Tenía que ser una noche de domingo más en los medios de difusión de Argentina, una noche de rosca política como todas las demás. Pero en la noche de 30 de mayo ocurrió lo extraordinario: frente al edificio de la dirigente oligárquica Patricia Bullrich, el operador mediático Tomás Méndez armaba la puesta en escena de lo que fue interpretado como un escrache y presentado como una parodia al sketch alguna vez realizado por Jorge Lanata en Canal 13 con la consigna de “queremos preguntar”. Y allí habría de haber otro punto de inflexión en la relación entre los argentinos y los medios de comunicación tradicionales.

Acompañado por un grupo de unos de diez taxistas porteños, el notero Miguel Ponce de León hacía en vivo la puesta en escena junto a un Tomás Méndez quien, desde el piso, dirigía el show. La meta declarada era hacerle preguntas incómodas a Bullrich, provocarla para sacarla de su lugar de comodidad, lo que en sí es todo un clásico de las operaciones mediáticas en la política. Pero Patricia Bullrich hizo inteligencia y se adelantó a la movida, difundiendo en las redes sociales información de que Tomás Méndez les había ofrecido dinero a los diez taxistas para que estos concurrieran al lugar y posibilitaran la puesta en escena. Lo que sucedió a partir de allí fue lo inesperado.

Tal vez presionada por la propia Patricia Bullrich o directamente por los oscuros intereses en ella representados, la dirección de C5N actuó a la velocidad de la luz, le pidió públicamente perdón a Bullrich e informó que desvinculaba —es decir, despedía— a Tomás Méndez y a todo su equipo por extensión lógica al levantar igualmente el programa ADN Periodismo Federal de su pantalla. Todo muy rápidamente, lo que dio lugar a una cantidad de teorías sobre la capacidad de presión que tienen Bullrich y su sector sobre un medio de comunicación que teóricamente responde a otros. En una palabra, la militancia oficialista se percató en el acto de que C5N había traicionado o, mínimamente, había claudicado frente al que esa militancia considera que es el enemigo.

Tomás Méndez y Miguel Ponce de León (izq.), conductor y notero de ADN Periodismo Federal, el programa de C5N que fue levantado abruptamente por orden del poder real. En este curioso episodio quedó al descubierto la verdadera afiliación de los medios de comunicación en general, allí donde responden al mismo amo sin importar el discurso ideológico que emitan en cada momento por conveniencia.

Allí empezó un proceso masivo de “cancelación”, un fenómeno cultural de esta posmodernidad. Como se sabe, la grieta política no es ajena a los medios de comunicación ni podría serlo, puesto que la comunicación es la propia política expuesta frente a los ojos del público, es una extensión de la política en los medios. Y por eso C5N terminó metiéndose en camisa de once varas: al ceder rápidamente frente a la presión del sector al que supuestamente enfrenta, el canal dejó en evidencia que, en realidad, eso no es tan así y que los tentáculos de lo que hoy es la oposición en la Argentina son mucho más largos de lo que se suele imaginar.

Eso fue lo que quedó expuesto frente a los ojos de los militantes del oficialismo actual, quienes vieron que la extensión de dichos tentáculos llegaba hasta la dirección del canal al que hasta allí habían considerado propio. La militancia en general creyó hasta ese 30 de mayo por la noche que C5N era un canal amigo, pero ese día se llevó la sorpresa. Y aquí empieza la debacle de un canal de noticias que había sido elevado a un lugar de gran relevancia en su categoría gracias a la acción de la militancia. C5N fue hasta la noche del 30 de mayo uno de los canales de televisión más importantes del país, pero ahora se enfrenta a una crisis que por lógica debería ser terminal.

¿Y por qué? Porque alguien vio algo que no debió ser visto, la militancia oficialista —acaso responsable de la casi totalidad del rating de C5N, si no directamente de la totalidad— vio que C5N no es un canal amigo. Y eso significa en la práctica que a partir de ese descubrimiento, pase lo que pase con los intentos de aminorar el impacto, la relación entre la militancia oficialista y C5N nunca volverá a ser la misma. La militancia es un acto de fe que no admite dudas y mucho menos sospechas acerca de la promiscuidad con el enemigo. Ahora la militancia oficialista sabe que esa promiscuidad existe entre C5N y el oscuro campo mal llamado macrista, sabe que Patricia Bullrich puede despedir en menos de quince minutos a un periodista, levantar un programa de televisión y dejar en la calle a las familias que de esa actividad vivían. Todo eso con un llamado telefónico.

