Si hay una película en nuestro registro nacional que representa de principio a fin qué significa ser peronista, tenemos que hablar sin duda alguna de esta obra de arte dirigida por un argentino que recrea la vida de otro argentino. Ambos compatriotas muy cercanos al General Perón y partícipes de momentos clave del desarrollo de nuestra historia nacional y del movimiento peronista todo. Gatica, el Mono (Argentina, 1993. 137 min.) no es sólo una representación formidable de lo que fue la vida de José María “El Tigre Puntano” Gatica, sino que también es la expresión popular de un punto de inflexión en la historia de nuestro país.

Obra del entrañable Leonardo Favio, Gatica, el Mono relata la historia del boxeador José María Gatica desde sus comienzos en la etapa previa al peronismo y pasando por los primeros años del gobierno Perón, hasta llegar a la etapa de la proscripción y exilio del General. Gatica, el Mono no es sólo es una muestra de la vida de un hombre del pueblo: es un documento histórico invaluable en el que la esencia de cada etapa está representada desde el punto de vista de un peronista, de un descamisado, amigo de Perón y de Eva Perón, atravesado de principio a fin por el movimiento como también lo estuvo su contexto y las historias que lo fueron formando.

La película comienza con la llegada de Gatica a la provincia de Buenos Aires en el año 1935. Como tantos argentinos, llegaba de San Luis siendo tan solo un niño de 10 años con su familia a la gran ciudad en busca de oportunidades en un tiempo en el que eso era casi una utopía, privilegio de unos pocos y sueño incumplido y frustrado de las mayorías que quedaban al margen de una sociedad argentina en la que los pobres eran invisibles. En ese contexto, los primeros años de vida de nuestro protagonista transcurren en las calles, entre changas y miserias, pero desde temprano acompañadas por la amistad, la inocencia y el deseo de ser y pertenecer.

El aprendizaje de esa etapa preperonista es fundamental para entender la importancia crucial de lo que el justicialismo —nacido de las necesidades de una Argentina sin horizonte— tuvo para nuestra conformación histórica: la negación de derechos, la desidia y el desamparo eran las monedas corrientes y formaron parte del entorno que moldeó a Gatica, llevándolo a descubrir una manera de defenderse y hacerse respetar en la disciplina del boxeo. Hacia 1945 Gatica tenía jóvenes 20 años, pero ya se había hecho de un nombre y de un tendal de contrincantes vencidos. Ya empezaba a ser importante cuando, llegado aquel 17 de octubre que de ahí en más sería de la lealtad peronista, bajo el naciente gobierno de Juan Perón, su carrera se catapultaba no sólo gracias a su indiscutible capacidad para el boxeo, sino también a las políticas que el gobierno nacional-popular aplicaría de ahí en adelante con respecto al deporte y a los valores nacionales.
Los contrastes entre la etapa previa y la llegada del gobierno peronista se marcan fuertemente no sólo en el relato de los hechos, sino también en la recreación de los espacios, de la festividad y alegría reinantes en oposición a la pesadumbre sombría de aquellos años en los que el subsuelo de la Patria no se había sublevado porque no había conocido al líder que los guiara hacia la liberación. Y en medio de este nuevo clima de felicidad y desarrollo que nace al calor de una verdadera democracia, Gatica alcanza la gloria material pero nunca deja de recorrer los espacios en los que se formó, como tampoco deja sus vicios y formas, propias de un hombre que del pueblo ha nacido y al pueblo pertenece.

Su relación personal con Juan Perón y Eva Perón está fielmente graficada en los detalles de los momentos clave del largometraje: la presencia de los líderes en las peleas del ídolo popular, además de los detalles y los aspectos íntimos que compartieron, son expuestos con tal belleza que es imposible no empatizar con esos instantes que son la esencia del movimiento y parte irrenunciable de nuestra identidad nacional: el amor, el respeto, la pasión y la fidelidad son las guías ineludibles de la historia, expresadas con emoción por un conjunto de individuos que fueron guiados todos por una misma sinfonía, por un mismo latir.

Un momento imponente del film se da cuando se produce el encuentro entre Gatica y Perón, en ocasión de una velada de boxeo en el Luna Park. “Dos potencias se saludan, mi General. Mire cómo ruge la leonera”, fue la expresión que Gatica habría de inmortalizar esa noche. En ese momento en el que dos hombres del pueblo se unen para darle felicidad y gloria a los trabajadores, con simpleza y determinación, se hace manifiesta la alma madre del relato, que continúa recorriendo las victorias y derrotas personales de un compatriota que llega al golpe de 1955 en su mejor momento deportivo y pasa a ser parte de la proscripción que el golpe reaccionario impuso a Perón para obligar al pueblo a olvidar que se podía vivir mejor.

En adelante, al igual que el General, nuestro ídolo popular pasa a la clandestinidad. Le prohíben seguir peleando por ser peronista y, como hombre que no olvidó jamás sus orígenes, todo el dinero que había ganado en sus años de campeón lo había dilapidado entre lujos efímeros y ayuda permanente a los más humildes: donaba importantes sumas a instituciones de salud, regalaba cuanto bien tenía si veía a alguien pasando necesidades y, en silencio siempre, se brindaba a asistir a quien fuera un descamisado como lo había sido él.

Su historia es triste y conmovedora. Esta recreación cinematográfica es tan dolorosa como magnífica por su fidelidad a los hechos, aunque se suaviza en la mirada amorosa de un director que quiso inmortalizar los acontecimientos de la vida de un hombre merecedor de ser recordado en su tiempo y en su contexto. Porque en esa permanente búsqueda de la gloria y la superación personal están las claves, hasta el último segundo, del amor del pueblo para con su líder y del agradecimiento eterno e inclaudicable de quienes se convirtieron en ciudadanos cuando apareció Perón.

Gatica, el Mono es una de las películas que todo argentino que desee abrazar al ser nacional desde el pie debe ver, sentir y compartir para seguir haciendo crecer las semillas que el movimiento más universal de nuestra Patria nos ha regalado. Porque ser argentino es más que haber nacido en la Argentina, ser argentino es vibrar y emocionarse con aquello que nos hermana en cuerpo y nos dignifica en espíritu. Y desde La Batalla Cultural y la Revista Hegemonía recomendamos esta película con cinco estrellas sobre cinco, para que el lector se sumerja en este viaje emocionante por nuestra historia y nuestra cultura nacional. Porque en esta tierra, lo mejor que tenemos es el pueblo.

*De la redacción