El asunto de los presos políticos está a la orden del día desde que finalizó el gobierno de las corporaciones. Y está candente. Una vez más, se corrobora la obviedad ululante: Milagro Sala no está presa porque haya cometido delito alguno, sino porque el macrismo sabía de antemano que en cuanto comenzase a meter ajuste, Milagro saldría a la calle. Y eso no convenía a nadie. Ni al gobierno de Morales ni al gobierno de Macri.

La “filtración” de una serie de audios cuya procedencia no nos interesa indagar demuestra que tanto el juez Pablo Baca, actual presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Jujuy, como sus colaboradores estaban al tanto de la arbitrariedad de la prisión. En confianza, en charla con una colaboradora, el juez se sincera. El tema de “la Milagro”, confiesa, le tiene las bolas secas. Además, manda en cana a sus compañeros del Supremo Tribunal. Una jueza, afirma, no quiere “largarla a la Milagro” porque de hacerlo, regresarían “al quilombo permanente, a los cortes, quema de gomas. Que la suelte las Naciones Unidas, la Corte. Yo no la suelto”.

Es decir, que no hay comisión alguna de delitos. Sencillamente, la orden vino de arriba. “Además, ella no se llevó la guita, creo yo”, dice. Un juez suelto de lengua, una “amiga” que entrega los audios al periodismo. En el medio, una mujer presa durante cuatro años no por lo que hizo, sino por lo que hubiera podido hacer. “Gerardo escucha mal”, reflexiona Baca. “Lello (el fiscal, titular del Ministerio Público de Acusación) está metido en veinte quilombos, al pedo. Es un tonto. No entiende nada. Tiene una lucha a brazo partido con el Poder Judicial… Eso es lo que menos necesita. En estos momentos, necesita terminar con estos juicios”. Baca tampoco puede acreditar que la firma de Sala figure en ninguno de los documentos pertenecientes a la causa en que se la acusa por supuesto desvío de fondos del Estado.

El juez Pablo Baca de Jujuy, que se fue de boca y terminó dejando en evidencia que la prisión de Milagro Sala responde a intereses políticos coyunturales. Nada que ya no supiéramos prácticamente todos los que estamos mínimamente interesados en conocer la verdad de las cosas.

El atento lector podrá hacer uso de sus propios medios para corroborar la información. Los audios están a la mano en estos tiempos y son elocuentes. El grado de jocosidad de las conversaciones demuestran la naturalidad con que los miembros del poder judicial jujeño conversaban acerca del “asunto Sala”. Mientras que el Supremo Tribunal de Injusticia se veía en la obligación de tener que estar “acomodando cosas difíciles de acomodar”, el gobierno oligárquico tenía carte blanche para hacer sus pequeñas fechorías a lo pavote, con la seguridad de que la papa caliente estaría bajo control. Es decir, presa. El acuerdo Morales-Macri seguramente tenía como trasfondo político la ambición del primero de reemplazar al otro en su rol jerárquico dentro del partido de las corporaciones.

Hay de todo en la viña del Señor; pero sobre todo, las deudas se pagan. Morales metió la gamba en el chiquero y se cubrió de lodo hasta el tuétano. Nombró a dedo jueces del Supremo Tribunal, creó un Ministerio Público ad hoc con el único propósito de borrar a la Túpac Amaru de la faz de la Tierra. Logró “pacificar” Jujuy a costas de secuestrar a Milagro Sala. A cambio, obtuvo su reelección. Ahora cabe preguntarnos: ¿quién paga los platos rotos?