Expresión de la cultura popular con el descubrimiento de que todos los medios de difusión son homólogos. En la opinión del distraído, TN y C5N son más que rivales por el rating diario: son enemigos ideológicos irreconciliables. Pero nada de eso existe. Cualquier medio puede emitir cualquier discurso en cualquier momento, siempre y cuando eso sea conveniente para sus propietarios.

Pero no se trata de una total sorpresa ni mucho menos. La militancia oficialista siempre supo que, por ejemplo, durante el macrismo C5N estuvo en relaciones promiscuas con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, quienes a fuerza de pautas oficiales multimillonarias y otras prebendas que no son de conocimiento público, habían adquirido un blindaje mediático en el canal que debió denunciarlos. La militancia entonces opositora eligió hacer la vista gorda, no abundaban los medios “amigos” en esos días y mientras C5N siguiera vociferando contra Mauricio Macri se le podría perdonar la promiscuidad con los demás dirigentes del sector del propio Mauricio Macri, concretamente con sus lugartenientes en los dos distritos más importantes del país.

Un equilibro precario, por cierto, que terminó de romperse en la noche del 30 de mayo. Frente a la evidencia de que Patricia Bullrich tiene el poder de levantar un programa y de expulsar a un periodista en cuestión de minutos y con tan solo solicitárselo a los directivos del canal, la militancia oficialista perdió la paciencia y llamó a un apagón contra C5N. Es irrelevante ya si dicho apagón va a concretarse efectivamente y el canal va a volver a tener las pocas décimas de rating que supo tener antes de posicionarse en la grieta, el daño ya está hecho. Ha caído la fe en el oráculo y el propio oráculo está condenado al desguace en el mediano plazo.

¿Traidores?

Una de las mayores patrañas instaladas en la política argentina en los últimos años es la de que existen empresarios amigos y empresarios enemigos, esto es, de que una empresa privada va a priorizar la ideología sobre sus propios intereses. Eso es lo que está en la base de la creencia en los medios “amigos”, la delirante idea de que una corporación mediática de capital privado orienta la línea editorial de los medios que controla no en defensa de sus intereses particulares de corporación, sino ideológicamente. Así, Fabián de Sousa y Cristóbal López —dueños del Grupo Indalo, que controla C5N y un conglomerado de radios, diarios, productoras de contenidos y hasta empresas petroleras y de alimentos— serían “kirchneristas”. La idea está muy difundida y no son pocos los que consideran “compañeros” a los multimillonarios López y de Sousa.

Pero eso es una enorme patraña. Cristóbal López y Fabián de Sousa no son compañeros ni enemigos de nadie en la política, no orientan su acción por más ideología que la de ganar dinero, lo que en sí es legítimo en el sistema capitalista. El error está en quienes se confunden y piensan que un empresario puede moverse por otra razón que no sea la del lucro constante y creciente. C5N es una empresa del Grupo Indalo en la misma medida que TN lo es del Grupo Clarín, es una empresa privada que se agrupa en una corporación mediática y por eso, lógicamente, paga a sus empleados para que estos defiendan siempre los intereses particulares del empleador. Y los intereses de nadie más.

Eso es todo lo que hay, la esencia misma del sistema capitalista y ningún misterio en absoluto. Es cierto que los medios del Grupo Indalo simulan tener una identidad política para inducir al error al público y obtener un volumen de difusión que de otra manera no tendrían. Los medios de comunicación hacen negocio con la fe ideológica y eso tampoco es una novedad, aunque el truco sigue funcionando. C5N y los demás medios del Grupo Indalo solo son traidores desde el punto de vista del que creyó haber visto en ellos algo que ellos no tienen ni podrían tener, pero no son traidores en absoluto.

Publicidad gráfica de la programación de C5N en la que se ve el producto presentado para su venta. Los mal llamados “periodistas” hoy son meros repetidores de un libreto determinado y sirven más por su capacidad de gritarlo y por la imagen que venden en Instagram que por una supuesta condición de periodistas, que no tienen. Bien peinados y maquillados, entran por la imagen con el mensaje ideológico que el poder desea transmitir.

No lo son además porque el que avisa no traiciona. Además de la clara promiscuidad con Rodríguez Larreta y Vidal durante el macrismo, de los que no se podía hablar en los medios del Grupo Indalo, hace ya mucho tiempo que esos medios y sobre todo C5N vienen avisando que van a girar a su propia conveniencia. En los últimos meses, en el marco de la contingencia del coronavirus, medios como C5N han sincronizado su agenda con los del Grupo Clarín y demás que, en teoría, son enemigos ideológicos. Actualmente, todos se dedican a ocupar las pantallas de sus canales, el aire de sus radios y las páginas de los diarios con la narrativa excesiva de la pandemia y la ocultación de la gravísima y hasta terminal situación económica. Todos iguales, todos en un mismo relato unificado y todos blindando por otra parte a Sergio Massa, quien parecería ser el as de espadas del poder fáctico para suceder a Alberto Fernández.

