Esta pieza de ficción describe perfectamente cómo la desigualdad en el punto de partida, que es una de las condiciones necesarias del capitalismo, va a generar más desigualdad al final. Y además, un tipo de desigualdad que tiende a cristalizarse y a reproducirse de generación en generación, puesto que el hijo del rico suele ser más rico que su padre, y el hijo del pobre suele ser igual de pobre.

Estamos hablando aquí de clases sociales y de privilegios, no de lo anecdótico. Las clases sociales existen en la realidad fáctica, son determinantes para todos los individuos porque, precisamente, determinan el lugar que ocupará cada uno en la sociedad. Entre esas clases hay una lucha permanente, y aquí está el motor de la historia.

¿Qué hacemos para que haya menos tipos como Richard, que presume de haberlo conquistado todo “rompiéndose el alma laburando, sin que nadie le regalara nada” y menos como Paula, que no puede ascender socialmente por su inferioridad de origen? Eliminar la desigualdad en el origen, por supuesto. Y la conclusión es siempre la misma: si el punto de partida es desigual, la llamada meritocracia es tan solo una fantasía neoliberal.


Ilustraciones: Toby Morris