El escritor y periodista Nelson Rodrigues fue una de las mejores plumas que ha dado Brasil en todos los tiempos. De su extensa, generosa y picante obra consta un título que, de no haber sido por la altísima calidad de los demás títulos, habría sido por lejos el más destacado: Lo obvio ululante, crónicas compiladas y publicadas en el año 1968. Nuestro atento lector sabrá que hemos apropiado la expresión contenida en ese título y que la utilizamos frecuentemente para describir aquellas situaciones y aquellos hechos cuya verdad es indisimulable, aunque la intenten disimular y logren hacerlo en muchas conciencias.

Lo obvio ululante es el plan sistemático y es el golpe. Claro que no aparecen explícitamente, no lo dicen en los grandes medios de difusión, pero están. Están y son lo obvio ululante, son lo que no se le va a escapar al observador más o menos atento ni aunque lo traten de disimular los que viven del negocio de ser disimulados. En Bolivia lo que hay es un golpe de Estado y es en el marco de un plan sistemático cuya finalidad es la apropiación de los recursos naturales de América Latina, una especie de Plan Condor posmoderno que está muy a la vista. Eso es lo obvio ululante, lo que motivó que esta 21ª. edición de nuestra Revista Hegemonía apareciera hoy con una cantidad de páginas y de contenido el 50% superior a lo habitual. Para decir lo obvio, que es lo obvio ululante, hemos tenido que escribir el 50% más.

De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, “ulular” es un verbo intransitivo que significa “dar gritos o alaridos”. Lo ululante es exactamente eso, es la verdad a gritos, expresándose mediante alaridos frente a la indiferencia de los que eligen hacerse los sordos. Otra brillante pluma como la de Bertolt Brecht ya se había referido a esto. Brecht hacía una crítica a los tiempos, diciendo que era necesario defender hasta la obvio. Pero Brecht se equivocaba, porque no había que defender hasta lo obvio, sino precisamente solo lo obvio. Lo único que es preciso decir para ser un revolucionario en cualquier tiempo es lo obvio. Y mientras más ululante sea esa obviedad, más revolucionaria será.

Es por eso que Hegemonía aparece hoy tan recargada, porque es preciso poner en categorías esa obviedad ululante, hay que ordenar de alguna forma esos gritos y esos alaridos. Hay muy poca gente hoy interesada en hacerlo, ya sea por ignorancia, por distracción o por dolo. Sea como fuere, existe una tendencia al engaño cuando los latinoamericanos hablamos de lo que nos pasa aquí en la región más rica del planeta. No existe la voluntad de tomar el toro por las astas y decir con todas las letras lo que es obvio hace por lo menos cinco siglos: nos están robando y quieren seguir haciéndolo indefinidamente. Aunque nuestros comunicadores socialmente irresponsables pierdan el tiempo en sendos análisis sobre la terrible contradicción entre cambas y coyas, sobre la guerra santa entre la Pachamama y el crucifijo y sobre la moral irreconciliable de los bolivianos según el color de piel que tengan, la verdad a gritos es que nada de eso tiene que ver con lo que realmente pasa en Bolivia y en América Latina en general. No, no nos peleamos ni nos fraccionamos en “grietas” delirantes porque seamos demasiado distintos y nuestra convivencia sea inviable. La desunión de los pueblos de América Latina es el divide et impera de los ricos del mundo, muy interesados en seguir extrayendo de aquí monumentales riquezas mientras nosotros discutimos el sexo de los ángeles y nos matamos por eso.

Lo obvio ululante —que el atento lector está a punto de ver ordenado en categorías en las próximas páginas— es eso, es la conclusión lógica de que esta es una guerra y de que toda la guerra, como toda la política, es una mera cuestión de pesos y centavos. Aquí no hay ninguna contradicción religiosa, racial o sexual que amerite la lucha entre pares. Lo único que hay es el interés de otros en que esa lucha tenga lugar y en que nos desangremos entre nosotros, pues así jamás nos ponemos a defender lo nuestro.

Es así cómo llega esta edición de nuestra Revista Hegemonía, la 21ª. y sumando contra todo pronóstico. Llega hablando en profundidad de los temas que molestan, dando las conclusiones que a algunos no les convienen. Así llega y esperamos que así, recargada en cantidad y en calidad de contenido, sea del agrado del atento lector, pero fundamentalmente que le sirva para ordenar un conocimiento que ya tiene. Como siempre, venimos a decir lo que todo el mundo ya sabe, lo que por alguna extraña razón parece tratarse de un enigma. Venimos a ayudar en el ordenamiento de la información en medio al ruido de una posmodernidad que quiere anular el razonamiento para impedir la lógica y sus conclusiones.

Ha llegado la hora del logos y vamos a tener que pensar. Si no usamos la cabeza, América Latina, alguien por nosotros la va a usar. Eso pasa hace cinco siglos y eso ya no tiene que pasar.

Erico Valadares
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural