Decía Litto Nebbia —o decía Litto Nebbia que otros decían— que viajando se fortalece el corazón. Sea como fuere, la aseveración es una licencia poética que los mortales no nos solemos dar y aquí lo cierto es que viajando se llega a conocer la realidad de otros, se llega a compartir con otros las alegrías como las miserias de cada realidad hasta armar de todo eso el enorme rompecabezas que supone la construcción de una patria. Viajando, decimos nosotros entonces, toma uno conciencia de que el país de uno es profundo, es diverso y no suele tolerar las generalizaciones.

Así es como esta edición de nuestra Revista Hegemonía viene con el relato de un viaje de 12 días por la provincia de Santa Fe, aunque se trata de un relato más bien raro. No hacemos como los viajeros, que en sus bitácoras van tomando nota de las impresiones que se llevan de cada lugar, las particularidades de la gente lugareña y la geografía de los paisajes y demás accidentes naturales. El relato que traemos de Santa Fe es el de un triunfo de los pueblos contra todo pronóstico: es el relato de cómo el peronismo logró sortear su propio laberinto para ganar las elecciones en esa provincia y dotar al pueblo santafesino de un gobierno de orientación nacional-popular luego de 12 años de reinado de las corporaciones. Este es el relato del viaje por la galaxia de la política territorial.

Fuimos a Santa Fe en el mes de junio con el propósito de ayudar en la campaña de Omar Perotti y volver a casa con el trofeo de campeones, propósito que logramos con creces, desde luego. Pero fuimos además a aprender, con la humildad del que ignora prácticamente todo y quiere saber siempre un poco más para ser cada vez menos ignorante. Entonces el viaje también es la aventura del conocimiento que todo militante debe hacer de tiempos en tiempos, regularmente. Aprender es bueno y es más que necesario. Y aprender del otro, de sus deseos, de sus miedos y esperanzas, de su cosmovisión particular. Aprender para ser mejores en la comprensión de esa profundidad que es inherente a un país inmenso, el octavo más extenso del planeta.

El santafesino Litto Nebbia lo supo, lo sabe, de manera poética y lo expresa magistralmente en Sólo se trata de vivir. Viajando se fortalece el alma mediante el apuntalamiento que brinda el otro en su generosidad. Santa Fe es para nosotros como nuestra segunda casa, el lugar donde quizá mejor nos hayan recibido en todas las excursiones que hemos hecho en los últimos cuatro años con la prédica de la doctrina de lo nacional-popular en los más distintos rincones. En Santa Fe compartimos el pan y también la lucha política en las barriadas con los compatriotas que apenas tienen algo más que esperanza en un futuro mejor para las generaciones venideras de argentinos, tal vez un poco de hastío frente a la actual coyuntura y un nivel de conciencia que toma por sorpresa al incauto. Fue acaso en los barrios más humildes de la capital provincial donde encontramos la convicción generalizada de que el peronismo es la única representación posible de los pueblos en la política: no tienen nada y aun así conservan una imagen de Evita en la cocina, un retrato del General Perón junto a otros de familiares que ya no están entre nosotros y la simbología religiosa del caso. Eso hemos visto en muchos hogares que visitamos, esa expresión de fe en lo que se percibe colectivamente como la posibilidad de estar mejor en este plano mediante el empoderamiento que brinda el ser parte de un sueño colectivo. Eso vimos.

Fuimos a Santa Fe con santa fe en la victoria de los pueblos de allí que pavimentara el camino para el triunfo a nivel nacional, el que ya hemos empezado a construir y que va a llegar en próximo mes de octubre, ya en primera vuelta, cuando la unidad del peronismo confirme su vocación de poder ganando las elecciones, desalojando al rico y al poderoso e iniciando el nuevo ciclo de gobierno nacional-popular que salve al fin la patria.

La patria, esa manera alternativa de decir nosotros mismos, los de aquí y los de allá, los que tenemos la dicha de pisar el asfalto y los que aún viven a orillas de la inundación permanente, con cloacas que corren a cielo abierto. Viajar es eso, es compartir también lo que el otro no tiene, lo que al otro todavía le falta, para saber bien y con precisión cuáles son las asignaturas pendientes de nuestro tiempo, requisito fundamental para modificar la realidad y hacer la justicia social allí donde la justicia social no existe.

Todo eso está implícito en la crónica que presentamos del viaje a la provincia de Santa Fe en esta edición de Hegemonía. Toda la esperanza de un pueblo que supo votar en defensa propia y a partir de ahora exigirá los resultados de lo depositado en la urna. La política, al fin y al cabo, es la lucha por el poder político para la transformación de la realidad y de eso hablamos. Hoy de lo primero, mañana de lo segundo, hasta que tengamos la patria y el mundo que queremos.

No pararemos hasta lograrlo y acá está el relato de lo que hacemos y seguiremos haciendo mientras no dé la nafta, como dice el buen sentido popular.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural