Unas 20 horas. Eso fue lo que duró la “tregua” de la oligarquía al nuevo gobierno nacional-popular que había asumido el poder político en el Estado ayer hablando de superar el desastre dejado por Mauricio Macri y de poner la Argentina de pie. Menos de 20 horas después de la asunción formal de Alberto Fernández los poderes fácticos aun en uso de los servicios de inteligencia del Estado —pese a que formalmente ya soltaron la manija— armaron ya la primera operación de sentido contra el gobierno peronista recién nacido, sin privarse de involucrar de entrada en esa operación a civiles inocentes.

Mientras el presidente Alberto Fernández amanecía con el cumplimiento de los protocolos y formalidades de asunción del cargo que quedan reservados para el segundo día, como la reunión con mandatarios y delegados extranjeros, en las inmediaciones de un lugar tan simbólico como la estación de trenes de Avellaneda unos supuestos ferroviarios cortaban las vías del ferrocarril Roca para protestar contra el despido de entre 1.500 y 2.500 trabajadores, dato que variaba en el discurso de los manifestantes según el micrófono del canal de turno. Sin cualquier representación sindical y afirmando no tener delegados ni nadie que los represente, los supuestos ferroviarios hablaban por intermedio de un vocero identificado simplemente como “Walter” y afirmaban estar cortando las vías para protestar con esos despidos, que habrían tenido lugar durante el gobierno de Mauricio Macri.

La estación de trenes de Avellaneda es un lugar muy simbólico porque en sus inmediaciones fueron ejecutados por la policía los militantes sociales Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, de 21 y 22 años de edad respectivamente, durante el gobierno interino de Eduardo Duhalde el 26 de junio de 2002. La estación de Avellaneda pasó a llamarse Kosteki y Santillán luego, durante el gobierno de Cristina Fernández, en homenaje a los militantes allí caídos. La simbología del lugar entonces es evidente y más aún en el contexto de esta primera operación contra el gobierno de los pueblos: al momento de ser ejecutados Kosteki y Santillán, además de Eduardo Duhalde en la presidencia de la Nación, estaba Felipe Solá como gobernador de la provincia de Buenos Aires. Tanto Duhalde como Solá son hoy cercanos a Alberto Fernández, el segundo como canciller recién asumido y el primero como allegado.

Entonces la primera conclusión que hará el lector atento a lo simbólico y a lo histórico es que lo de hoy sobre las vías del ferrocarril Roca en Avellaneda probablemente haya sido un mensaje directo al presidente Alberto Fernández. Nunca son al azar los lugares elegidos para llevar a cabo un hecho político o para construir un factoide, como tampoco son inocentes los momentos ni las formas. Todo viene determinado por los intereses reales en pugna. La oligarquía ya mandó a avisar por los servicios de inteligencia que todavía controlan que no va a tolerar cambios estructurales en lo que es realmente importante en política, a saberlo, la cuestión de pesos y centavos, o de cómo se distribuyen esos pesos y centavos de la riqueza nacional.

Sin entrar en muchos detalles, podemos decir que la Argentina está virtualmente quebrada y que alguien va a tener que aportar un poco más que los demás si lo que se quiere es levantar esa quiebra. En una palabra, es inminente al momento de escribir estas líneas que el nuevo equipo económico anuncie definiciones en el sentido de imponer retenciones a la actividad agrícola de los grandes productores rurales para que la oligarquía se vea obligada a pagar la fiesta del gobierno que ella misma animó, el de Mauricio Macri. Entonces es probable que el nuevo gobierno nacional-popular decida que es hora de cortar con el ajuste fiscal a los pueblos y que la economía nacional se recupere mediante la imposición de retenciones al agro. La oligarquía, lógicamente, no quiere pagar esa cuenta, no quiere las retenciones y ya le declaró la guerra al presidente Fernández antes incluso de que Fernández dé las definiciones duras de su política económica.

