En La Batalla Cultural hemos vivido un mes de sensaciones encontradas. Por una parte, hemos transitado la alegría de llegar ilesos al primer año de vida de nuestra Revista Hegemonía. Al igual que con los niños, a las publicaciones les suele pasar que superan su etapa más crítica al cumplir primer su primer año de existencia, con lo que se multiplican enormemente sus chances de sobrevivir y prosperar. Por eso, alcanzar las 13 ediciones con frecuencia mensual perfecta ha sido para nosotros un motivo de celebración, augurando de aquí en más un futuro brillante y estable para esta publicación nuestra, que ya es nuestra tanqueta de difusión ideológica y de profundidad de análisis.

No obstante, por otra parte, el mes de febrero nos trajo también una buena cantidad de angustia por la escalada de la situación en Venezuela y las amenazas de imperialismo estadounidense a la Revolución Bolivariana que viene liberando esa región de nuestra Patria Grande de las garras de los buitres, las águilas y los halcones imperialistas. La agudización de las contradicciones entre el proyecto colonial y el proyecto nacional-popular se ha puesto al rojo vivo en Venezuela y eso, como era de esperarse, aceleró la reacción del cipayaje local y de sus patrones en Occidente. Venezuela estuvo y sigue estando, al momento de cerrar esta edición, al borde de la guerra.

El comandante Hugo Chávez no aró en el mar y hoy Venezuela está en el centro de la geopolítica mundial por diversas razones, pero fundamentalmente porque en Venezuela está representada la contradicción de nuestro siglo. De una parte, el proyecto imperialista de los Estados Unidos, de sus corporaciones, sus marionetas en Europa occidental y demás personeros cipayos por el mundo, que quieren sostener una hegemonía y un orden mundial unipolar quebrados a como dé lugar; de otra, Rusia, China, India, Irán, Corea del Norte, Sudáfrica y otros países que quieren ser libres, luchando por formalizar la destrucción de la hegemonía yanqui y el surgimiento de un nuevo orden mundial de tipo multipolar. Y hoy en Venezuela esas dos posturas están perfectamente representadas en las figuras de Nicolás Maduro y de Juan Guaidó. El primero simboliza el proyecto de lo nuevo y el segundo, la reacción y el intento desesperado por sostener lo viejo.

En el medio quedó el pueblo-nación de Venezuela, que hoy se debate entre futuro y pasado, entre seguir sometidos, explotados y saqueados por un imperialismo hambriento de recursos naturales y de sangre humana, o avanzar hacia un mundo en el que el poder se distribuye por todas las regiones y los países soberanos entran en relaciones mutuas de intercambio y cooperación para mejor provecho de la humanidad como un todo. En esa disyuntiva está el pueblo-nación venezolano y de lo que de allí se decida deberá resultar el ordenamiento del mundo entero para todo lo que queda de este siglo XXI, por lo menos..

Lo saben en Caracas, pero también en Washington, en Moscú, en Beijing y en todas partes. Es innegable que la política internacional se está dirimiendo hoy en Venezuela y aquí tenemos que nuestra Patria Grande latinoamericana está de nuevo en el centro del mundo, cumpliendo la predicción de que desde América Latina vendrá la revolución determinante de este nuevo siglo.

Es por eso que esta edición de aniversario de nuestra Revista Hegemonía presenta en su portada y en su artículo central a Raúl Scalabrini Ortiz. Un patriota, pero no cualquier patriota: en la obra de Scalabrini Ortiz, consideramos, está la clave para que los argentinos podamos comprender la realidad actual y hacer correctamente la transición entre el mundo viejo que se muere y el nuevo que está naciendo. A partir del análisis del legado de Raúl Scalabrini Ortiz es posible llegar a las conclusiones que están faltando de cara al cambio de época que estamos viviendo, todavía un poco a ciegas.

Para los que estamos en esta región austral de la Patria Grande la disyuntiva es sencilla: comprendemos y nos liberamos, o no comprendemos y se restaurará aquí un estatus colonial en el que no habrá lugar para la dignidad de los pueblos. Seremos Perón o seremos Mitre, seremos Chávez o seremos vulgares cipayos. Pero si elegimos lo segundo, como decía Zapata, no podremos ya gritar si nos pisan. En la segunda opción está nuestra propia destrucción como pueblo-nación y la indignidad para nosotros y las generaciones que vengan a sucedernos.

Elegiremos lo primero, que es patria libre, justa y soberana, es dignidad y felicidad universales. Seremos Scalabrini Ortiz en la construcción de la comprensión para que lo seamos al fin y ese es nuestro objetivo en esta Revista Hegemonía que cumple un año de existencia: generalizar la comprensión sobre lo que es y acerca de cómo debería ser para que sea, para que seamos, para que entre “patria o muerte” elijamos siempre vencer.

Hacia allá caminamos, hacia un mundo mejor que es posible. Gloria al bravo pueblo: nosotros mismos, el subsuelo de la patria sublevado, como decía el entrañable amigo patriota.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural