Cuando de manera fulminante Evo Morales fue destituido por un golpe de Estado violento a fines del año pasado una infinidad de conjeturas sobrevoló el imaginario colectivo. Esas conjeturas eran sobre el golpe, o sobre qué fuerzas misteriosas habrían estado operando para que dicho golpe se llevara a cabo. Y ahora todas esas hipótesis vuelven a tener relevancia con el triunfo del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones del último domingo, aunque por razones todavía insospechadas para muchos.

Partiendo del principio que es una obviedad ululante y es la certeza de que los enemigos locales del MAS son absolutamente incapaces de llevar a cabo nada muy serio y mucho menos un plan golpista, al ser destituido Morales inmediatamente se conjeturó la participación de sectores del poder global en la asonada. Dicho de otra forma, frente a la ineptitud manifiesta de los Carlos Mesa, los Fernando Camacho y demás contreras bolivianos, hasta el más despistado de los observadores tuvo la certeza de que el golpe contra Morales había sido obra de agentes foráneos. El golpe de Estado en Bolivia lo hicieron los poderes fácticos globales.

¿Cómo no creerlo, si todas las evidencias indicaban que eso había sido así? De hecho, lo que luego dio en llamarse la “guerra del litio” era precisamente la idea de que el poder fáctico había decidido derrocar a Morales para resolver el problema de un presidente terco que se negaba a enajenar las riquezas naturales del país en manos de las corporaciones. El litio es el oro del momento con el que se fabrican las baterías, sin las que los aparatos electrónicos como las computadoras, los celulares y hasta el promisor coche eléctrico no podrían funcionar. Muchos querían el litio de Bolivia, Morales no lo quería regalar y entonces la hipótesis de que la codicia foránea estuvo detrás del golpe de Estado del 2019 fue entonces y sigue siendo ahora la más fuerte.

Dramáticas escenas del golpe de Estado en Bolivia, a fines del año pasado. Un golpe que se hizo a sangre y fuego, con enormes costos económicos y políticos. ¿Con qué finalidad se hizo dicho golpe?

Ahora bien, la idea de que el golpe contra Evo Morales fue obra de los poderes fácticos a nivel global y no de la contra local, apenas un partícipe del proceso como mano de obra barata, nos conduce a un enorme problema presente: el triunfo del MAS por más de 50% de los votos y por encima incluso de la proscripción de su líder carismático. Si los poderes fácticos del mundo hicieron el golpe para apoderarse de las enormes reservas de litio de Bolivia, ¿por qué dicho poder habría de permitir que tan solo un año después de la movida golpista el partido derrocado vuelva a tener el poder político en el Estado?

La pregunta es central y es lo que muchos no logran comprender. ¿Para qué fue el golpe, con todo lo que cuesta y todo lo que duele? ¿Con qué finalidad habrá invertido el poderoso una cantidad de dinero para financiar la subversión, si tan solo un año después el control de las reservas de litio vuelven a las manos de los que habían sido golpeados?

El primer ensayo de respuesta, inmediatamente descartable, es la ineptitud. De alguna forma misteriosa, los dueños del mundo no supieron “atar la vaca” para hacer triunfar a un candidato suyo en las elecciones del último domingo. Esta hipótesis es descartable, porque si suponemos que los poderes fácticos son incapaces de imponer su orden en un país como Bolivia —que no es Rusia, no es China y ni siquiera es Venezuela—, entonces los poderes fácticos no existen, no son poderes. Pero como el poder fáctico a nivel global existe en la forma de corporaciones, bancos y capital financiero en general, es muy poco probable que haya querido y no haya podido imponerse en las elecciones bolivianas.

La mal llamada “derecha” boliviana, en rigor los contreras más o menos al servicio de los intereses de la fuerza brutal de la antipatria. Además de Luis Fernando Camacho (en la foto), estuvieron involucrados en el golpe los sectores de Carlos Mesa y los militares. El resultado de ese mamarracho fue una Jeanine Ánez absolutamente fuera de contexto, una demostración cabal de la ineptitud del brazo local del golpe, incapaz por sí solo de llevar a cabo ningún ni nada que se le parezca a la política.

No se requiere, el atento lector lo sabe, de mucho para llevar a cabo un fraude electoral en nuestra América cuando el que desea dicho fraude ya tiene el poder político en el Estado. Por lo tanto, si los poderes fácticos a nivel global estuvieron detrás del golpe del 2019 y luego manejaron a Jeanine Áñez como un títere suyo, esos poderes pudieron tranquilamente hacer el fraude en las elecciones y ubicar en la presidencia a Mesa, a Camacho o incluso a un mono, si eso fuera de su agrado. Pero fraude no hubo, el MAS ganó las elecciones con mucha ventaja y entonces hay que preguntarse por qué. ¿Por qué dejaron ganar a Luis Arce?

Es necesario insistir: si se tratara de un juego entre bolivianos, sin la injerencia del poder fáctico global, la hipótesis de la ineptitud de los golpistas para sostener la farsa sería aceptable. Al fin y al cabo, la famosa contra boliviana es tan o más inútil que la oposición venezolana para todo lo que tenga que ver con hacer política y triunfar. Mesa, Camacho y la mismísima Áñez son una sarta de ineptos cuya ineptitud está demostrada y certificada por escribano público, no hay ninguna duda de ello. Pero el juego de la política en Bolivia no es entre bolivianos como el juego de la política en Argentina no es entre argentinos, siempre hay mucha interferencia foránea en los asuntos internos de los países de nuestra región.

El litio, considerado el “oro blanco del siglo XXI”. Sin el litio —esencial en la fabricación de baterías—, serían inviables casi todos los equipos electrónicos más populares del presente como las computadoras portátiles y los teléfonos celulares, o por lo menos inviable su masificación. Bolivia está en la encrucijada de la nueva revolución industrial sin ser un país industrializado, pero teniendo en su suelo la materia prima clave para el desarrollo del proceso. He ahí el interés manifiesto de los poderes fácticos a nivel global en la conducción del gobierno en el Estado.

Entonces es necesario seguir preguntando y preguntarse por qué luego de haber hecho un golpe de Estado a sangre y fuego, después de haber instalado a un títere en la presidencia y habiendo tomado el control de la junta electoral los golpistas simplemente dejaron ganar al candidato del referente que había sido víctima de ese golpe. ¿Por qué no hicieron fraude, que era lo esperable?

Una posible respuesta sería la de que ya se hicieron del botín que habían venido buscando, esto es, que ya se apoderaron de todo el litio y todo el gas natural de Bolivia, dejándole al presidente electo Arce un cascarón vacío y sin utilidad para que simule gobernar. Pero no, porque tanto el litio como el gas siguen en sus yacimientos, siguen en territorio boliviano, de modo que el gobierno en el Estado los sigue controlando. Un año no es tiempo suficiente para un saqueo de esos recursos, el proceso es más bien de largo aliento.

El enigma de las sucesiones

Está ya bastante claro y ejemplificado históricamente que las sucesiones nunca son una cosa lineal, nunca el proceso es lo que a primera vista podría suponerse que es. En una palabra, cada vez que hay una sucesión empieza una etapa distinta mucho más que una continuidad. Los nombres propios son diferentes y también distintas son las cabezas, las ideas rectoras, la orientación ideológica, los intereses involucrados, etc. Entonces el nuevo gobierno de Luis Arce no es ni podría ser la continuación del gobierno de Evo Morales. Para que eso fuera así, tendría que haber ganado Morales las elecciones y eso no es posible, porque Morales está proscripto y además exiliado.

He ahí que para ver cuáles son las continuidades y cuáles son las rupturas entre el nuevo gobierno electo de Bolivia y el que fue destituido a fines del año pasado habrá que esperar y tener paciencia, puesto que es necesario dejarlo caminar a Arce para saber bien en qué se parece a Morales y qué se va a diferenciar. Habrá un tiempo prudencial, quizá hasta natural de algunos meses en los que Arce podrá utilizar los pretextos de la “pesada herencia” de la pandemia del coronavirus para hacer las cosas, digamos, con pie de plomo y sin que nadie pueda determinar si es fiel o no a la tradición política que lo ha elevado a la presidencia de Bolivia. Dicho de otra forma, Luis Arce estará protegido por la identidad de Morales durante algún tiempo, aunque no haga de su política una continuación de la de Morales.

El presidente electo Luis Arce, adornado según la tradición boliviana durante un acto de campaña. La sucesión de Evo Morales luego del golpe de Estado que puso fin a 14 años de gobierno es todavía un misterio, puesto que nadie sabe a ciencia cierta qué hará Arce una vez asumida la presidencia.

Luis Arce podrá hacer su propio juego —cuya naturaleza es precisamente el enigma que nos ocupa— durante los primeros meses y hasta durante el primer año de gobierno sin mayores problemas, podrá incluso hacer algo muy distinto a lo que hacía Evo Morales y serán pocas y aisladas las voces en disidencia. La orientación de la política económica del gobierno de Luis Arce no podrá definirse con exactitud de inmediato por los que observamos y entonces es imposible saber de entrada cuál es el juego de Arce, salvo en un aspecto: la proscripción y el exilio de Evo Morales.

En concreto, aquí hay dos posibilidades extremas, entre las que hay una miríada de grises: Arce puede ser Cámpora o puede ser Lenin Moreno. Si es lo primero, tendrá que levantar la proscripción a Evo Morales, repatriarlo de inmediato y convocar a nuevas elecciones, en las que Morales debe ser el candidato del MAS para que el pueblo lo reconduzca a la presidencia de Bolivia. Pero si es lo segundo, es decir, si opta por hacer la gran Lenin Moreno, por el contrario, Arce deberá avalar la proscripción a Morales, mantenerlo en su exilio e intensificar la persecución judicial en su contra, que es lo que hizo Moreno respecto a Rafael Correa al llegar a la presidencia de Ecuador.