Por otro lado están los servicios de inteligencia. Ya al asumir el cargo de presidente de la Nación, Alberto Fernández afirmó que en su gobierno habrá mayor control de los recursos anotados como “gastos reservados” que se destinan a financiar tareas de inteligencia, lo que vulgarmente se llama espionaje. Eso significa que se termina la fiesta de los miles de millones de pesos que se revolean año tras año sin ningún control por parte del Congreso de la Nación y van a parar en manos de los que hacen el espionaje en el Estado. Y significa, por supuesto, que ese espionaje se va a acabar y muchos se van a quedar sin el llamado curro.

Entonces Alberto Fernández ya empieza su gobierno haciendo dos enemigos muy poderosos, la oligarquía y los oscuros servicios de inteligencia, enemigos que combinados le han hecho hoy un movimiento de pinzas para asestarle el primer golpe al gobierno peronista recién nacido. Y más que un golpe, un mensaje mafioso: si Alberto se atreve a imponerle retenciones al agro y a quitarles los recursos de los “gastos reservados” a los servicios de inteligencia habrá nefastas consecuencias.

Para los que estamos de este lado observando la realidad y en la defensa simbólica del nuevo gobierno peronista todo eso está más que claro. Aquí lo que hay son dos poderes fácticos —el poder económico y el de la inteligencia en espionaje— unidos en una cruzada para, de mínima, debilitar y condicionar al nuevo gobierno de los pueblos. Y de máxima para destruirlo antes de que pueda aprender a caminar.

El lugar elegido para asestar ese golpe y enviar ese mensaje de tipo mafioso fue la estación de Avellaneda. El método fue el corte de vías por parte de supuestos trabajadores anónimos que portaban banderas anarquistas y afirmaban no tener ninguna representación sindical. Y allí también, en el corte de vías por parte de “militantes de izquierda” también hay un mensaje para la flamante vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández. El 20 de octubre de 2010, en circunstancias similares a las que se produjeron hoy, caía abatido el militante trotskista Mariano Ferreyra, asesinado por una patota sindical al servicio del entonces secretario de la Unión Ferroviaria, José Ángel Pedraza. Mariano Ferreyra fue acribillado ese día y siete días después fallecía el compañero de Cristina, el presidente Néstor Kirchner.

¿Dónde está la relación? A principios del año 2015, hablando en un contexto de crítica a los servicios de inteligencia por el caso del suicidio de Alberto Nisman, Cristina dijo que “la bala que mató a Mariano Ferreyra rozó el corazón de Néstor”. Para Cristina, Néstor vendría a morir una semana después del crimen del militante trotskista por no soportar el peso de aquel muerto que le habían arrojado.

Entonces el mensaje de hoy de la oligarquía y los servicios de inteligencia es para el presidente Alberto Fernández al invocar la relación entre Kosteki, Santillán, Duhalde y Solá, pero también es para la vicepresidenta Cristina Fernández porque invoca además la relación entre Mariano Ferreyra y Néstor Kirchner. Y es un mensaje muy claro: no aceptaremos retenciones al agro ni la quita de los recursos destinados a los “gastos reservados” de la Agencia Federal de Inteligencia.

Pero hay algo más y es la pregunta que nadie parece querer formularse: ¿Cómo es que funcionan estas operaciones? ¿Cómo hacen la oligarquía y los servicios para producir disturbios donde el resultado en potencia siempre es un enfrentamiento armado y víctimas fatales? ¿Cómo es posible que nadie vea que eso está orquestado y es una manipulación de la realidad?

Eso es así porque se trata de una puesta en escena y para que dicha puesta en escena sea exitosa, esto es, creíble para la opinión pública en general, en ella deben intervenir como parte visible otros que no sean la oligarquía y mucho menos los agentes de inteligencia. Es importante que el público no vea que en esas operaciones los que cortan las vías de un ferrocarril son, en realidad, títeres adiestrados por los servicios de inteligencia. Esos títeres deben verse siempre como humildes trabajadores y como militantes políticos. Aquí es donde entran los traficantes de ideología.