Pero eso no es todo. Un rápido repaso por las figuras de C5N ya sería más que suficiente para revelar que allí donde algunos ven compañeros no hay otra cosa que mercenarios y panqueques. Empezando por Pablo Duggan, un inveterado detractor de lo nacional-popular que un buen día publicó un libro sobre Alberto Nisman y apareció misteriosamente en la pantalla de C5N diciendo lo diametralmente opuesto a lo que supo decir durante su paso por los medios considerados enemigos. Duggan ha sido hasta el 30 de mayo un referente para la militancia oficialista y cualquier crítica en su contra o mención a su pasado reciente se supo reprimir con violencia por los propios militantes.

De un despreciable gorila a un compañero incuestionable sin escalas, en un santiamén, sin que a nadie le haga ningún ruido. Pero aún más escandalosa es la situación de Gustavo Sylvestre, un ágrafo repetidor que hasta no hace mucho supo militar fervientemente en los medios del Grupo Clarín contra todo lo que la militancia oficialista considera sagrado. Pero la magia de la idea de los medios amigos fue suficiente para lavarle la cara a Sylvestre a punto de convertirlo en un intocable para los militantes, quienes no ven la obviedad ululante: tanto Duggan como Sylvestre y demás “panqueques” de la televisión, de la radio y de los diarios no son panqueques en absoluto. Siempre defendieron y van a seguir defendiendo los intereses de las corporaciones que les pagan con jugosos salarios y sobres no declarados.

Casi nadie lo recuerda ya, pero los medios del Grupo Clarín en general fueron “amigos” del kirchnerismo en los primeros años y hasta el mal llamado “paro del campo” del año 2008, cuando la alianza se rompió y el sistema entre Canal 13, TN, Radio Mitre y Diario Clarín empezó a funcionar al revés de lo que venía haciendo. El Grupo Clarín fue tan “amigo” del kirchnerismo como lo es el Grupo Indalo respecto al actual albertismo, es decir, nada en absoluto. No existen las amistades con las empresas privadas y mucho menos con las corporaciones, las que solo persiguen el lucro, que es la única finalidad de cualquier privado en el sistema capitalista.

El delirante Gustavo “Gato” Sylvestre, un ágrafo servil al poder fáctico cuya única habilidad es la de gritar y repetir frente a una cámara de televisión. Previendo la caída de su imagen y la imposibilidad de volver a ser aceptado por el público en el otro lado de la grieta —al que le solía hablar en un pasado reciente—, Sylvestre anuncia un nuevo programa en el que se hablará de culinaria. De algo tienen que vivir los que literalmente roban en la comunicación vendiendo humo a diario.

Finalmente, la prematura caída de la fe en C5N es un enorme problema para Alberto Fernández, pero un problema aun más grande para Sergio Massa. Toda la base de sustentación del actual gobierno descansa en la narrativa de los Duggan, de los Sylvestre y demás mercenarios, es C5N quien impone a diario la agenda que luego se va a replicar en las redes sociales y no al revés, como creen algunos. Por lo tanto, la caída de la fe en C5N podrá resultar en el debilitamiento de toda la narrativa oficial, conduciendo a una profunda crisis política ya anunciada. Y en el mediano plazo, la consecuencia será la dificultad en la transición que pretenden los que quieren instalar la conducción de Sergio Massa. Si el kirchnerista no cree en C5N, si no escucha a Gustavo Sylvestre, a Pablo Duggan y acólitos, difícilmente aceptará a Massa como candidato natural del espacio de cara a las elecciones previstas para el 2023.

Quizá sin saberlo, Tomás Méndez asestó un golpe brutal, demoledor, a una construcción política cuya finalidad es licuar al kirchnerismo y cerrar la grieta por arriba en la transición hacia Sergio Massa como candidato del poder real aceptado por la militancia como propio. Si el aparato mediático empieza a percibirse como realmente es, a saberlo, como un instrumento de colonización de las corporaciones, todo el truco de los medios “amigos” se cae y el resultado será la guerra. Sin C5N para encauzar a la militancia, esta puede retobarse y finalmente percibir la existencia del pacto hegemónico. Hay pronóstico de fuertes tormentas en el horizonte y todo gracias a un tiro que salió por la culata.


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