Nacional, popular y democrática. Así se autodefine la fuerza dominante en el Frente de Todos, la alianza formada como relevo de los viejos Frente para la Victoria y Unidad Ciudadana para triunfar en las elecciones del 2019 y terminar con el ciclo de saqueo oligárquico que había empezado en diciembre de 2015 con la derrota del peronismo en las elecciones de aquel año. Nacional, popular y, fundamentalmente, democrática, en oposición al autoritarismo que supuestamente solo existe en el campo del enemigo. De este lado nos definimos democráticos en un sentido de demos y de cratos, de gobierno popular. Pero también hablamos de democracia en un sentido de diversidad de opinión y de tolerancia con el distinto esa diversidad. ¿Lo somos realmente, o se trata más bien de un eslogan?

Lo que llamamos campo nacional-popular estaba convulsionado al momento de lanzar esta 28ª. edición de nuestra Revista Hegemonía por la sublevación de ese sector del peronismo que se suele clasificar como “doctrinario”. Con Guillermo Moreno a la cabeza, esos peronistas habían empezado a exigirle al gobierno del Frente de Todos —y más específicamente al jefe del gobierno, el presidente Alberto Fernández— que rectificara el rumbo de su gestión abandonando el sesgo “progresista” y socialdemócrata que había tenido desde el momento de asumir el cargo en los primeros días de diciembre del 2019. Moreno demandaba específicamente una rectificación de las políticas económicas y una reformulación del consejo de expertos que asesoraban a Fernández en el tránsito de la crisis provocada por la pandemia. Moreno exigía un gabinete de cuadros peronistas para llevar a cabo un programa económico peronista y también le sugería al presidente que incorporara a su consejo de expertos algo más que médicos, haciendo de eso un consejo integral para la resolución también integral de la problemática nacional.

Moreno había querido aportar al debate presentando un plan económico alternativo, aunque no obtuvo respuestas. Entonces la bomba estalló al advenir el conflicto por la cerealera Vicentín: Fernández anunció la intervención y posterior expropiación de la empresa, encendiendo la llama de la pasión y la locura entre la militancia dicha “kirchnerista”, que vio en el hecho una reedición de aquellos días gloriosos en los que Cristina Fernández recuperaba para el Estado argentino piezas de su patrimonio como YPF, Aerolíneas Argentinas y los fondos que habían estado en la timba de las AFJP. El “kirchnerismo” salió entonces a apoyar apasionadamente el anuncio del presidente Fernández, tan solo para encontrarse con que un histórico del peronismo y un experto en temas económicos como Moreno decía que la idea no era buena. Esa idea idílica de un bloque homogéneo y compacto yendo al choque contra la “derecha” para “bancar” al gobierno se esfumó ahí. No existe tal bloque y, en realidad, al interior del Frente de Todos hay muchas más disidencias que acuerdos.

Los detalles de la discusión son irrelevantes cuando lo que se quiere observar es lo siguiente: de este lado no estamos muy dispuestos a tolerar las disidencias internas y solemos reaccionar muy mal frente a ellas. Somos capaces de los peores insultos, de lanzar los más hirientes agravios contra el de al lado si este se atreve a plantear un desacuerdo. La triste realidad es que hemos sido programados para seguir sin cuestionar los movimientos del gobierno cuando consideramos que dicho gobierno es propio. Y estamos programados para atacar furiosamente al que entre nosotros se atreva a no hacerlo.

Esa es la discusión del momento. ¿Qué tan democráticos en el sentido de tolerar la disidencia estamos dispuestos a ser? Por otra parte, cabría preguntarse si en el fondo lo que hay aquí no es una lucha por el campo, una lucha a muerte por la definición de qué cosa va a ser el peronismo en este siglo XXI. ¿No será que a lo mejor Moreno tiene razón cuando dice que un radical en el Banco Central, un socialista en el Banco Nación y un indefinido egresado de Harvard en el Ministerio de Economía no pueden dar una política económica peronista, simplemente porque no son peronistas? ¿El peronismo será lo que digan los demás, o será lo que está previsto para ser en su doctrina, la que dejó el General Perón por escrito justamente para resolver estas cuestiones?

Para muchos la fortaleza está sitiada, los gorilas están al acecho y prontos para volver a la menor señal de debilidad. Y entonces cualquier disidencia interna es traición, aunque nada de eso haría avanzar mucho la cuestión si efectivamente el gobierno propio estuviera cometiendo errores, puesto la debilidad del gobierno no vendría dada por las disidencia que apuntan a rectificar esos errores: vendría dada precisamente por las consecuencias de esos errores si nadie está dispuesto a discutirlos para rectificarlos.

Así aparece esta 28ª. edición de la Revista Hegemonía, metiendo como siempre el dedo en la llaga y cuestionando aquello que, desde el lugar de la comodidad de lo establecido, nadie parecería dispuesto a cuestionar. Meter el dedo en la llaga y sacar del lugar pretendidamente sectario del “doctrinario” al peronista que simplemente exige peronismo. Peronismo total ahora y siempre. Para eso estamos y confiamos que en ese sentido le seremos útiles al fiel y atento lector: en el sentido de ayudar a ver qué hay en el reverso de la trama.