítica correspondiente y que lo hagamos cambiar. El gobierno se puede salvar, el país se puede arreglar. Pero eso depende de que tengamos el coraje necesario para decir “así no, Alberto”. Y luego de guiarlo en la senda del triunfo. El silencio no es salud.


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