El “Tío” Héctor Cámpora, cuya elección tuvo por única finalidad el habilitar a Juan Domingo Perón para que este llegara a ser presidente por tercera vez en 1973. Luis Arce está ante la perspectiva de ser un Cámpora para Evo Morales, o de ser todo lo opuesto.

Esta segunda hipótesis subsiste, existe el fantasma de la “leninmorenización” de Arce. ¿Y por qué? Justamente por el misterio de por qué el poder fáctico a nivel global no quiso seguir con su golpe y permitió que Arce gane las elecciones del último domingo. Una de las explicaciones posibles de eso es justamente la de que Luis Arce ya acordó de antemano con el poder su propia “leninmorenización”, es decir, hizo un pacto para ganar las elecciones y dicho pacto es la garantía de que los poderes fácticos globales van a seguir teniendo la manija en la explotación del litio y del gas bolivianos. Pero Morales no puede pactar con eso y, por lo tanto, pasa a ser un escollo como lo fue y sigue siendo Rafael Correa frente al entreguismo de Lenin Moreno en Ecuador.

La alternativa, como veíamos, es la gran Cámpora, quien ganó las elecciones de marzo de 1973 para sortear la proscripción de Perón, ganó con mucha ventaja y gobernó unos pocos meses para convocar a nuevas elecciones en las que el General Perón pudo ser candidato, ganar por una ventaja aun mayor —la más grande registrada hasta ahora en la historia de nuestro país— y acceder por tercera vez a la presidencia. Si Luis Arce opta por esta opción, si elige estar para Evo Morales como Cámpora para Perón, entonces la respuesta la tendremos de inmediato: Arce deberá asumir y mostrar las cartas, deberá levantar la proscripción y Morales deberá retornar a Bolivia ya para la asunción del nuevo gobierno, que será de breve transición.

La única forma de saber inmediatamente a qué viene Luis Arce como presidente de Bolivia es así, si hace una versión boliviana del acuerdo entre Cámpora y Perón. Incluso porque si Arce asume la presidencia y Evo Morales no vuelve a Bolivia de inmediato, lo que se cae es la condición de refugiado político del propio Morales. ¿Cómo podría estar uno exiliado por un gobierno propio? No se puede, por supuesto, Evo Morales no puede estar en el exilio mientras Luis Arce sea el presidente de Bolivia sin incurrir en una monumental contradicción.

La opción de Lenin Moreno, también en el horizonte de Luis Arce. Esta alternativa explicaría el misterio de la facilidad con la que Arce ganó las elecciones del pasado domingo, las que tuvieron lugar sin ningún intento de fraude por parte de los golpistas que tenían el poder político en el Estado.

La diferencia entre Luis Arce y Alberto Fernández es precisamente esa, allí donde el argentino llegó a ser presidente sin que pesara sobre la conductora de su espacio político ninguna proscripción ni exilio, ni mucho menos. Por el contrario: la conductora del espacio participó de la fórmula ganadora en el lugar de candidata a vicepresidente y por eso Alberto Fernández no tuvo ningún dilema que resolver al asumir como presidente de Argentina. Luis Arce tiene ese dilema: ¿Levanta la proscripción a Evo Morales, aun a sabiendas de que el retorno del líder seguramente elevará a niveles inauditos la presión por nuevas elecciones, abreviando su propio mandato? ¿O no lo hace, manteniendo la persecución judicial y la imposición del exilio sobre el líder natural del espacio político y colocándose en una situación similar a la de Lenin Moreno?

Por suerte o por desgracia, según sea el resultado, la respuesta al enigma sobre quién es Luis Arce en realidad no tardará mucho en llegar. Las dudas acerca de su ilógico triunfo electoral se van a despejar apenas Arce asuma la presidencia, no puede tardar mucho más que eso. Evo Morales es la clave, la proscripción, la persecución judicial y el exilio del “Jefazo” son la vara de medir con la que sabremos de inmediato la verdad. No es para entusiasmarse y tampoco para desesperarse: es para observar con atención. Toda la verdad sobre este economista boliviano educado en Inglaterra, aunque a la vez arquitecto de un verdadero milagro económico, está a la vuelta de la esquina.


Este es un adelanto de la 32ª. edición de nuestra Revista Hegemonía. Para suscribirte, acceder a todos los contenidos de la actual edición y todas las anteriores, y apoyar La Batalla Cultural para que sigamos publicando en estos tiempos difíciles, hacé clic en el banner abajo y mirá el video explicativo.
Nosotros existimos porque vos existís.