Empieza el mes de abril de un año que se hace largo. Mientras los argentinos en general apretamos el cinturón para llegar a fin de mes con cierta dignidad mínima frente a una inflación que amenaza en convertirse en hiper —traccionada por una devaluación imparable del peso argentino y el saqueo autorizado por el gobierno en las tarifas de los servicios—, la política empieza a acomodarse para dar las respuestas que nuestro pueblo-nación espera. Lo que hace tan solo un mes se nos aparecía como un panorama oscuro empieza resolverse como por arte de magia.

Pero no, no fue magia. En política, como diría el General Perón, los melones se acomodan con el camión en marcha. Y el camión se puso en marcha durante el mes de marzo, con ciertas definiciones en el campo de la oposición, sí, pero también por el terremoto en el flanco judicial que significó la irrupción del juez Alejo Ramos Padilla en el escenario y, fundamentalmente, por la debacle del gobierno saqueador, que se aceleró de modo dramático durante el último mes. En Argentina el camión se puso en marcha al finalizar el verano y los melones, si no están ya acomodados, están a punto de estarlo. La definición de cómo se va a organizar la oposición de cara a las elecciones será solo la formalización de lo que ya es un hecho.

La debacle del gobierno saqueador ocurre frente a los números de una economía que, de tan malos, son inocultables hasta para los medios de difusión que blindan a Macri desde siempre. Al momento de cerrar esta edición, además de la confirmación de Racing como nuevo campeón del fútbol argentino (lo que, por supuesto, siempre es un augurio de gorilas viajando en helicóptero) recibíamos el escalofriante dato: los lácteos en el país de la leche registraron un alza del 47% en sus precios al consumidor en los primeros 90 días del año. En tan solo tres meses, la leche de los chicos subió casi un 50% y ese hecho rompe cualquier blindaje mediático, porque nadie puede hacerse el distraído a la hora de alimentar a su familia.

Durante todo el mes hemos observado esa puesta en marcha del camión y el acomodamiento de los melones. Lo veíamos día tras día con cada definición de los dirigentes, con cada revelación de la megacausa de espionaje y extorsión que lleva adelante el juez Ramos Padilla, con cada mala noticia en términos de números de la economía que golpeaban al gobierno saqueador. Al hacer esa observación diaria advertimos la necesidad de no sumar a lo que todos pueden ver a simple vista, de no llover sobre mojado. Lo necesario, consideramos, es empezar a trabajar con el atento lector los temas que serán importantes de aquí a menos de un año, cuando asuma el poder en el Estado un gobierno de tipo nacional-popular. Y uno de esos asuntos es la impunidad que les hemos regalado a los socios civiles de la dictadura cívico-militar que nos gobernó de facto entre 1976 y 1983.

El atento lector verá en el artículo central de esta edición y en los demás artículos también —porque hemos logrado coordinar en esta edición, como nunca antes, las distintas secciones en torno a un solo eje común— que esa impunidad está en la base de la existencia del actual gobierno saqueador. Lo que esperamos demostrar con nuestro análisis político e histórico en esta 14ª. edición de Hegemonía es que no fuimos capaces de darles juicio y castigo a los civiles que participaron de la dictadura y que, por lo tanto, esos civiles acumularon poder y riqueza en el tiempo y retomaron el poder político en el Estado a partir del año 2015. Que no los hemos castigado y por eso volvieron.

Queremos demostrar en las páginas de esta edición de nuestra Revista Hegemonía es que son rigurosamente los mismos grupos, los mismos intereses y hasta los mismos individuos los que gobiernan hoy y gobernaron hace cuatro décadas. ¿Por qué es importante demostrarlo y generalizar la conciencia sobre el hecho? Porque volvieron a terminar el “trabajo” y el “trabajo” está resultando en una destrucción monumental, de la que nuestro país no saldrá sino con enormes sacrificios. Entonces consideramos que a partir de las conmemoraciones del último 24 de marzo es importante hablar de la responsabilidad —nunca de la “complicidad”, no fueron cómplices, sino partícipes y socios— de los civiles en la dictadura. ¿Para qué? Para que no vuelvan nunca más.

El actual gobierno saqueador hace agua y viene asomando el sol en el horizonte de los pueblos. Y mientras no llega el amanecer, vale la pena ir preparándose para hacer lo que debemos hacer una vez que tengamos otro gobierno nacional-popular para cortar con el maldito ciclo y garantizar que la fuerza brutal de la antipatria se vaya y no vuelva nunca más. Nunca más.

Eso pensamos, eso decimos y eso hacemos, junto al atento lector, que nos acompaña en este viaje hacia la conciencia de Patria que como argentinos necesitamos tanto. Eso pensamos, eso decimos y eso hacemos: el Nunca más tiene que ser para todos, para los que mataban con gorra y para los mataban con guante blanco.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural