Los ánimos estaban caldeados al momento de cerrar esta 29ª. edición de nuestra Revista Hegemonía. Mientras desde el gobierno de Alberto Fernández llegaban algunas precisiones sanitarias sobre cómo seguirá la Argentina en su lucha contra la crisis del coronavirus, una multitud de escaramuzas se registraban entre los dirigentes del Frente de Todos. “Arde la interna en el kirchnerismo”, relataban los medios de difusión del enemigo de los pueblos. Pero allí donde esos medios intentaban vender una interna con el objetivo de debilitar a Cristina Fernández de Kirchner —el verdadero objeto de su odio—, en realidad existía la exigencia por definiciones. Por decisiones, para ser más precisos. Lo que pasaba en el interior del Frente de Todos al finalizar la tercera semana de julio y al dirigirse una vez el presidente a la Nación por asuntos de cuarentena era la expresión de la necesidad de saber al fin quién ganó las elecciones de octubre de 2019.

El atento lector podrá espantarse y hasta escandalizarse con esa afirmación, puesto que el resultado de esas elecciones debería estar claro y fresco en su memoria. Ganó Alberto Fernández y ganó el Frente de Todos por una diferencia de unos 8 puntos, esa es la realidad visible. Pero la cuestión de la definición del ganador real es lo que, por lo general, no se ve. Lo que aun falta decidir es qué sector ganó las elecciones al resultar electos el candidato Fernández y la lista del Frente de Todos. En una palabra, a más de siete meses de la asunción del nuevo gobierno todavía no se sabe exactamente para quién gobierna. No es una cuestión de nombres propios, sino de intereses reales en la eterna pugna entre las clases populares y la oligarquía por saber quién va a pagar la cuenta.

Un saqueo de cuatro años, una monumental deuda externa que nadie sabe cómo podrá pagarse y, para colmo de males, una crisis sanitaria que terminó de tullir la economía nacional. Así, en la suma de todas esas calamidades, se encuentra la Argentina hoy en el laberinto. Prácticamente un cuarto de las pymes que a duras penas habían logrado sobrevivir al macrismo y que tenían puesta toda su fe sobre este nuevo gobierno teóricamente peronista terminaron cerrando durante con Alberto Fernández al no poder resistir los efectos del parate económico resultante de la cuarentena. Por lo menos ocho y hasta nueve de cada diez familias percibían algún tipo de ayuda de un Estado endeudado hasta la médula y privado de gran parte de sus ingresos fiscales gracias al mismo parate económico por razones sanitarias. La emisión monetaria al rojo vivo, para ir tapando el bache. Lo que nadie sabe hasta el momento es quién va a pagar todo eso simplemente porque el gobierno de Alberto Fernández no presenta el plan económico. Simplemente porque no se sabe aun de quién es el gobierno de Alberto Fernández.

De un modo general, aquí, en la China y hasta en el Congo Belga, que ya ni existe, un gobierno puede ser siempre propio de uno de los dos grandes sectores sociales que en todas partes son antagónicos: puede ser un gobierno popular y cargar la mayor parte del peso del Estado sobre los ricos, o puede ser un gobierno de las clases dominantes y cargar los costos sobre las espaldas dobladas de los trabajadores. Y si bien en condiciones dichas “normales” los dirigentes políticos con poder en el Estado suelen hacer ciertos equilibrios en la cuestión y no hay pureza absoluta, no es menos cierto que en una coyuntura de graves contingencias como la actual el equilibrio se vuelve una quimera. Las cosas como están y en una situación terminal como la presente, va a ser muy difícil lo salomónico: alguien tendrá que cargar con los costos de la crisis que es la suma de la herencia dejada por Mauricio Macri y la destrucción económica posterior tras cuatro meses de inactividad por cuarentena. El peso de la carga es inmenso y, no obstante, todavía no se sabe a ciencia cierta sobre qué sector social se descargará.

Por eso la portada de esta 29ª. edición de nuestra Revista Hegemonía viene exigiendo una definición, la que por otra parte debe llegar necesariamente en los próximos días. La emisión monetaria ya toca sus límites, se agotan los márgenes. La lucha entre dirigentes, que se acentuó y se hizo visible en esta tercera semana del mes de julio, es el síntoma de eso: son esos mismos dirigentes de un bando y del otro demostrando que el frente es de todos, pero el gobierno no puede serlo. Se gobierna para los de arriba o se gobierna para los de abajo y esa es la decisión que deberá tomar el presidente Fernández.

La Argentina sabrá pronto quién realmente ganó las elecciones del 2019. Mientras tanto, el atento lector puede adelantarse con el análisis de la cuestión que presentamos en esta edición. Y esperamos que le sea de mucha utilidad para comprender siempre un poco mejor la realidad, la que nunca veremos en televisión.