Si el atento lector observa bien, hay un patrón común entre Kosteki y Santillán, Mariano Ferreyra y los incidentes de hoy en Avellaneda. Más allá de que todos esos hechos ocurren en las inmediaciones de ferrocarriles, en todos ellos está involucrada la mal llamada “izquierda”. En todos esos episodios aparecen militantes trotskistas o filotrotskistas dispuestos a enfrentarse con las fuerzas del orden y/o con los sindicatos organizados. Siempre —y he ahí el patrón— hay trotskistas siendo usados como carne de cañón en las operaciones de sentido del poder fáctico.

¿Por qué? Porque son baratos. Cada vez que la oligarquía desea llevar a cabo un hecho político para golpear profundamente a un gobierno de tipo nacional-popular, la oligarquía recurre a los dirigentes trotskistas para que ellos envíen a sus militantes al muere. Quizá algún día sabremos a ciencia cierta si los dirigentes trotskistas lo hacen colaborando con la oligarquía o engañados por ella, pero lo que está a la vista es lo obvio ululante: siempre que quieren armar quilombo para desestabilizar un gobierno peronista aparecen los traficantes de ideología para poner la carne humana necesaria al éxito de la operación.

¿Por qué eso es así y golpea tan duro? ¿Por qué la bala que mató a Mariano Ferreyra rozó el corazón de Néstor Kirchner hasta matarlo? Porque el peronismo es la representación real de las clases populares y de los trabajadores en la Argentina y la más mínima sospecha por parte de la sociedad de que los peronistas matan a un trabajador impacta en el peronismo con la potencia de una bomba atómica, es la contradicción suprema y la única que el peronismo jamás podrá resolver. Es como si algún día se supiera, por ejemplo, que el Estado de Israel perpetró los atentados a la AMIA y a su propia embajada en Buenos Aires como atentados de falsa bandera para provocar la guerra y lucrar con la producción y venta de armas. Probablemente no sea así y no estamos afirmando que lo sea, el Estado de Israel es incapaz de semejantes atrocidades, pero la metáfora aquí nos sirve. La contradicción suprema para uno siempre es matar al propio y los trabajadores son los propios del peronismo.

Mariano Ferreyra tenía las cualidades de trabajador y de militante, al igual que Kosteki y Santillán. Lo mismo que los supuestos ferroviarios, al menos en aspecto, que hoy cortaron las vías del ferrocarril Roca. Trabajadores y militantes, todo lo que para el peronismo es sagrado. Eso es lo que los traficantes de ideología ponen para que la oligarquía opere y condicione a los gobiernos de tipo nacional-popular. Es difícil, nadie se anima a decirlo abiertamente, pero es así. Es así y hoy ellos avisaron: habrá muchos más simulacros de lío en las calles con trabajadores y militantes expuestos a las fuerzas del orden. Si el peronismo deja que eso corra suelto, en el mismo caos se van a producir las fatalidades que el poder necesita para golpear; y si el peronismo intenta tomar el toro por las astas, queda pendiente del accionar policial y de su capacidad (o voluntad) de resolver las cosas de otro modo que no sea a los tiros. En ambos casos la cosa es extrema y pende sobre nosotros la espada de Damocles gracias a la colaboración de los traficantes de ideología, que se presentan en la política como la “izquierda” y no son otra cosa que el vulgar instrumento del imperialismo y la reacción, como decía Fidel en la Tricontinental hace más de medio siglo.

Nadie nos prometió un jardín de rosas, hablamos del peligro de estar vivo, decía Fito Páez en Al lado del camino. Por deformación de oficio, sabíamos que iba a ser complicado sostener el nuevo gobierno peronista en las actuales circunstancias, aunque jamás pudimos imaginar que sería tan difícil. No hay periodo de gracia, no hay posibilidad de “luna de miel”. A las pocas horas de asumido el gobierno de Alberto Fernández y aun lejos de hacerse con los resortes del Estado en su totalidad, aparece el aviso del poder. Hablamos del peligro de estar vivos y esto va a estar muy complicado.

Estemos preparados para días muy oscuros, porque ellos son capaces de todo. Literalmente.


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