En las últimas horas hemos escuchado la expresión preocupada por parte de algunos de los nuestros respecto al intento de Macri por retomar la iniciativa política mediante la aplicación de políticas que ellos mismos, los cambiemitas, habrían calificado de “populistas” sin dudarlo hasta hace menos de 48 horas. Hay gente que dice estar preocupada y dice temer que los manotazos de ahogado de Macri tengan efecto electoral y Macri logre remontar lo irremontable, que es la ventaja de más de 15 puntos que el peronismo le sacó en las PASO.

Nos vienen a expresar eso, la preocupación de que quizá la eliminación del IVA para los alimentos de la canasta básica, el congelamiento de los precios de los combustibles y alguna que otra limosna más puedan ser suficientes para que millones cambien el voto de aquí a octubre. Pero eso no es posible.

Lo primero que tenemos que decir sobre eso es que la tendencia es más bien la opuesta. Si Macri llega efectivamente como candidato a octubre, lo más probable es que su caudal de votos sea inferior al que obtuvo en estas PASO, por el solo efecto “voto al ganador” del que considera que votar a un candidato que pierde las elecciones es perder el voto. Hay mucho de eso instalado en nuestra cultura.

Pero no termina ahí. Pensar que una ventaja de 15 puntos puede revertirse cambiando individualmente la opinión de una cierta cantidad de electores es ignorar lo obvio ululante: Alberto Fernández tiene hoy sólidos acuerdos políticos territoriales que definen a su favor el voto de las mayorías en colegios electorales muy numerosos, mucho más allá de lo que haga o deje de hacer Macri. En otras palabras, la unidad del peronismo significa en la práctica que se han aunado las voluntades de referentes territoriales “pesados” y eso no cambia en dos o tres meses. Esta es la razón por la que sostenemos la tesis de la invencibilidad del peronismo cuando logra unirse para afrontar la lucha electoral. El peronismo es la representación de las mayorías populares en Argentina y si no está dividido y quiere ganar, entonces no pierde ninguna elección general a nivel nacional.

Y después de la paliza del último domingo, esos acuerdos solo tienden a fortalecerse y a multiplicarse. Piense el atento lector hipotéticamente de la siguiente manera: si Ud. fuera gobernador de una provincia, por ejemplo, como Córdoba, y viera que el candidato que ha apoyado en las PASO se hunde y va a perder las elecciones, ¿qué haría? ¿Arriesgaría una humillación electoral en su propio territorio para cosechar, además, la enemistad de quien será el próximo presidente? De ninguna forma, Ud. no haría eso. Lo más probable es que Ud. trataría de acercarse rápidamente al favorito en las elecciones y se pondría a su disposición para “cuidar” los votos en su territorio, esto es, Ud. pondría su colegio electoral a votar al candidato ganador.

Es un error bastante frecuente analizar el comportamiento del elector argentino como si dicho elector fuera ajeno al medio en el que está efectivamente inserto. Ganar o perder las elecciones en nuestro país no depende tanto de las propuestas del candidato o del marketing, sino de los acuerdos territoriales allí donde los votos son muchos. Con la unidad del peronismo consolidada y reforzada por el glorioso resultado de las PASO, es probable que los casi 60% obtenidos por Alberto Fernández en el Gran Buenos Aires se incrementen aún más. Ese es el llamado “portaaviones del peronismo” con sus millones de electores, fundamentalmente en la 3ª. Sección Electoral (La Matanza, Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Florencio Varela, Lanús y Quilmes, entre otros).

Por lo demás y por lógica, las medidas “populistas” de Macri solo tienden a fracasar rotundamente. La eliminación del IVA en alimentos básicos y el congelamiento de los combustibles por tres meses son ideas que no pueden llevarse hoy a la práctica ni aunque las intente realizar un Guillermo Moreno. En primer lugar, en el caso de la supresión de IVA a los alimentos más básicos —que supone la reducción del 21% en el precio final al consumidor de esos productos— no puede llegar jamás a las góndolas. Como no existen hoy planillas de costos y por lo tanto nada tiene un precio fijo en la Argentina, ¿cómo puede el gobierno de Macri determinar que un precio final bajó el 21%? ¿El 21% de qué número? Lo más probable es que los vivos de siempre absorban el IVA y el dinero que antes iba a las arcas del Estado vaya a parar en el bolsillo de alguien o algunos ubicados en la cadena de distribución. Es la vieja técnica comercial del “descuento” en el comercio minorista: el producto se anuncia con un descuento irresistible del 30%, pero su precio ha sido inflado previamente, de modo que no existe tal “descuento” en la práctica, con la diferencia de que aquí además se está desfinanciando el Estado.

