Hemos vivido para celebrar el centenario del nacimiento de un auténtico prócer de la patria. Junto a Perón, su marido, compañero y amigo, Evita irrumpe en la política argentina para cambiar radicalmente la matriz ideológica de un país y para transformarlo en nación. Esto es lo que sostenemos: la importancia de Evita en la historia argentina es la de una bisagra. Una vez aparecida en el escenario en sociedad con Perón, Evita marcó un punto de inflexión para pueblo que hasta entonces no había sido pueblo-nación y había estado en la condición de rehén de una oligarquía cuyo proyecto fue, es y siempre será el proyecto de una factoría.

Parece complicado, pero es lo más sencillo que hay. Existe una Argentina antes y una Argentina después de Perón y Evita, sin que nada de eso sea retórico. La irrupción del par en la política de nuestro país transformó una estructura de explotación de las riquezas naturales en beneficio de unas pocas familias en otra muy distinta. A partir del peronismo entraron a participar del reparto las mayorías populares, que antes habían estado marginadas y directamente ignoradas por los dueños de todo. No existía un país, no había un pueblo. Lo que había antes de Perón y Evita era una gran estancia sobre la que vagaban millones de individuos dispersos y sin conciencia de su lugar como grupo en la historia. La obra del peronismo es inmensa, pero puede resumirse en que logró agrupar y organizar lo que antes era estaba difuminado y era amorfo.

Entonces lo que celebramos en el centenario de nacimiento del nacimiento de María Eva Duarte, que es de Perón por convicción amorosa y pertenencia ideológica, es el nacimiento de uno de los próceres que vendrían a fundar un país de hecho y de derecho. Es por eso que insistimos (y el atento lector lo verá en todo el contenido de esta 15ª. edición de nuestra Revista Hegemonía) en mantener la asociación necesaria en Perón y Evita, insistimos en que no se puede hablar del uno sin hablar de la otra y viceversa. Allí donde aparece el nombre de Eva en la historia, aparece necesariamente el de Juan Domingo, pese a ciertas operaciones de sentido orientadas a “desperonizar” a la mujer cuyo centenario hoy conmemoramos. Esas operaciones parten siempre de los que pretenden derrotar al peronismo como instrumento político de los pueblos, esto es, de los que no quieren una comunidad organizada que impida la libre explotación de las riquezas del territorio argentino por parte de un puñado de familias oligárquicas al servicio del capitalismo apátrida. En una palabra, la maniobra es una jugada de los gorilas y desde este lugar la vamos a denunciar una y otra vez.

Pero la maniobra es a veces sutil y no viene presentado como una diatriba gorila y frontal contra el peronismo. A veces, como veremos, el enemigo de los pueblos opta por penetrar en el movimiento político y desde allí lanzar sus operaciones de sentido para vaciarlo. Una de esas operaciones es el llamado “evitismo”, que consiste en disociar las imágenes de Evita y Perón y presentar la primera como una negación del segundo. El “evitismo” es presentar a Evita como un fenómeno aislado y como el factor de contención contra el peronismo fascista de un “milico”. En otras palabras, una apropiación de la representación como método para negar lo representado.

Esto es lo que el atento lector verá en las páginas de esta 15ª. edición de la Revista Hegemonía, que vuelve a aparecer con frecuencia perfecta desde su lanzamiento en marzo de 2018 y contra viento y marea. Veremos mucha doctrina y buena cantidad de fundamentación teórica de lo nacional-popular en su continuidad histórica. Porque si tenemos en claro que “San Martín, Rosas, Perón, Evita, Néstor y Cristina” no es una simple consigna, sino precisamente una línea histórica que une las coyunturas en las que el proyecto nacional-popular se expresión triunfando en la política, no vamos a estar sujetos a las operaciones de sentido de los gorilas que pretenden romper la conciencia de esa línea histórica para cortarla de cuajo.

En una escena memorable de la segunda parte del El Padrino, la esposa sajona de Fredo Corleone se admira por el brindis familiar. Al brindar, los Corleone reunidos en la mesa exclaman “Cent’anni”, expresión italiana que Deanna no comprende. Entonces Fredo le explica a su mujer que se trata de una expresión de deseo, un brindis, justamente, “para que vivamos todos juntos y felices por cien años”. Y así, a lo siciliano, elegimos brindar hoy por el centenario de Evita, porque gracias a ella los argentinos tenemos la perspectiva de vivir todos unidos y en felicidad plena por un siglo, siempre y cuando triunfe en el pueblo la doctrina de Perón, que es la de Evita y es la de la patria comprendida como pueblo-nación organizado en la defensa de sus intereses. Por ese triunfo luchamos y creemos que llegaremos a tiempo.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural