La imagino miembro de la Resistencia, sublevando los dolores de aquellos años de mordazas y silencio.

Dialogando con Frida mientras trenzaban sus largas melenas antes de morir.

Leyendo textos de filosofía con nuestra Alicia Eguren o con Simone mientras los ‘60 estallaban en las barricadas francesas.

Cortándose el pelo como los Beatles, como lo hicieron tantas adolescentes argentinas, en ese gesto desafiante que exhibieron mientras terminaban los años de su escuela secundaria.

La pienso vibrando en las marchas de los ‘70, con minifalda o pantalones, abrazada Fabio, a Litto Nebbia o comprando el primer simple de los Stones.

Leyendo a Cortázar y a García Márquez, absorta en Borges, trémula en Pizarnik.

Caminando la ronda de las Madres de Plaza de Mayo y arañando los muros de las paredes mientras atrás sonaba Sui Generis.

Temiendo por su vida durante la dictadura y enhebrando salvatajes en medio de la noche más larga.

Celebrando en los ‘80 la gloria de la democracia recuperada.

Evita Memoria, Verdad y Justicia.

Evita Patria Grande, Evita en la vereda opuesta a la traición de los años ‘90.

Evita feliz mientras contemplaba cómo el Movimiento Nacional se puso de pie en aquellos años del 2001 cuando todo, tanto, estuvo en peligro.

Evita presente y expectante en la primera plaza de Néstor, jubilosa junto a los chicos y las chicas que acompañaron la reelección de Cristina.

Porque Evita nos observa respetuosa, en silencio, pero no calla. Nos habla desde infinitos lugares. Desde la mirada más tersa, los gestos más preocupados, o desde el desenfado de su cabello suelto.

Hoy no sabría hacer otra cosa que amarla. Y pedirle, a ese alma imperiosa y osada, que desde donde sea que haya reposado, nos ayude a pensar este doloroso siglo 21 que estamos transitando, con esa furiosa ternura que tanto estamos necesitando.

Tus niños y tus niñas comen menos, Evita querida, las abuelas y los abuelos no logran sanarse a tiempo, los barrios han sido abandonados. Tus trabajadores y trabajadoras pierden sus empleos y tu obra intentó ser derrumbada una y mil veces.

Pero nada nos detiene, la calle nos abraza, gritamos “Ni una menos” con nuestras madres y nuestras hijas, mixturamos los colores de la lucha y peleamos por nuestros derechos, nos miramos diversas y hemos entendido que en el respeto y en el diálogo seremos las garantes de una unidad que hoy se nos torna inexorable y nos exige que ese motor tan tuyo que puso en marcha las emancipaciones del siglo 20 no se detenga.

Porque vivas nos queremos y juntas llegaremos a la Victoria.

Alejandra Rodenas
Diputada nacional
Vicegobernadora electa de Santa Fe