Desde el gobierno dicen que no se trata de un control de precios, aunque afirman la voluntad de Macri de controlar el cumplimiento del acuerdo en todos los supermercados del país. ¿Cómo lo pensará hacer el presidente, esto es, con qué personal pretende llevar a cabo dicho control? Desde diciembre del 2015 Macri viene echando empleados públicos y reemplazándolos por auténticos “chetos” de finos modales que no suelen moverse más allá de los límites de ciertas zonas paquetas de Capital Federal y no han pisado jamás ni siquiera el sur de la Ciudad, menos que menos el Conurbano bonaerense. ¿A estos pretende enviar Macri a controlar que el supermercado chino de Burzaco no esté absorbiendo el 21% que antes se destinaba al IVA?

Y aunque sea efectivamente así y los chetos decidan jugarse la ropa por la causa yendo a zonas que para ellos son inhóspitas a inspeccionar góndolas, ¿qué harían en caso de encontrarse con que algún comerciante está haciendo trampa? ¿Cómo aplicarle una multa en pleno proceso electoral, sabiendo que eso probablemente motivará al sector entero a volcarse por el otro candidato por la sola razón de no tener que pagar esas multas el año que viene?

En ciertos pueblos de la provincia de Buenos Aires donde el control del tránsito vehicular está bajo la responsabilidad de los municipios, es una práctica habitual “aflojar” con la aplicación de multas en años electorales. A ningún intendente le hace gracia suscitar el enojo del elector y eso es una obviedad. ¿Aplicará Macri multas millonarias a las cadenas de supermercados para que estas, ahora titubeantes, vuelquen su apoyo al candidato rival?

Finalmente, en el caso del congelamiento de los precios de los combustibles la cosa es aún más delirante. Después de anunciarlo con bombos y platillos, dar marcha atrás con el decreto y convocar a una reunión con las petroleras, que fracasó al fin por falta de acuerdo, el gobierno decide ir para adelante “de prepo” con el congelamiento. Y amenaza con aplicar —oh, pecado populista marxista— la Ley de Abastecimiento a los que se saquen los pies del plato y aumenten igual los precios. Y acá está Macri trabajando para el futuro gobierno peronista al colocar las corporaciones petroleras en una disyuntiva inédita: si se dejan “acostar” por el gobierno y aceptan el congelamiento de precios pierden mucho dinero, es cierto, pero eso es lo de menos. Lo que esas corporaciones pierden de verdad si aceptan la imposición de Macri es el respeto. En el futuro sabremos que ellas, las corporaciones, se sometieron a la autoridad del Estado y no desafiaron la Ley de Abastecimiento. Y cuando la tengamos que aplicar nosotros, los peronistas, ya no podrán llorar. Si se dejaron con Macri, se van a tener que dejar con cualquier gobierno que les haga lo mismo.

Entonces lo más probable es que no se dejen. Son tres meses, en los que todos los demás precios van a subir y la moneda del país se va a devaluar. Serán miles de millones de pérdidas para las petroleras, que no están acostumbradas a perder ni un centavo y por esa misma razón son los monstruos que son.

Es necesario tener tranquilidad en este momento. Los 15 puntos de ventaja que obtuvimos en las PASO del último domingo no se esfuman en el aire y no pueden perderse a menos que los queramos perder. El imposible, sin contar con la complicidad del rival, revertir un marcador de 4 a 0 en contra cuando faltan seis minutos para el pitazo final. Si no cometemos errores graves de acá a octubre tendremos un nuevo gobierno peronista que materialice aquellas palabras de Jauretche: “Hasta que un dia el paisano acabe con este infierno y, haciendo suyo el gobierno, con solo esta ley se rija: o es pa’ todos la cobija, o es pa’ todos el invierno”.

El peronismo en Argentina es la única representación de las mayorías populares en la política y gana las elecciones cuando quiere, si quiere. Hoy el peronismo quiere y está unido al efecto. Sigamos queriendo quererlo y no hay manotazo de ahogado que salve al gorila de la dura derrota que se merece. Todos los días falta un día menos.

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