En una charla TED realizada hace más de diez años, el magnate globalista Bill Gates hablaba ya abiertamente de la necesidad de reducir la población mundial en un 10% o un 15% para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta.

Pero no solo eso. Para lograr el objetivo, Gates propone además el siguiente método:

  • Hacer un buen trabajo en el desarrollo de nuevas vacunas;
  • Proveer buenos servicios sanitarios;
  • Brindar servicios de “salud reproductiva”.

Es decir, la existencia de esos tres adelantos —nuevas vacunas, buenos servicios sanitarios y de salud reproductiva— que Bill Gates propone no serían para aumentar la expectativa de vida y la natalidad, sino todo lo contrario.

En una palabra, vacunas, hospitales y “salud reproductiva” para que vivamos menos y seamos menos. ¿Dónde está la lógica?

Y, fundamentalmente, ¿dónde está la conspiranoia? El hombre que popularizó el concepto de virus, trasladándolo a la metáfora informática con un negocio propio en ambos lados del mostrador; uno que invierte fortunas en métodos para controlar la población y es el principal sostenedor de la OMS. Y que lo dice abiertamente. ¿Dónde está la conspiranoia?