La noche del 11 de agosto tenía reservada una sorpresa para el pueblo argentino. Quizá no tanto respecto a quiénes ganarían y quiénes serían derrotados en las elecciones primarias que se realizaban ese día, sino respecto al cómo: los 16 puntos de ventaja obtenidos por la fórmula encabezada por Alberto Fernández sobre la lista oficialista de Mauricio Macri no habían sido previstos en ninguna encuesta de opinión y parecen haber sorprendido —según sus propias palabras— incluso a Cristina Fernández, gran estratega de lo nacional-popular en los tiempos que corren. Si bien es cierto que de antemano se preveía un triunfo de la fórmula opositora y se esperaba que ese triunfo fuera por entre dos y nueve puntos, en el pronóstico de los más optimistas, lo que nadie pudo prever es que la victoria del peronismo en las PASO iba a ser arrolladora, lapidaria y hasta definitiva.

El triunfo del Frente de Todos fue finalmente por un amplio margen de más de cuatro millones de votos tras el escrutinio definitivo y las consecuencias de dicho batacazo han sido devastadoras para el gobierno de Mauricio Macri y sus secuaces en distintos niveles del Estado. Hasta el momento de cerrar esta edición, casi un mes después de las PASO del 11 de agosto, a Macri le seguía costando recuperar la estabilidad para seguir gobernando con cierta normalidad hasta octubre y luego hasta el 10 de diciembre, y se daba ya como cierta una derrota aún más abultada en las elecciones generales para el propio Macri y para María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Lo que cayó sobre el bunker de Cambiemos/Juntos por el Cambio a las 10 de la noche del 11 de agosto pasado fue una verdadera bomba atómica que hizo derrumbarse todo el andamiaje del oficialismo mucho antes de lo previsto. Incluso en Capital Federal, un territorio que es el bastión amarillo por definición, se habla de una probable derrota de Horacio Rodríguez Larreta a manos de un Matías Lammens que ningún cambiemita habría visto venir. La situación del proyecto político de los ricos tras las PASO se ha vuelto precaria de una forma y con una velocidad inimaginables para nadie que no poseyera una bola de cristal.

Las PASO son primarias abiertas, simultáneas y obligatorias y no son, como se ve, elecciones para definir quienes van a ser electos a los cargos en el Estado y a las bancas en el parlamento, sino para determinar los candidatos a esos cargos y bancas. A primera vista, las PASO no tendrían mucha importancia, máxime cuando ninguna de las fuerzas en lucha por el poder en el Estado a nivel nacional y distrital en los principales distritos había presentado internas. Las PASO tendrían que haber sido una gran encuesta de opinión a unos 90 días de las elecciones generales. El problema es que el resultado de esa encuesta no entraba en los presupuestos de las fuerzas políticas en pugna y mucho menos estaba en los cálculos de un gobierno que está desorientado y no sabé qué trole hay que tomar para seguir. El resultado de las PASO como encuesta de cara a octubre fue demoledor para el gobierno porque las PASO no son ninguna encuesta. Son elecciones de verdad, aunque de ellas no resulten electos funcionarios y legisladores, sino candidatos.

Lo que veremos en esta edición de nuestra Revista Hegemonía es por qué las PASO tuvieron semejante efecto devastador, tan devastador que su existencia sigue siendo negada por quienes la perdieron: al momento de cerrar esta edición, el que para nosotros es el expresidente en funciones Mauricio Macri había vuelto a decir que las elecciones no habían tenido lugar, exabrupto que se le había escapado en el día después y por el que ya había tenido que disculparse públicamente. Macri sigue diciendo que aquí no pasó nada, aunque claramente pasó de todo y por eso mismo se trata de instalar que no es así.

Las PASO del 11 de agosto fueron la caída estrepitosa de un gobierno sobreideologizado, ensimismado y encerrado en un microclima. Fueron el golpe brutal de la realidad sobre quienes vivían en un focus group y pusieron su futuro en manos de un gurú de coaching. Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias fueron eso, determinaron el resultado de las elecciones generales de octubre y aclararon un panorama que, en la oscuridad, pintaba radicalmente opuesto. El asunto es ver cómo y por qué eso ocurre, cómo unas elecciones primarias pueden hacer variar tanto los datos de la realidad. Esta es la materia que tiene en vilo a todos los analistas del presente y es lo que todos queremos entender. Y es por eso que la Revista Hegemonía se ve obligada a cambiar de planes, de portada y de tema central, para aportar al análisis y a la comprensión de la cuestión. Siempre atentos a realidad efectiva, aquí estamos con el tema del momento y su análisis desde el punto de vista del pragmatismo político. El resultado lo tendrá el atento lector en las siguientes páginas de esta 19ª. edición, que esperamos guste y además ayude a hacer avanzar la cuestión hasta que la podamos comprender.

Podemos comprender, estamos seguros.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural